Wim Wenders y sus películas Un director ensimismado y adicto al trabajo

Wim Wenders en acción
Wim Wenders en acción | Foto (detalle): Donata Wenders 2004, © Wim Wenders Stiftung 2015

Quiso ser cura, cirujano y, finalmente, pintor. Sin embargo, su amor por el cine fue más fuerte y se volvió cineasta. En 2015, Wim Wenders cumple setenta años y El Festival Internacional de Cine de Berlín le rindió un homenaje.

Un hombre joven viaja solo a través de Estados Unidos. Recorre autopistas y pasa frente a carteles de neón y gasolineras. Su nombre es Philip Winter y debe escribir un informe sobre el paisaje americano. Pero no logra poner una sola palabra en el papel y, en cambio, reúne fotos de lugares y sitios para terminar aceptando, resignado, que las imágenes “nunca muestran” lo que “uno ve”. Estas son escenas de Alicia en las ciudades (1974) de Wim Wenders. En esta película narra la historia de una odisea que parte desde el sur de Estados Unidos y llega hasta Múnich, lo que finalmente lleva a que el protagonista se encuentre a sí mismo.

Este cuestionamiento de las fotografías, en un mundo en que las imágenes adquieren cada vez mayor poder, es algo característico en la obra del director que, no obstante, creó él mismo esas imágenes llenas de significado y poesía. Con largas y silenciosas tomas y montajes meticulosos, sus películas desafían al observador a sumirse en una contemplación precisa. Alicia en las ciudades fue la cuarta película de Wim Wenders. Recién después de esta película  se vio a sí mismo como cineasta. Desde entonces ha realizado más de cincuenta largometrajes y documentales. Su última producción es La sal de la Tierra (2014), un retrato del fotógrafo brasileño Sebastião Salgado.

Un renovador del cine alemán

“He sido siempre un hombre fascinado por las imágenes”, dijo una vez Wim Wenders. Pero este hijo de un médico, nacido en Düsseldorf en 1945, nunca había considerado seriamente la posibilidad de hacer una carrera en el campo del cine. Originalmente quería ser cura, luego intentó con la medicina, la filosofía y la sociología, antes de irse en 1965 a estudiar pintura en París. En 1967 ingresó en la Universidad de Cine y Televisión que acababa de fundarse en Múnich. Después de terminar la película con la que se graduó, Verano en la ciudad (1971), Wim Wenders fundó, junto con otros doce cineastas, la distribuidora de películas Filmverlag der Autoren (Sociedad Cinematográfica de Autores), orientada a producir y distribuir las películas de sus miembros.
 
  • Rainer Rother, director de la retrospectiva de la Berlinale © Berlinale
    Rainer Rother, director de la retrospectiva de la Berlinale

    “Ya con sus primeras películas, Wim Wenders cambió de manera fundamental la escena del cine alemán, y como cofundador de Filmverlag der Autoren le dio una plataforma visible e influyente. Como casi ningún otro realizador, logró conectar la “Nueva Ola Alemana” con la producción cinematográfica internacional. Explorando las posibilidades del lenguaje cinematográfico se convirtió en un gran revolucionario, que con cada proyecto –ya fueran largometrajes o documentales–siempre buscó nuevos desafíos y supo mostrar abierto a los desarrollos técnicos de la actualidad. Wenders está siempre on the road, siempre tras los pasos de lo nuevo.”







  • Rainer Rother, director de la retrospectiva de la Berlinale © Berlinale
    Rainer Rother, director de la retrospectiva de la Berlinale

    “Ya con sus primeras películas, Wim Wenders cambió de manera fundamental la escena del cine alemán, y como cofundador de Filmverlag der Autoren le dio una plataforma visible e influyente. Como casi ningún otro realizador, logró conectar la “Nueva Ola Alemana” con la producción cinematográfica internacional. Explorando las posibilidades del lenguaje cinematográfico se convirtió en un gran revolucionario, que con cada proyecto –ya fueran largometrajes o documentales–siempre buscó nuevos desafíos y supo mostrar abierto a los desarrollos técnicos de la actualidad. Wenders está siempre on the road, siempre tras los pasos de lo nuevo.”








Wim Wenders, Rainer Werner Fassbinder, Werner Herzog y Volker Schlöndorff surgieron en Múnich como las figuras pioneras de un joven cine de autor que se apartaba del entretenimiento corriente para buscar otro lenguaje cinematográfico. Lo que los unía era una confrontación crítica con la situación social y política de la República Federal de Alemania, así como con el pasado nazi. En este sentido estaba incluida la pregunta por la propia identidad, un tema que siempre le ha preocupado a Wim Wenders. Eso se ve principalmente en los personajes de sus primeras películas que son hombres jóvenes, resueltos y ensimismados, que se rebelan contra el concepto de vida burgués sin poder formular un contra modelo. Luego del éxito de Alice en las ciudades y En el curso del tiempo (1976), Wenders logró el reconocimiento internacional con un policial El amigo americano (1977), inspirado en una novela de Patricia Highsmith. Francis Ford Coppola lo llevó a Hollywood para que realizara una película sobre el autor de novelas policiales Dashel Hammett, pero la filmación se transformó en un desastre.

Un alemán en Estados Unidos

Según lo que dijo una vez, Wenders encontró en Estados Unidos “un país de una generosidad increíble, al que mi Alemania natal, con su estrechez y su falta de humor, no tenía nada que oponerle”. Wenders siempre tematizó la influencia que Estados Unidos, con sus mitos y su cultura pop, tuvieron sobre su generación. Esta influencia se puede ver en sus películas, a nivel estético, en los amplios panoramas paisajísticos y en la mirada sobre el vacío, relacionada con los motivos del pintor Edward Hopper. Sin embargo, su relación con Estados Unidos fue siempre ambigua. Mientras filmaba Hammett (1982) tuvo que tratar directamente con la industria del cine estadounidense. Wenders, que siempre se había pensado como un director independiente, tuvo que filmar y editar con un ritmo marcado por los productores. Esta experiencia fue luego elaborada en El estado de las cosas (1982), película en la que un cineasta alemán es asesinado en Hollywood.

A pesar de todo, Wenders vivió más de una década en Los Ángeles y Nueva York. En este tiempo filmó uno de sus más grandes éxitos Paris, Texas, con guión de Sam Shepard. La película es una road movie con una historia atemporal sobre la soledad, el amor y la búsqueda del verdadero yo. De vuelta en Alemania, Wenders filmó su segundo gran éxito de taquilla El cielo sobre Berlín, que muestra la ciudad dividida, desde la perspectiva de unos ángeles. Wenders esbozó la película como un collage hecho de voces, sonidos e impresiones cotidianas. Este collage fue elevado con diálogos poéticos, cargados de sentido escritos por su amigo Peter Handke. 

Paris, Texas y El cielo sobre Berlín, ambas distinguidas con la Palma de Oro en Cannes, se encuentran entre los clásicos indiscutibles del cine. Sin embargo, en la década del noventa, Wenders no logró llegar al nivel de sus antiguos éxitos y tuvo que enfrentarse a duras críticas. Su ambicioso drama de ciencia ficción Hasta el fin del mundo (1991) fue rechazado por la crítica y el público. A sus películas se les reprochó el ser pretenciosas, citarse sólo a sí mismas y pertenecer a una era obsoleta del cine de autor.

Cineasta, fotógrafo, ensayista

Sin embargo, sin que nada lo perturbara, Wenders siguió trabajando a su ritmo curioso y ensimismado. Además de largometrajes, realizó documentales sobre cine, moda, música, arquitectura y danza. Para su documental Pina (2011), sobre la coreógrafa de Wuppertal, Pina Bausch, hizo perceptible la corporalidad de los bailarines a través del uso de una técnica de 3D. La película fue nominada para el Oscar, como antes lo fueron Buena Vista Social Club (1999), su documental sobre la escena musical cubana, y la recientemente estrenada La sal de la Tierra (2015).

Durante su carrera profesional, Wim Wenders ha sido nominado o ha recibido prácticamente todos los premios de cine que existen. Es miembro fundador y presidente de la Academia Europea de Cine y también es reconocido como docente, ensayista y fotógrafo. Su película Every Thing Will Be Fine, sobre un escritor en crisis existencial, se estrenó en la Berlinale 2015. El director, que en agosto de 2015 cumple setenta años, no piensa en retirarse: “Soy un adicto al trabajo”, decía Wenders en una entrevista en el 2014. “Mi trabajo y mi vida son dos cosas inseparables”.

Foto Roland Emmerich: Franz Richter (User:FRZ) – Own work. Lizenz: CC BY-SA 2.5-2.0-1.0 via Wikimedia Commons