Arno Geiger

Arno Geiger nace en 1968 en la ciudad austríaca de Bregenz. En 1997 aparece su primera novela Kleine Schule des Karussellfahrens. Pero es con su cuarta novela cuando consigue el reconocimiento literario.
Arno Geiger ha sido distinguido con numerosos premios, entre ellos el Premio Alemán del Libro, el Premio Johann Peter Hebel y el Premio de Literatura de la Fundación Konrad Adenauer.

Obras traducidas al castellano y al catalán:
El viejo rey en el exilio; Todo nos va bien
El vell rei a l‘exili

Arno Geiger nace en 1968 en la ciudad austríaca de Bregenz. Estudia filología alemana, historia antigua y literatura comparada en Innsbruck y Viena. Trabaja al mismo tiempo como técnico de vídeo en el Festival de Bregenz. Geiger vive en Viena y Wolfurt (Vorarlberg).

En 1996 Geiger es invitado a participar en el concurso literario Ingeborg Bachmann. En 1997 aparece su primera novela Kleine Schule des Karussellfahrens. Pero es con su cuarta novela cuando consigue el reconocimiento literario. Es geht uns gut (Todo nos va bien), de 2005, cuenta la historia de un treintañero que hereda la casa de su abuela en Viena. Al principio no quiere enfrentarse al pasado porque evita el “esfuerzo de imaginación necesario para entender cómo debían haber sido las cosas”. Las referencias históricas al contexto: la implicación de Austria en la guerra, pasando por la posguerra y hasta llegar al presente, desempeñan un papel secundario. El tema principal de la novela es la fugacidad del tiempo, la “nada” en la que se disuelve la vida sin dejar huellas. El tema es recurrente en sus posteriores libros. En la novela Alles über Sally (2010), Geiger narra sobre la traición amorosa. Un matrimonio lleva viviendo treinta años juntos hasta que un robo en la vivienda lo desbarata todo. La mujer inicia una relación con un amigo de su marido y el esposo se pregunta si conoce de verdad la persona que tiene a su lado. Der alte König in seinem Exil (El viejo rey en el exilio), de 2011, es un libro de divulgación pero con inserciones poéticas. Geiger cuenta sobre su padre afectado de demencia senil quien sorprende por su vitalidad, sentido del humor e inteligencia. Es una historia entrañable sobre la lenta desaparición de la vida.
Selbstporträt mit Flusspferd (2015) trata de un estudiante de veterinaria que decide cuidar a un hipopótamo pigmeo. Se trata de una novela sobre anhelos y sueños, pero también sobre los miedos que tienen que ver con el convertirse en adulto.

Arno Geiger ha sido distinguido con numerosos premios, entre ellos el Premio Alemán del Libro (2007), el Premio Johann Peter Hebel (2008) y el Premio de Literatura de la Fundación Konrad Adenauer (2011).

Copyright: Goethe-Institut Barcelona
Texto: Ilka Haederle/ Traducción: Rosina Nogales Tudela
TRADUCIDO AL CASTELLANO

El viejo rey en el exilio
Trad. de López Alloza, Alfonso
El Aleph Editores, Barcelona 2013
 
Todo nos va bien
Trad. de Álvarez Escurra, Pablo
El Aleph Editores, Barcelona 2006
 
 
TRADUCIDO AL CATALÁN


El vell rei a l‘exili
Trad. de Monton i Lara, Ramon
Ed. Proa, Barcelona 2013


EN LENGUA ALEMANA

Novelas

Selbstporträt mit Flusspferd
Carl Hanser Verlag, München 2015
 
Der alte König in seinem Exil
Carl Hanser Verlag, München 2011
 
Alles über Sally
Carl Hanser Verlag, München 2010
 
Es geht uns gut
Carl Hanser Verlag, München 2005
 
Schöne Freunde
Carl Hanser Verlag, München 2002
 
Irrlichterloh
Carl Hanser Verlag, München 1999


Kleine Schule des Karussellfahrens
Carl Hanser Verlag, München 1996
 
 
Narraciones
Koffer mit Inhalt
dtv, München 2016
 
Anna nicht vergessen
Carl Hanser Verlag, München 2007
Nacido en 1968 en Bregenz (Austria)
 
1996 - 1993 Estudios de Filología Alemana, Historia y
  Literatura Comparada a Innsbruck y Viena
1986 - 2002 Técnico de vídeo en el festival de Bregenz
1994 Beca de promoción del Ministerio de Ciencias y
  Cultura de Austria
1998 Abraham Woursell Award, Nueva York
2005 Premio de promoción del Premio Friedrich
  Hölderlin de la ciudad de Bad Homburg
  Premio Alemán del Libro
2008 Premio Johann Peter Hebel
2010 Premio de Literatura de Vorarlberger
  Buch- und Medienwirtschaft
2011 Premio Friedrich Hölderlin de la ciudad de
  Homburgo (Premio principal)
  Premio de Literatura de la Fundación
  Konrad Adenauer
  Premio de Literatura Johann Beer
2012 Premio de Literatura de la Indústria Austriaca 
  Anton Wildgans
   
  Reside en Wollfurt y Viena
De: El viejo rey en el exilio

El fracaso generalizado de los inicios había quedado atrás, y los desagradables recuerdos rápidamente perdieron nitidez, porque ahora tratábamos a padre con más cuidado, además el día a día siempre nos llevaba al trote con nuevas sorpresas. Entonces mirábamos poco atrás y mucho al frente porque la enfermedad nos ponía constantemente ante nuevos retos. Éramos principiantes e intentábamos mantener un control ya de por sí inestable sobre nuestras vidas, sobre la base de la falta de conocimiento y la falta de competencia. Padre salía mucho a caminar, la mayoría de las veces a casa de mi hermano mayor Peter, que vive casi enfrente y tiene tres hijas. Pero cada vez con más frecuencia las salidas iban más allá del radio habitual, a veces en mitad de la noche, insuficientemente vestido, con la mirada temerosa. A menudo padre desaparecía porque se había confundido y se había metido en una habitación de una de las niñas y se había quedado sobre la cama; a veces rebuscaba en los armarios y se sorprendía de que no le entraran los pantalones de
Werner. En algún momento escribimos »August« en su puerta y cerramos las habitaciones contiguas.
A menudo tenía sangre en la cabeza o volvía con rasguños en las rodillas porque al bajar a casa de sus padres se había caído por las empinadas y en algunas partes frondosas colinas.
(…)
Padre también estaba ahora ocupado constantemente con el consumo de electricidad. En ese tiempo su cerebro era como un organillo, siempre con la misma canción. 
Pero en algún momento desaparecieron las ideas fijas, fue un poco espectral, y padre empezó a ser «creativo«. 
Durante mucho tiempo nos las tuvimos con la falta de memoria y la pérdida de facultades; ahora la enfermedad empezó a traernos nuevas aptitudes. Padre, que siempre había sido un hombre sincero, desarrolló un formidable talento para las excusas. Encontraba una excusa más rápido que un ratón un agujero. Cambió su forma de hablar y de pronto mostraba una elegancia espontánea que yo jamás había advertido en él. Al final llegó a adquirir también en sus contenidos una lógica propia, que era tan asombrosa que al principio no sabíamos si debíamos reírnos, admirarnos o llorar. 
»¡Qué tiempo tan maravilloso!«, dije cuando estábamos junto a la casa mirando la montaña de Gebhard y el pico Känzele que se elevaba sobre el río Bregenzer Ache. 
Padre miró a su alrededor, reflexionó sobre lo que había dicho y respondió: 
»Desde casa podía predecir el tiempo con exactitud, pero desde aquí no puedo. Por el hecho de no estar en casa me resulta imposible«. 
»La situación es prácticamente la misma que ahí abajo«, dije sorprendido porque nuestra casa está al lado de la de sus padres, cincuenta metros más arriba en la colina. 
»¡Sí, precisamente, ya ves lo que puede influir una diferencia como esa!«. 
Reflexionó un momento y añadió: 
»Además, me molesta que siempre lo desviéis todo al tema del tiempo«. 
Cuando sus nuevos talentos se mostraban más claramente era bajo el estrés que surgía cuando quería irse a casa. Sería hacia 2004, de repente dejó de reconocer su propia casa. 
Sucedió sorprendentemente rápido, impactantemente rápido, de manera que nos resultó incomprensible. Durante mucho tiempo nos resistíamos a aceptar que padre olvidara algo tan evidente como su propia casa. 
Un día mi hermana se negó a escuchar por más tiempo sus ruegos e insistencias. Cada cinco minutos decía que lo esperaban en casa, era insoportable. Entonces nos parecía que sus eternas repeticiones sobrepasaban los límites de lo soportable. Helga fue con él afuera, a la calle, y sentenció: 
»¡Esta es tu casa!«. 
»No, esta no es mi casa«, respondió él. 
Mencionó, a continuación, correctamente la calle y el número de la casa. Helga señaló triunfalmente la placa con el número de la casa junto a la puerta principal y preguntó: 
»¿Y qué pone aquí?«. 
El leyó en voz alta la dirección que había mencionado antes. Helga preguntó: 
»¿Y a qué conclusión llegamos?«. 
»Pues que alguien ha robado la placa y la ha puesto aquí», contestó padre con sequedad (lo que era una interpretación que parecía algo rocambolesca, pero que en absoluto carecía de lógica). 
»¿Por qué iba alguien a robar la placa con el número de nuestra casa y ponerla en la suya?«, preguntó Helga indignada. 
»Yo tampoco lo sé. La gente es así«. 
Eso lo declaró a su pesar; al mismo tiempo no mostró el menor atisbo de escepticismo a la vista de la inverosimilitud de su argumentación. 
En otra ocasión respondió a mi pregunta de si no reconocía sus propios muebles. 
»Sí, ahora sí los reconozco«. 
»Eso espero«, dije con un poco de desdén. Pero entonces me miró decepcionado y contestó: 
»Oye, no es tan fácil como tú te piensas. Hay más gente que tiene estos muebles. Nunca se sabe«. 
Esa respuesta era tan increíblemente lógica y a su manera convincente que estaba en verdad molesto. ¡No puede ser! 
¿Por qué teníamos esa discusión si era capaz de responder algo así? De alguien que es lo bastante inteligente para esas sutilidades podía esperar que reconociera su casa. 
¡Pero nada!

El viejo rey en el exilio. Arno Geiger. El Aleph Editores 2013.
© 2011 Carl Hanser Verlag München.Traducción: Alfonso López Alloza
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