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El Stonewall de Montreal
COMO LA RAZZIA EN EL SEX GARAGE MOVILIZÓ A UNA GENERACIÓN ENTERA

Die Polizei marschiert auf den Garage Club
© Linda Dawn Hammond

En Montreal, tras años de una discriminación institucional, un amplio movimiento queer se puso en actividad como reacción al ataque policial al Sex Garage, el 15 de julio de 1990. Esto es lo que pudimos aprender de las consecuencias del ataque policial a una fiesta after hours.

Siempre tuve claro que los clubes de baile y las fiestas pueden ser mucho más que lugares para festejar. Desde siempre, les han ofrecido a los grupos marginados una ocasión ideal para encontrarse con otros –y también, a sí mismos– en la pista de baile. Incluso, muchos queers ubican las raíces de nuestros movimientos gays y lésbicos en espacios sociales. Se conoce muy bien los disturbios que sucedieron frente al Stonewall Inn, en Nueva York, en junio de 1969. En ese entonces, gays, lesbianas y transexuales ofrecieron por primera vez resistencia, porque estaban hartos de las constantes razias policiales en puntos de encuentro gays. Y su resistencia persiste hasta el día de hoy. En Toronto, las razias policiales en cuatro saunas gays llevadas a cabo el 5 de febrero de 1981 desencadenaron protestas masivas, y activaron de esta manera a toda la escena gay.
 
Y también en Montreal, después de la razia en el Sex Garage del 15 de julio de 1990, se puso en acción un amplio movimiento queer, al que precedieron años de discriminación institucional. Los policías no sólo le pusieron fin a la fiesta –que inició después de la hora de cierre–, sino que bloquearon las salidas desde afuera, armados con macanas. Vejaron a cientos de asistentes a la fiesta, quienes estaban tratando de salir del edificio, y luego los golpearon en la calle sin escrúpulo alguno. El operativo policiaco en el evento celebrado en el Sex Garage tuvo como consecuencia enfrentamientos entre la policía de Montreal y la comunidad LGBTIQ*. Además, politizó a una generación entera de artistas, activistas y organizadores y organizadoras de fiestas, que cerraron filas para luchar por el necesario cambio. Además, las fiestas en el Sex Garage se relacionan de manera directa con la diversa escena after hours sexual y musical de la ciudad, que explotó en la década de 1990, lo mismo que con el movimiento queer de la década del 2000.

Fiesta en el Garage Fiesta en el Garage | © Linda Dawn Hammond Al correr de los años, durante mis estancias, mi trabajo y mis presentaciones como DJ en Montreal, he ido recabando mucha información sobre el incidente y las consecuencias que tuvo sobre el movimiento queer en la ciudad. Incluso ahora, tantos años después, la historia sigue siendo muy notable, aunque se le conozca poco fuera de las fronteras de la provincia. Al respecto hablan renombrados protagonistas de la escena, que organizaron o han participado en fiestas en el Sex Garage, o que se vieron influidos posteriormente por estos sucesos. Hablan acerca de las repercusiones de lo acontecido y de la importancia que siguen teniendo las lecciones aprendidas, también y especialmente en el clima político actual. 
 

La Historia previa

La razia en el Sex Garage no fue, por mucho, la primera vez que la policía de Montreal se presentó como un invitado indeseable en una fiesta gay nocturna. “Aquí, la relación entre la policía y los homosexuales siempre ha sido extremadamente difícil”, dice el autor teatral y publicista Puelo Deir, quien también coorganizó el primer festival del orgullo gay en la ciudad, el Divers/Cité. “Si es que existía algún tipo de contacto, éste consistía sólo en que los policías entraban a un bar, fuera para cerrarlo por el resto de la noche o para revisar el lugar. Casi siempre se alegaba que el bar no era otra cosa que un burdel.”
 
“A fines de la década de 1970, la policía hizo una razia en el bar gay Truxx, en Westend. Los hombres fueron llevados a prisión, sus nombres fueron publicados en el periódico y fueron inculpados de cometer delitos sexuales. Estoy seguro de que todo esto debe verse ante el telón de fondo de los intentos del alcalde Jean Drapeau por limpiar el centro de la ciudad. Drapeau no tenía absolutamente ninguna tolerancia frente a los homosexuales.”
 
Puelo Deir, quien pasó su juventud tanto en Montreal como en Toronto y en Ottawa, convirtió a Montreal en su patria durante los años ochenta, porque se sentía atraído tanto por su cultura francesa y latinoamericana como por la vida nocturna de la ciudad, conocida por ser menos conservadora. El público heterogéneo que asistía a las fiestas realizadas en los lofts lo atraía más que los grupos que celebraban por separado en el Gay Village.
 
“El Village se había desplazado del poniente al oriente de la ciudad, donde se encuentra todavía hoy”, explica Deir. “Los bares estaban más o menos separados; había varios en los que sólo se admitía a hombres, una gran parte de ellos ni siquiera dejaba entrar a drag queens. Por el contrario, en las fiestas que se celebraban en lofts y almacenes –las fiestas after hours ilegales, que empezaban después de la hora de cierre oficial– se podían reunir hombres, mujeres, transexuales y travestis francófonos y anglófonos, fuera de las estructuras preestablecidas del Gay Village.”

Fiesta gay en el Garage Fiesta gay en el Garage | Foto (fragmento) © Linda Dawn Hammond Muchos reportan que las fiestas en lofts más desenfrenadas fueron organizados por el artista y realizador fílmico  Nicolas Jenkins alias Sterile Cowboys & Co. Jenkins, quien nació en Perú pero creció en Canadá, dejó Toronto, después de haber estudiado en el Ontario College of Art & Design, para mudarse a Nueva York. Ahí trabajó en el influyente club nocturno Area, primero como ayudante de mesero, luego como proyeccionista de cine, y descubrió su amor por la música underground house, que se tocaba en clubes como el Paradise Garage.
 
En 1987 Jenkins se mudó a Montreal. Pronto, empezó a organizar fiestas aproximadamente cada dos meses. Repartía volantes en bares gays selectos, en clubes heterosexuales, en puntos de encuentro y en otros lugares. No pasó mucho antes de que las fiestas atrajeran a cientos de asistentes.
 
“Las ganas de probar algo nuevo cada vez se debían a la influencia del Area”, explica Jenkins. “Siempre había un tema que definía el diseño del volante y las presentaciones, y tocábamos música house. La escena musical en Montreal era muy mala en ese momento. En los clubs gays se tocaba música absolutamente comercial; house se tocaba sólo en algunos clubes negros, pero que no eran particularmente amigables con los gays. Además, la escena gay estaba extremadamente fragmentada, y era homófoba en el sentido de que había un gran rechazo contra las drag queens y los homosexuales más bien femeninos. Las mujeres sólo podían entrar a los clubes de hombres –si acaso– una vez al mes.”
 
“Yo venía de Nueva York, donde los mejores clubes eran absolutamente heterogéneos, había gente de todas las edades y de todas las clases sociales: ricos, pobres, gente de la escena hiphopera y de la escena new wave”, dice. “Y, para mí, ésa era justamente la receta perfecta para un evento grandioso. Eso es lo que quise establecer con mis fiestas.”

 

SEX GARAGE: La fiesta y la protesta

El Sex Garage simboliza una fiesta única, celebrada en el barrio de Old Montreal, en un almacén en el que también ensayaban bandas de música locales. La ubicación, alejada del Centro de la ciudad, ofrecía las condiciones ideales para el ambiente que Jenkins se había imaginado para esa calurosa noche de julio en el año de 1990.
La razia continuó en la calle La razia continuó en la calle | © Linda Dawn Hammond “Había yo contratado a un stripper contorsionista, y cuando el ambiente se caldeó, vinieron además go-go dancers. En todas las fiestas proyectábamos videos, muchos de ellos con contenido sexual, sobre todo pornos vintage. Pasamos pornos nudistas, pornos heterosexuales y muchas películas gays”, recuerda. “Estábamos en plena crisis del SIDA y yo trataba de volver a vincular el sexo con la fiesta, transmitiendo una actitud positiva en relación con el sexo y la polisexualidad, en el sentido de celebrar la sexualidad en todas sus formas. Empleaba de manera intencional mucho material homosexual y lésbico. Quería poner de manifiesto que se trataba de fiestas queer, de un espacio seguro para los queers, aunque en principio todos y todas eran bienvenidos.”
 
Para esta fiesta, Jenkins contrató a DJs como Peter Lightburn y Tony Desypris (ambos, pioneros en el underground house y garage de Montreal), que atrajeron a aproximadamente 400 personas a la fiesta. La mayoría se encontraba en el edificio cuando la policía hizo su aparición, aproximadamente a las 4 de la madrugada, para hacer una razia. El organizador estaba acostumbrado a las visitas policiales (“aproximadamente la mitad de mis fiestas las cerraba la policía”), pero su intervención esa noche tomó un curso terriblemente diferente.
 
“Me empecé a poner nervioso cuando muchos asistentes entraron más tarde que de costumbre, y todos al mismo tiempo”, dice Jenkins. Cuando la policía ingresó al local, me trataron como siempre, como en las otras fiestas. Dijeron algo así como ‘La fiesta se acabó, prendan las luces, que salgan todos’, y eso fue todo. Pensé que era igual que las otras veces. Pero lo que estaban haciendo afuera con la gente no era igual. Lo observé todo desde la ventana.”
 

Los policías se reagruparon “en posición de combate” y bloqueron el paso a los asistentes a la fiesta que estaban tratando de salir del edificio. Algunos policías, armados con macanas, se aproximaron a la multitud gritando insultos homofóbicos. La multitud se mantuvo firme y respondió con consignas políticas. Algunos policías se quitaron las placas y arremetieron a golpes contra la gente.

La fotoperiodista y autora Linda Dawn Hammond capturó con su cámara tanto la fiesta como el operativo policiaco. Hammond se había mudado en 1982 de Columbia Británica a Montreal, y se había sumado a la escena punk y artística de la ciudad. Se sentía atraída por “el ambiente en Montreal, abierto para personas de todos los géneros, de todas las orientaciones sexuales, de todas las razas e idiomas”. Hammond tomó fotografías de muchas de las fiestas de Jenkins. Por eso estaba también en el Sex Garage, con la intención de fotografiar a los asistentes bailando vogue. No obstante, sus imágenes habrían de documentar mucho más de lo que había pensado originalmente.
 
“Me di cuenta de la presencia de la policía [en el Sex Garage] cuando alguien me dijo que algunos oficiales habían estado adentro y que habían ordenado a los organizadores que terminaran la fiesta”, explica. “Todavía no prendían las luces y la música sonaba a todo volumen, por eso muchos de nosotros creímos que eran sólo rumores. Después oímos que la policía estaba frente a la entrada, y testigos de otra habitación observaron cómo la policía había atacado a uno de los asistentes, Bruce Buck, cuando éste había intentado regresar al edificio a recoger su saco. Los policías lo habían alejado del campo visual entre el edificio y algunos autos estacionados y lo golpearon con brutalidad.”
  
Hammond capturó en detalle los sucesos, tanto en palabras como en imágenes. Los policías se reagruparon “en posición de combate” y bloqueron el paso a los asistentes a la fiesta que estaban tratando de salir del edificio. Algunos policías, armados con macanas, se aproximaron a la multitud gritando insultos homofóbicos. La multitud se mantuvo firme y respondió con consignas políticas. Algunos policías se quitaron las placas y arremetieron a golpes contra la gente. Hammond siguió tomando fotos, pero el flash de su cámara delató su ubicación. A pesar de que los policías la tiraron al suelo a golpes, logró darle su cámara y los rollos fotográficos a un amigo que escapó en bicicleta. Las imágenes sirvieron después como prueba, tanto de la brutalidad policiaca como de una comunidad que ya no aceptaba que esa brutalidad se considerara normal.

“Esa noche la policía llegó a excesos nunca antes vistos frente a una generación nueva”, dice Puelo Deir, quien esa noche también estuvo en la fiesta del Sex Garage, aunque se fue antes de que empezara la razia. “Era una nueva generación, con experiencia en los medios y que no tenía miedo de que se publicaran sus nombres. Además, debido al VIH y al SIDA, eran más militantes. En ese momento nos encontrábamos en el punto culminante de la movilización. Además, la multitud que asistió a la fiesta era muy heterogénea: había homosexuales, heterosexuales y travestis, bisexuales y amigos de la escena, tanto francófonos como anglófonos. Era una mezcla de trasnochados, activistas políticos, académicos... y uno que otro pendeciero siempre listo para un buen pleito.”
 
La gente se movilizó muy rápido. Al día siguiente hubo una manifestación numerosa frente a la estación de policía número 25 en el Centro de la ciudad, que se llamó tanto “Love-in” como “Kiss-in”. Esta vez acudieron medios importantes, como La Presse, Montreal Gazette y CTV Montreal, para documentar los hechos.
 
“Había más de 70 policías en el lugar, vestidos con equipo protector, algunos de ellos usaban guantes de látex, para protegerse del SIDA”, reporta Hammond, quien volvió a fotografiarlo todo. “Nos rodearon con una formación en cuadrado.” “Yo fui testigo de cómo los policías golpearon a las y los manifestantes en pleno día, frente a reporteras y reporteros”, añade Jenkins, quien también estuvo ahí. “Lo hicieron abiertamente, lo cual, para mí, puso de manifiesto la dimensión de su homofobia. Pensaban realmente que estaba bien hacer algo así de manera pública. Sin embargo, les salió el tiro por la culata. Lo sucedido tuvo gran resonancia en la prensa, y ésta fue todo menos positiva.”
 
“Creo que el brutal ataque policial del 16 de julio y los subsecuentes arrestos reforzaron el apoyo público, y que fueron el detonador inicial para la resistencia”, confirma Hammond, y añade que a las protestas posteriores acudieron también amigas, amigos y parientes para apoyar a la escena homosexual. “El Sex Garage reunió a todas estas agrupaciones –que en realidad nunca habían tenido un sentido de pertenencia– de una manera nunca antes vista”, dice Deir. “Antes de eso ni siquiera frecuentaban los mismos locales, y de pronto se vieron confrontados con el hecho de que tenían que colaborar por un objetivo común.”
 

Aquí estamos, somos queer, acostúmbrense

El Sex Garage unió todavía más a una generación que ya estaba luchando contra la homofobia y los problemas relacionados con el HIV y el SIDA. El Sex Garage unió todavía más a una generación que ya estaba luchando contra la homofobia y los problemas relacionados con el HIV y el SIDA. | © Linda Dawn Hammond “El timing fue casi perfecto”, dice Jenkins. “En las ciudades más grandes había muchos activistas, tanto hombres como mujeres. Existían también ya ACT UP y Queer Nation, y algunos de nosotros ya estábamos fundando agrupaciones similares en Montreal. Gente como David Shannon (en ese entonces, columnista para el Montreal Mirror), Paula Sypnowich, Blane Mosley y Douglas Buckley ya tenían un compromiso político activo. Creo que el Sex Garage simplemente logró que más gente participara.”
 
La realizadora fílmica Maureen Bradley, quien en ese entonces vivía en Montreal, documentó la creciente actividad de la escena en un breve reportaje sobre el Sex Garage titulado Estamos aquí. Somos queer. Somos fantásticos. (Título original: „We're Here. We're Queer. We're Fabulous.“). 
 
Deir, partyboy confeso, se cuenta entre quienes estuvieron en el movimiento desde el principio. Organizó una serie de eventos, para recaudar fondos para pagar la asesoría legal relacionada con los sucesos del Sex Garage. Además, junto con otros fundó numerosos grupos de acción política, para luchar por los derechos de la comunidad LGBTIQ*en Montreal.
 
“Estaba la asociación Table de concertation des gaies et lesbiennes du Grand Montréal, fundada después de los sucesos en torno al Sex Garage, y el grupo Lesbians and Gays Against Violence, cuenta Deir. “Después, en 1993, se realizó la histórica audiencia de la Comisión para los Derechos Humanos de Quebec, sobre el tema de la violencia contra gays y lesbianas. Este hecho se remite al Sex Garage, y se lo debemos a las y los activistas que empezaron con ACT UP y Queer Nation, y que desde ahí se siguieron desarrollando. El Sex Garage puso los derechos de los queers bajo los reflectores de una manera nunca antes vista.”
 
Además, inspirado por todo esto, Deir organizó en 1993, junto con Suzanne Girard, el primer gran desfile del orgullo gay de la ciudad, el Divers/Cité. El evento –surgido a partir de un fuerte espíritu de resistencia, de la conmemoración del Sex Garage y de las víctimas del VIH/SIDA así como también de una creencia compartida en la inclusión– fue durante más de dos décadas el festival del orgullo gay más grande de Montreal.
 
“La mayoría de quienes vivimos los sucesos del Sex Garage estuvimos también en los inicios de Divers/Cité”, dice Deir, quien siguió coorganizando el evento hasta 1998. “Aunque se puede polemizar respecto a si el Sex Garage se puede considerar realmente como el Stonewall de Montreal, para mí sí lo fue. Era importante mantener vivo el recuerdo de este significativo suceso en la historia de la escena queer de Montreal.”

La resonancia social y musical

De manera paralela a las actividades políticas, se siguieron haciendo las fiestas. La influencia de los heterogéneos eventos llevados a cabo en los lofts se hizo notar en muchos clubes gays, que entonces también le abrieron sus puertas a un público más heterogéneo. A Nicolas Jenkins incluso lo empezaron a contratar clubes como el legendario K.O.X. en el Gay Village, para atraer a un público más amplio.
 
Además, después de lo ocurrido en el Sex Garage, tambien siguió organizando grandes fiestas en lofts durante los años noventa, junto con Mark Anthony. Antes de convertirse en uno de los más exitosos DJ de house y circuit, Anthony había asistido siendo adolescente a las fiestas “muy cool, muy eclécticas” de Jenkins, y se quedó “atónito” cuando se enteró por las noticias de la razia en el Sex Garage.
 
“Aunque soy heterosexual, me movía principalmente en los circuitos gay, y eso me permitió verlo todo desde otra perspectiva”, dice Anthony. “Eso era homofobia y no otra cosa. Creo que el Sex Garage hizo que mucha gente tomara conciencia de lo que estaba ocurriendo. Les abrió los ojos, desde un punto de vista social.”
 

El dúo produjo fiestas after hours con “invitaciones atrevidas, una atmósfera y decoración fantásticas y con bailarines increíbles”, para decirlo en las palabras del DJ. “Nuestras fiestas eran más in y teníamos más asistentes. Atraíamos a gente de todas las clases sociales; había personas negras o gays o heterosexuales cools o gente que vivía en el Centro de la ciudad”, narra. “Y justamente ésa era nuestra visión de la utopía de Montreal.”
 
Anthony también cuenta que la policía nunca cerró ninguna de las fiestas que organizó con Jenkins. Tampoco hubo nunca problemas con el Playground, el primer club after hours legal de Montreal, que operó desde 1994 a 1997 en el Gay Village. Anthony era DJ residente en el Playground y tocaba los sábados por la noche.
 
“En el Playground se mostró el mejor lado de Montreal”, opina el DJ. “Fue una época especial. La música era buena, las drogas eran buenas y, además, era fenomenal ver a gays y heterosexuales juntos en un club after hours. Para nosotros no era nada nuevo, lo conocíamos de nuestras fiestas. Pero vivirlo de manera totalmente oficial en un club comercial… En ese momento supe que habíamos alcanzado un nuevo nivel en Montreal.
 
A pesar de que el club exisió sólo pocos años, el Playground le abrió el camino al siguiente club legal after hours de Montreal, el Stereo, que abrió en 1998, también en el Village y con el apoyo de Anthony. El Stereo atrajo durante años a un público muy heterogéneo, entre otros, gracias a las Ritual Nights (Noches rituales) organizadas por Anthony. (Después, el DJ se iría de gira mundial, y hoy se dedica, sobre todo, a la producción musical.)
 
 
Plastik Patrik es  otro icono más de la vida nocturna de Montreal; también a él lo influyó mucho haber participado en las fiestas de Jenkins. Tenía 18 años cuando se enteró por los periódicos de la razia en el Sex Garage y de las protestas. Poco después, regresó a las pistas de baile de Jenkins.
 
“Las fiestas de Nicolas eran absolutamente estimulantes: desde la música hasta los videos y los temas, pasando por la gente. Cuando llegué a esa colorida escena, me gustó sobre todo la dualidad de decadencia y extravagancia, por un lado, y de conciencia política, por otro”, se enstusiasma Patrik. “Me quedó claro que esa gente que a mí me parecía tan cool también participaba en las protestas y pensé, ‘Wow, se puede hacer las dos cosas. Se puede ser, al mismo tiempo, cool y político, tener conciencia social e interceder por ambas cosas’. Eso me dio hasta cierto punto las herramientas para mucho de lo que vendría después.”
 
Cuando, a finales de los años noventa, había tenido suficiente de la música house, se hizo de un nombre como DJ alternativo y encabezó bandas de glam punk como One 976 y Patrik et les Brutes. Se presentaba con sus discos, sus bandas y su apariencia ferozmente andrógina en locales en toda la ciudad, tanto en bares gays como en sórdidos clubs punks.
   
Junto con DJ como Bobzilla, Frigid y Mini, Patrik se contó entre los principales impulsores del explosivo desarrollo de la escena artística y musical gay alternativa de Montreal. Llevaron música rock, electroclash y techno a clubes del Village, como el Parking y el Sky, y también a clubes del barrio de Plateau, como el Saphir Bar, donde durante ocho años fue el DJ residente de los viernes. “La escena creció, y ahí se cerró el círculo con el Sex Garage y el Divers/Cité.”
 

SEX GARAGE: El escenario

Conforme el Divers/Cité fue ganando en tamaño, alcance y financiamento, se fueron añadiendo más escenarios al aire libre. Durante toda la década del 2000, Patrik estuvo encargado del programa en el escenario del Sex Garage. Igual que la fiesta original, el escenario atraía a un público pansexual, y se tocaba música underground.
 
“El sonido era más duro y agresivo”, describe Patrick. “Pero casi siempre bailable y siempre lleno de energía.”
 
Gracias a la popularidad del escenario del Sex Garage, se disponía de suficientes fondos para invitar a bandas foráneas, como Olympia, Washington's Gossip, el grupo californiano de electroclash Gravy Train!!!! y la banda post punk The Organ, de Vancouver; junto a celebridades locales, como Lederhosen Lucil, Frigid, The Cherry Persuasion, Duchess Says, Echo Kitty, We Are Wolves y Cherry Cola. Antes de firmar el contrato para grabar su disco con la productora Alien8 y de salir de gira con bandas como Le Tigre, la banda de electropunk Lesbians on Ecstasy, de Montreal, presentó uno de sus primeros shows en el escenario del Sex Garage.
 

“¡Era tan divertido!”, recuerda la cofundadora y cantante de la banda, Lynne Trépanier. “En esa época todavía nos presentábamos con nuestro pequeño iMac azul, lo cual era hilarante. Plastik Patrik era el moderador y asistía muchísima gente. Los grandes eventos comerciales siempre son un poco raros, por eso [el Sex Garage] era el mejor escenario posible para nuestra presentación en el festival del orgullo gay. Nuestra amiga Viviane había hecho pins, para que se los aventáramos a la multitud. Decían: ‘I support Lesbian Divorce’ (Estoy a favor del divorcio lésbico).”
 
Aunque era demasiado joven como para haber podido asistir a las fiestas de Jenkins, Trépanier había escuchado del Sex Garage y conocía su importancia.
 
“Tenía claro que había sido un momento importante, y que era mucho más que un espacio para hacer fiestas. En la Universidad de Concordia tomé después un seminario sobre la pandemia del VIH/SIDA, y en él se habló mucho sobre el Sex Garage como motor para el movimiento gay en Montreal”, cuenta. Después Trépanier fue locutora de tres programas sobre música electrónica en la estación de radio local CKUT, y fue coorganizadora de una nueva generación de fiestas en lofts.
 
Aunque la música era otra, los objetivos eran similares a los que Jenkins había tenido una década antes. “Junto con algunos amigos organicé algunas fiestas que giraban en torno a la escena del drum and base; éramos una multitud ecléctica de homosexuales y heterosexuales. Muy PLUR (Peace, Love, Unity, Respect). Con ganas de celebrar”, añade Trépanier. “Creo que las fiestas en los lofts ofrecían la oportunidad de crear un espacio protegido en el que todos eran bienvenidos. En ese entonces era muy fácil no estar bajo los reflectores.”

Aplicar lo aprendido 

Hoy vuelve a ser importante recordar las lecciones que aprendimos de incidentes como la razia en el Sex Garage, sobre todo en vista del constante y brutal retroceso en los derechos humanos provocado por el gobierno de Trump, entre otros, también contra la escena LGBTIQ*.

Policía ante portas Policía ante portas | © Linda Dawn Hammond “No creo que el Sex Garage sea muy conocido fuera de Montreal”, dice Jenkins. En 1994 regresó a vivir a Nueva York, y sigue haciendo películas que permiten echarle un vistazo a la cultura queer, por ejemplo, el documental realizado el año pasado Walk!, sobre el mundo del ballroom y el vogue en Nueva York. “Creo que se están olvidando muchas cosas que sucedieron antes del internet.”
 
Por fortuna, personas como el periodista queer Richard „Bugs“ Burnett, quien escribe para diversas revistas y periódicos, entre ellos, HOUR, Xtra! y la Montreal Gazette, han informado abundamentemente sobre el tema. Además, para conmemorar el aniversario 25 de la razia en el Sex Garage, en 2015, se presentó una exposición con las fotos de Linda Dawn Hammond en el festival  Fierté, el único festival del orgullo gay que quedó en Montreal después de que el Divers/Cité hubiera dejado de exisitr ese mismo año.

“No estaba consciente de que lo sucedido se recordara todavía a tan gran escala”, reconoce la fotógrafa, quien se había mudado once años antes de Montreal a Toronto. “Gente joven que vino a la exposición y que no sabía nada de la razia en el Sex Garage estaba soprendida de que algo así pudiera pasar ‘en ese entonces’. He escuchado que en algunos círculos resulta polémico decir que lo del Sex Garage fue ‘nuestro Stonewall’, pero a mí me queda claro que la historia del activismo LGBTIQ* en Montreal tomó otro curso después de lo sucedido, y estoy orgullosa de haber sido parte de ello.”
 

El Sex Garage logró más en relación con los derechos humanos de la comunidad LGBTIQ* en Quebec, que cualquier otro suceso anterior. Logró que toda una generación saliera a las calles y –algo más importante aún–, que se comprometiera políticamente y que cambiara la cultura y la sociedad.

Puelo Deir

Puelo Deir concuerda. “El Sex Garage logró más en relación con los derechos humanos de la comunidad LGBTIQ* en Quebec, que cualquier otro suceso anterior”, enfatiza. “Logró que toda una generación saliera a las calles y –algo más importante aún–, que se comprometiera políticamente y que cambiara la cultura y la sociedad. A los jóvenes y la gente que dice: ‘Ay, ya no necesitamos un evento del orgullo gay’, les respondo que justo ahora se está mostrando por qué los festivales del orgullo gay son más importantes que nunca. En Estados Unidos quieren destruir todo, todo lo que hemos logrado, y, como vemos, eso se puede lograr muy fácilmente.”
 
Cuando se le pregunta a Deir sobre la relación entre la policía y la escena queer hoy en día en Montreal, responde de manera espontánea: “No existe. Los jóvenes queers no tienen una opinión particularente buena de la policía, y yo lo entiendo por completo. Las protestas estudiantiles del ‚Printemps Erable‘  (en 2012, la primavera del arce), que se repitieron en tiempos recientes (2015), pusieron de manifiesto que casi no ha cambiado nada en la relación con la policía. Que yo sepa, la policía nunca participó en un desfile en el festival Divers/Cité ni en ninguno de los eventos del orgullo gay que existen hoy en Montreal. Creo que todavía nos queda mucho por hacer.”
 
Deir, quien por el momento trabaja en una documentación/obra de teatro sobre trabajadores sexuales y la ley para la prostitución en Canadá, señala un punto que, probablemente, representa el tema más polémico de la política queer en ese país: cómo es que las y los policías pueden participar, si acaso, en los desfiles del orgullo gay cuando no están en horas de servicio.


Esta pregunta surgió cuando Black Lives Matter (BLM) Toronto detuvo el desfile del orgullo gay el año pasado, para presentarle al desfile en Toronto una  listra con peticiones.El punto de la lista al que se le concedió mayor atención en los medios –y que detonó innumerables y acaloradas discusiones– fue la demanda de excluir de los desfiles a las patrullas. A principios de este año, los miembros del desfile de Toronto votaron, en la asamblea anual de miembros, a favor de aceptar y de poner en práctica las demandas de BLM. Las y los oficiales de policía que quieran participar en el desfile fuera de sus horas de servicio siguen siendo bienvenidos como participantes, pero a pie y sin uniforme.
 
“Creo que todo lo que está pasando ahora en el tema orgullo gay y policía fomenta la discusión sobre el tema, lo cual también es necesario”, concuerda Trépanier, quien hoy sigue siendo DJ y, además, trabaja como técnica de sonido. “¿Cómo pueden las personas olvidar tan pronto que la policía nos odia? Quizá manejen mejor sus relaciones públicas, pero siguen agrediendo a las comunidades de gente de color queer, que viven llenos de temor frente a la policía. Los policías no son una fuerza benigna: son ellos quienen ponen en práctica los principios racistas y homófobos. Y el objetivo del movimiento por el orgullo gay es luchar precisamente contra esto.”
 
Esta discusión es escencial. No todas las personas que forman parte del espectro LGBTIQ* gozan en la misma medida de los mismos derechos y privilegios. Y en tanto que esto no cambie, seguirá habiendo buenas razones para salir a las calles y protestar.
 
“Tengo la sensación de que las exigencias de Black Lives Matter hicieron que las personas recordaran que, en los festivales del orgullo gay, lo importante no son los patrocinadores, el baile y los desfiles”, constata Patrik. “Una cosa que definitivamente aprendí de lo sucedido en torno al Sex Garage es que los cambios radicales siempre son una cosa difícil y desagradable. Un cambio tan fundamental como la forma en que la gente ve a los homosexuales o a los queers, o si éstos son respetados por la policía o no, no se puede hacer con amabilidad, porque siempre tiene que ver también con una postura defensiva.”
 
“Creo que esto es lo que representó el Sex Garage. Su mensaje fue: ‘¡Ya basta!”, dice. “Lo que vino después fue la sensación de poder salir a todas partes y ser gay y de que el mundo estaba listo para ello.”

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