La Border Curios ©Laura Fiorio

La Plaza Viva Tijuana como lugar no-muerto

Alfredo González Reynoso
 

La Plaza Viva Tijuana como lugar no-muerto

Hay un episodio de la tercera temporada de la serie Fear The Walking Dead en el que un personaje salvadoreño, Daniel, cruza de Estados Unidos a Tijuana. El apocalipsis zombi se ha extendido por el mundo y Daniel —herido de la pierna, mas no infectado— busca el modo de sobrevivir en una ciudad donde el agua potable es controlada por un alcalde mafioso. En el camino lo ayuda Efraín, un extraño que lo lleva a una fuente donde de forma clandestina brota el agua todos los días a las cinco de la tarde. Después de hidratarse, Efraín sube a Daniel en su bicicleta de carga y atraviesan la Plaza Viva Tijuana, matando zombis con un bat y escapando de los sicarios del alcalde.
No es la única vez que en Fear The Walking Dead aparece Tijuana, pero sí la primera en mostrar la Plaza Viva Tijuana, un centro comercial ubicado a unos metros de la garita a Estados Unidos y actualmente semiabandonado. Y si ya de por sí la ciudad (con sus condiciones precarias y necropolíticas) tiene mucho de post-apocalíptica, actualmente la plaza es un perfecto escenario zombi.
  Construida en los años noventa, la Plaza Viva Tijuana fue pensada para capitalizar el turismo norteamericano. La entrada peatonal de San Diego a Tijuana quedaba justo enfrente y el turista gringo visitaba sus farmacias, tiendas de artesanías o suvenires (curios, como se dice en Tijuana), restaurantes y clubes nocturnos. Sin embargo, vino una serie de eventos desafortunados. Por un lado, el turismo decayó después de los ataques terroristas de 2001 y de la violencia por el narcotráfico de 2009. Por otro lado, el cruce peatonal cambió provisionalmente en 2012, desviando la entrada a 500 metros de distancia. Como consecuencia, la Plaza Viva Tijuana, con su singular arquitectura entre mall californiano y plaza mexicana, devino en simulacro de pueblo fantasma.
Con dificultades han sobrevivido apenas algunas farmacias sobre las banquetas y en su interior circulan personas (muchas de ellas recién deportadas de Estados Unidos) casi exclusivamente para llegar al puente peatonal en la plaza que conecta con la Zona Centro. En este sentido, la plaza se experimenta cada vez más como lo que el antropólogo Marc Augé llamaría un no-lugar: un mero lugar de paso sin sentido de identidad. Incluso Fear The Walking Dead lo ilustra irónicamente cuando sus personajes recorren de prisa el espacio entre zombis.
Sin embargo, esta serie también nos sugiere que pensemos metafóricamente en la Plaza Viva Tijuana como lo que podríamos llamar un lugar no-muerto. De esta manera, si la figura del no-muerto nos remite a una inquietante inercia post-mortem donde la vida está a la vez presente y ausente, llamaremos no-muertos a los lugares donde merodea una sociabilidad zombi, empujada por impulsos precarios, remanentes inciertos de una vida social perdida.
Es a partir de este concepto que puede entenderse La Border Curios, un proyecto artístico colectivo y multidisciplinario, coordinado por Laura Fiorio, que estudió la frágil sociabilidad que a pesar de todo se resiste en desaparecer de la Plaza Viva Tijuana, interactuando con deportados, activistas, empleados y transeúntes —sin contar un encuentro accidental con criminales escondidos (hablando de zombis: se dice que en la plaza se trafican órganos). Además, tras investigar sobre la extinta (y casi desconocida) práctica tijuanense de fotografiar turistas junto a un obelisco de papel que simula los monumentos fronterizos o mojoneras, el proyecto realizó una piñata/mojonera que fue paseada por la zona, fotografiada con extraños y finalmente golpeada con entusiasmo en el performance Dale dale a la border, durante la exhibición de clausura en la Plaza Viva Tijuana.
De esta manera, con su trabajo de campo, registro fotográfico, recuperación histórica y actos performáticos, el proyecto de La Border Curios nos hace ver de nueva manera los espacios y tiempos fronterizos que creíamos conocidos. Freud alguna vez escribió sobre aquellas experiencias en las que algo familiar pasa de pronto a ser inquietante, no enteramente extraño pero definitivamente ya no familiar, unheimlich (el zombi, por cierto, es un perfecto ejemplo). Tal vez podamos hablar de La Border Curios como una exploración sobre estos tiempos históricos y espacios urbanos que se han vuelto unheimlich en el imaginario social, una exploración que el proyecto posibilita al trastocar las fronteras entre el adentro y el afuera, entre el nosotros y el ellos, entre lo conocido y lo desconocido.
Por otra parte, al vincular a la Plaza Viva Tijuana con la historia de la frontera/mojonera movediza, La Border Curios sugiere que pensemos en los futuros posibles de este lugar. El centro comercial se construyó pensando en la garita y ha cambiado cuando ella se mueve. Ahora, con la reciente inauguración de la garita peatonal de El Chaparral (de San Diego a Tijuana y viceversa), además de la promesa del millonario proyecto Umbral de las Américas para reconstruir el puente peatonal entre la Plaza Viva Tijuana y la Zona Centro, seguramente se redefinirá radicalmente el uso y dinámica de la plaza y alrededores.
  Así, la frontera movediza sigue transformando los espacios urbanos de Tijuana, generando enorme especulación capitalista y gentrificación en los terrenos aledaños. A final de cuentas, hay que recordar que es la pandemia de la propiedad privada (y, con ella, la especulación no-muerta del Capital) la que produce estos lugares zombi. En una escena del mismo episodio de Fear The Walking Dead, dice con cinismo el alcalde que monopolizó la presa: “Será el apocalipsis, pero no es el comunismo”. Mientras la clase dominante prefiera el apocalipsis a un Dale dale a la propiedad privada, proliferarán lugares no-muertos y sus formas de socialización zombi.