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La Bauhaus y el diseño sudamericano
“Puerta de entrada al siglo XX”

Foto: Juan Camilo Roa

Famosa por las rupturas estéticas e ideológicas que propuso, la Bauhaus formuló conceptos que llegaron a América del Sur e influyeron directa e indirectamente en el desarrollo del diseño en el continente.

Para la argentina Carolina Muzi, curadora y profesora de Historia del Diseño en Buenos Aires, si el siglo XX tuviera una puerta de entrada, ésta habría sido proyectada por la Bauhaus. La escuela, nacida en Alemania en el período de entreguerras, influyó en diversas generaciones de diseñadores y dejó sus huellas no sólo en los modos de producir sino también en la forma de pensar la cultura visual.

Peter Mussfeldt, diseñador alemán radicado en Ecuador desde los años sesenta, opina que las ideas de la Bauhaus tuvieron un papel importantísimo en América del Sur. “No existe época posterior a la Bauhaus que no exhiba su influencia en el diseño, en la arquitectura, en toda expresión visual. La Bauhaus está presente en el continente sudamericano y, por supuesto, también en Ecuador”, explica Mussfeldt.

El papel del argentino Tomás Maldonado

Recordando las palabras del teórico alemán Gui Bonsiepe, que llegó a Chile en la década del sesenta después de pasar por la Escuela de Ulm, una de las principales sucesoras de la Bauhaus en la Alemania de la posguerra, Muzi afirma que la influencia de la Bauhaus en América Latina se dio por medio de tres canales: los ex profesores de la escuela que llegaron a países como México, Chile y Colombia; los propios latinoamericanos que, sobre todo en los Estados Unidos, estudiaron con profesores de la Bauhaus que habían emigrado; y las publicaciones: “En este sentido, Carlos Méndez Mosquera, que desde 1954 dirigió Ediciones Infinito, la primera editorial especializada en arquitectura, diseño y artes visuales en español del continente, dice que la puerta de entrada de la Bauhaus al continente fue abierta por Tomás Maldonado [ex profesor de la Escuela de Ulm] y marcada por la publicación, en 1948, de la traducción de una carta enviada por Lázló Moholy-Nagy al arquitecto checo Frantisek Kalivoda sobre el nuevo diseño y la tipografía”.

La curadora e investigadora Muzi considera que el legado de la Bauhaus encontró resonancias tempranamente en Argentina: “El primer desembarque público local de productos que respondían al imaginario de la Bauhaus fue una muestra en el Museo de Arte Moderno realizada en Buenos Aires en 1961”. En el caso del mobiliario, las piezas tubulares de acero, proyectadas por Marcel Breuer y comercializadas en Argentina y en Chile por Knoll Internacional a través de la empresa Interieur Forma, habrían sido la influencia más directa de productos proyectados por integrantes de la escuela en el país sudamericano.

Relación con las vanguardias de la época

En Brasil no fue diferente. Los primeros ecos de la Bauhaus llegaron temprano, principalmente a través de exposiciones. Sin embargo, Mário Furtado Fontanive, profesor del Departamento de Diseño y Expresión Gráfica de la Universidad Federal de Rio Grande do Sul, señala que es difícil distinguir qué es influencia de una escuela y qué se debe a la permeabilidad cultural. “En 1951 se inauguraron el Museo de Arte de San Pablo y el Instituto de Arte Contemporáneo, creado por Pietro Maria Bardi y por Lina Bo Bardi. El propósito de esta institución de enseñanza era llegar “a una racionalidad en el diseño industrial y, además, desarrollar conceptos formales estableciendo una relación con el arte de vanguardia de la época”, afirma Fontanive.

En esa época, el propio MASP y el Instituto de Arte hicieron exposiciones de artistas internacionales, entre ellos de Max Bill, ex alumno de la Bauhaus y uno de los creadores de la Escuela de Ulm. “Más tarde, en 1963, se creó la Escuela Superior de Diseño Industrial (Esdi) de la Universidad del Estado de Río de Janerio (UERJ). Muchos de los fundamentos de esta escuela estaban basados en la pedagogía de la Escuela de Ulm, con contribuciones de Max Bill y Tomás Maldonado. Algunos brasileros también se formaron en Ulm, entre ellos Alexandre Wollner, y posteriormente establecieron bases para la construcción de una enseñanza cercana a la de la escuela”, agrega Fontanive.

Influencia indirecta en el continente

La argentina Carolina Muzi recalca el hecho de que algunas de las corrientes de la Bauhaus no llegaron a América del Sur, por ejemplo, “la romántica y la orientalista”. Rafael Cardoso, historiador del arte e investigador asociado de la Universidad Libre de Berlín y de la UERJ, coincide: “La Bauhaus fue una experiencia extremadamente rica y compleja. Sus catorce años de existencia fueron modelados por diferentes directores, distintos proyectos pedagógicos, cambios de sede y una multiplicidad de agentes y propuestas. “Todo intento de aislar dos o tres 'ideas de la Bauhaus' es reduccionista”, afirma.

Para Cardoso, la influencia de la Bauhaus en América del Sur se dio de manera indirecta. Más allá de algunas prácticas pedagógicas desarrolladas por la Bauhaus y que se importaron intactas a la Esdi de Río de Janeiro, “puede observarse la adhesión a un 'estilo Bauhaus', entendido de modo general, principalmente en el diseño gráfico: retícula al estilo de Tschichold, manchas tipográficas aireadas, letras sin serif, colores primarios, etc. El espíritu libertario y experimental que, indudablemente, existía en la Bauhaus fue substituido por una postura más prescriptiva y tecnocrática”, argumenta Cardoso.

“Fuegos apagados”

En este contexto, Muzi recuerda a Rosario Benardete, profesora de diseño de la Universidad Nacional de La Plata, Argentina: “Apenas heredamos unos fuegos apagados por la versión monocórdica del racionalismo crítico ulmiano”. Ese racionalismo puede ser encontrado en el trabajo del diseñador brasilero Alexandre Wollner, que junto con Karl Heinz Bergmiller y Edgar Decurtins, también ex alumnos de Ulm, ejerció un papel en el momento de la creación de de la Esdi.

En el libro Textos recentes e escritos históricos Wollner cuenta que, antes de estudiar en Ulm, trabajaba de forma más intuitiva. Después de formarse en la escuela alemana, comenzó a desarrollar metodologías que hicieron los proyectos más consistentes y posibilitaron la profundización de conceptos y las prácticas sistematizadas. Esa forma de proyectar también “se difundió de modo gradual en Brasil, por la influencia no sólo de Wollner, sino también de la enseñanza que se practicó primero en la Esdi y posteriormente en otras escuelas”, observa Fontanive.

“Bauhaus rioplatense”

Pero la influencia de la Bauhaus y de la Escuela de Ulm no sólo llegó a la escuelas de diseño de Brasil. Las visitas de Josef Albers en los años sesenta a la PUC-Chile terminaron incidiendo en la escena local: “El diseñador Alex Blanch, que dirigió la Facultad de Diseño Industrial (PUC-Chile), resalta que los programas de las escuelas de diseño, arte y arquitectura se basaban mucho en las premisas de la Bauhaus, especialmente en la racionalidad del modo de enseñanza. El impacto fue tal que en pocos años se abrieron nuevos caminos”, dice Muzi. En la Argentina, “al volver la democracia, cuando la arquitecta Carmen Cordova, secretaria académica de la Universidad de Buenos Aires, luchó por que hubiera cursos de diseño, se imaginaba una 'Bauhaus rioplatense'”, cuenta la curadora argentina.

“Taller de artesano”

Al hablar sobre su trabajo en Ecuador, Peter Mussfeldt deja clara la influencia de la Bauhaus. “No sólo admiro a la escuela sino que sus ideas me acompañaron a lo largo de toda mi vida creativa, sea en mi obra de diseñador gráfico o en mi obra gráfica libre. Como diseñador y también como artista gráfico me involucré en diferentes áreas pero siempre en un contexto de taller de artesano. Es decir, creando según la filosofía de la Bauhaus.” Mussfeldt también cita el trabajo de las diseñadoras ecuatorianas Belén Mena y Vanessa Zuñiga: “investigadoras disciplinadas, creativas y al mismo tiempo artesanas en el sentido de la Bauhaus. Sus obras tienen ese contexto universal y de permanencia en el espacio-tiempo.”

Para Carolina Muzi, si todavía queda algo de la influencia de la Bauhaus, sería la marca que dejó su modelo pedagógico, a partir del cual se estructuran muchos cursos en las universidades públicas en Argentina y América del Sur. Si hablamos de proyectos, lo que queda de la Bauhaus estaría relacionado con su pasado fundacional. “En el caso de nuestras economías tan golpeadas y con retrocesos políticos tan fuertes, se vuelve a una actividad de pequeños emprendimientos, sustentada en talleres y en cierta mística, que dialoga con lenguajes visuales que ya tienen casi cien años”, concluye la curadora.

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