Smart Cities La ciudad ecológica y conectada

Proyecto de la plaza central de Masdar City, primera ciudad sin emisiones de CO2, libre de autos y de residuos
Proyecto de la plaza central de Masdar City, primera ciudad sin emisiones de CO2, libre de autos y de residuos | Foto (detalle): © LAVA_Atelier_Illume

Una ciudad lujosa y al mismo tiempo ecológica y cuidadosa de los recursos naturales. Desde hace un tiempo esto es posible gracias a las tecnologías inteligentes. Sin embargo, también implica que por todas partes habrá sensores que registrarán el espacio público y seguirán todos nuestros pasos.

“Masdar City”: así se llama el gran proyecto de los Emiratos Árabes, el sueño de una ciudad de alta tecnología y climáticamente neutra en el medio del desierto. Una visión utópica que pronto habrá de convertirse en realidad: unas cincuenta mil personas llevarán una vida sin emisiones tóxicas, sin residuos, energéticamente autosuficiente y confortable. De acuerdo con el ambicioso plan, en Masdar City sólo podrán circular tranvías y automóviles eléctricos autónomos, que serán dirigidos a distancia mediante campos de inducción subterráneos. Para la superficie, en cambio, hay planeado mucho verde; las escuelas y los jardines de infancia serán accesibles a pie y la energía se obtendrá de celdas solares. ¿Serán así nuestras ciudades en el futuro?

Gracias a la alta tecnología y al software inteligente, una ciudad semejante ya no es una utopía. La denominación que se le da es Smart City: una ciudad enteramente conectada puede ahorrar tiempo, costos y energía y es definitivamente más eficaz en la protección de recursos. Los sensores recogen grandes cantidades de datos y los envían a sistemas especiales de gestión. Estos se aplican en los más diferentes rubros, desde la técnica de construcción hasta el tráfico pasando por el suministro de agua y la obtención de energía. Su tarea es adecuar lo mejor posible la oferta a la demanda: los colectivos pasarán sólo por el lugar donde haya un pasajero esperando; en las oficinas la calefacción se encenderá cuando efectivamente se estén usando los cuartos; en las plazas el riego se regulará según el pronóstico del tiempo y los recolectores de residuos se llevarán los contenedores sólo cuando estén llenos. “Se trata de la conexión total entre hombre y máquina”, explica Tobias Wallisser del Laboratory for Visionary Architecture Berlín (L-A-V-A). “Y esto podrá ir mucho más lejos de lo que hasta ahora nos imaginamos, por ejemplo, cuando se establezca la Internet de las Cosas, es decir, cuando las máquinas inteligentes se comuniquen entre sí. En el futuro, tal vez un coche autónomo venga a buscarnos sin que lo pidamos cuando en nuestro teléfono inteligente aparezca una cita fuera de casa.

Smart no significa nuevo

Los proyectos faraónicos y deslumbrantes como Masdar City o la ciudad artificial coreana de Songdo, dotada en toda está su superficie de sensores y sistemas inteligentes, atraen la atención mundial. Pero eso no quiere decir que las ciudades del futuro deban ser construidas desde cero. Muy por el contrario… las tecnologías de una Smart-City son interesantes justamente para las ciudades ya existentes: “La infraestructura de nuestras ciudades –llamémosla el hardware– ha crecido a lo largo de siglos. Las canalizaciones o las redes de metros tienen en algunos casos más de ciento cincuenta años y no pueden transformarse tan fácilmente. En una Smart City lo que se agrega es un software –es decir, una gestión de la infraestructura–, que es mucho más fácil de cambiar y adaptar. Esto alberga un gran potencial: a través de una conexión adecuada de los componentes individuales puede optimizarse el consumo de recursos sin tener que hacer nueva s construcciones.

Para las ciudades europeas, pues, las tecnologías inteligentes son una posibilidad de aumentar simultáneamente la calidad de vida y la sustentabilidad. Actualmente, el setenta y cinco por ciento de la población alemana vive en ciudades. Los municipios tienen la gigantesca tarea de garantizarle la prosperidad y la calidad de vida a un número creciente de personas. Las ciudades alemanas, comparadas con las de otros países de Europa, están un poco atrasadas o, como lo formula Gerd Landsberg, director ejecutivo de la Asociación de Municipios y Ciudades de Alemanis, “tienen demanda acumulada, si se tienen en cuenta los debates públicos sobre tiempos de espera en las oficinas estatales, las fallas del sistema de transporte y las carencias de la red de banda ancha”. Muchas ciudades, sin embargo, ya trabajan en una estrategia de Smart-City o han iniciado proyectos piloto: en Braunschweig, semáforos controlados a distancia ordenan el tránsito; Colonia ofrece estacionamiento compartido, una especie de “AirBnB para autos”; en Múnich hay coches autónomos que recorren a modo de prueba determinados trayectos y en Berlín las luces callejeras dotadas de WLAN, Bluetooth y barómetros ahorran por año hasta un ochenta por ciento de energía.

Precursora en control de tráfico es la ciudad de Dresden. El sistema de administración VAMOS dirige el tránsito urbano, lleva a los conductores a estacionamientos libres y controla el sistema de semáforos. En los cruces, los tranvías retrasados tienen prioridad; los adelantados esperan un poco más. Y desde abril de 2018 incluso los ciclistas podrán consultar en la aplicación Bike Now a qué velocidad pedalear para seguir la onda verde. “El objetivo del control inteligente del tránsito es que más gente se pase al tranvía, al bus o a la bicicleta”, dice Sven Fröhlich de la Universidad Técnica de Dresden (TU). Para esos, se instalaron en la ciudad alrededor de dos mil detectores, que recogen datos detallados del tránsito.

Vista desde hoy, la distopía de 1984 quedó desactualizada

“En última instancia, lo que busca una Smart City es siempre la optimización de los recursos y un aumento del confort individual”, explica Tobias Wallisser. El precio a pagar: nos volvemos completamente transparentes. “La conexión ofrece muchas ventajas, pero significa que uno debe entregar todos sus datos. El debate recién se inicia. Vista desde hoy, la distopía de Orwells en 1984 acerca de un estado policial totalitario quedó desactualizada.” Para Wallisser, una cuestión fundamental es si el control se organiza de modo descentralizado o si una institución central reúne y evalúa toda la información… y accede así al conjunto de los datos. “Puede ser que el debate sobre la protección de datos sea algo típicamente alemán. Pero es seguro que deberemos discutir cómo queremos vivir.”

Las primeras viviendas de Masdar City estarán listas para ser ocupadas a finales de 2017; en 2030 se habrá terminado toda la ciudad. Sin embargo, ya ahora algunos planes deben adecuarse a la realidad: como los habitantes no quieren renunciar al autor propio, se están construyendo calles y garajes privados, admitió el arquitecto británico Chris Wan en una conferencia de prensa. También Dresden se enfrenta a problemas parecidos: según Jürgen Krimmling, de la TU Dresden, hasta ahora sólo un diez por ciento de los conductores se guía por el sistema de tránsito inteligente, aunque usándolo llegarían más rápido a destino. Teoría y práctica… tecnología y ser humano… al final de cuentas siguen siendo pares difíciles de conciliar.