Copaternidad
La familia apropiada para ti

Christine, Gianni y Milla
Christine, Gianni y Milla | Foto (detalle) © Wolfgang Stahr

–Otras personas tienen hijos por amor, nosotros por amistad– El concepto de copaternidad se puede comparar con el de una familia ensamblada: los padres biológicos no están juntos. La diferencia consiste en que en la primera situación se pueden evitar el trauma de la separación y las emociones negativas de la relación fallida.

Christine + Gianni = Milla

Christine Wagner tiene 36 años, usa un vestido de tirantes y tiene en el rostro la risa de una niña. Me lleva a la cocina que está dominada por un largo comedor y varias sillas, cada una de un juego diferente. –A Gianni le encanta cocinar para sus amigos–dice. –Cuando nos conocimos me advirtió: “Tengo un montón de conocidos, si eso te molesta, búscate mejor otro padre para tus hijos”–.
 
La cocina está iluminada y es amplia, desde el balcón se ven árboles y el techo de los edificios contiguos. Aquí desayunan y reciben a sus invitados, y es donde a su hija de cuatro años y medio le gusta pasar más su tiempo. La puerta a la derecha lleva hacía el departamento de Gianni, la puerta a la izquierda al de Christine. Durante el día dejan las puertas abiertas para que Milla pueda ir libremente de un departamento al otro. Los cierran hasta que es hora que su hija vaya a la cama.
 
Al principio vivían separados, pero Christine no quería que Milla creciera como una hija de padres divorciados y que tuviera que mudarse cada semana entre las casas de sus padres. ¿Pero puede uno tener una vida en común sin ser una pareja? Una amiga arquitecta se quedó perpleja ante la situación–Para familias como ustedes el mercado mobiliario no ofrece soluciones adecuadas–. Al final ayudó el azar: Encontraron dos departamentos adyacentes separados uno del otro en Berlin-Neukölln.
 
–Decidimos que la cocina de Gianni sería el corazón de nuestro hogar y que debería volverse el enlace entre nuestros departamentos, sólo tuvimos que instalar una puerta adicional. Y mi cocina la adaptamos como habitación para niños–cuenta Christina. –Nuestra vida se facilitó de repente. Ya no tengo que llamar a Gianni cada vez que tengo que salir por media hora. Y cuando tengo ganas de ir a correr al parque me pongo mi ropa deportiva y me voy a correr–.
 
Todavía hace diez años vivían aquí en su mayoría inmigrantes turcos, mientras tanto surgieron entre los puestos de kebab varias discotecas de moda y cafeterías. También hay áreas verdes, áreas infantiles y vecinos simpáticos. Gianni trabaja como director de un grupo de teatro, Christine es médico. Después del trabajo les gusta salir y encontrarse con sus amigos.
 
–¿También tienen discusiones de vez en cuando?– preguntó. –Una vez tuvimos un desacuerdo– confiesa Christine. –Era acerca de hacerse cargo de Milla después mí tiempo de incapacidad. Los trayectos a la guardería requerían mucho tiempo, entonces Gianni quería buscar una niñera. Yo no estaba de acuerdo. Aparte de eso no hay nada por los que podríamos pelear. Básicamente es más fácil criar un hijo con un amigo– añadió–No hay las mismas expectativas que se producen automáticamente en una relación amorosa. O quizás es simplemente también que nos entendemos bien–.
 
Gianni, italiano de nacimiento, es ruidoso y temperamental, Christine es tranquila y callada. –Tú eres la persona de autoridad y yo el payaso– bromeaba él cuando decidieron tener un hijo juntos. Cuando se conocieron, ella estaba haciendo su especialización como cirujana. Después de que se embarazó, se cambió al área de medicina interna, porque así no tendría que trabajar durante el turno de la noche ni sesenta horas a la semana.
–¿Cómo supiste que Gianni era el indicado?
–Es como cuando uno se enamora– dice Christine sonriendo­ –Tiene que haber química. De hecho yo estaba segura desde nuestro primer encuentro que iba a funcionar con Gianni–.
A su primera cita Christine acudió con su pareja, Miriam, ya que el plan original era que ambas iban a criar al bebé. Contaron en su círculo de amigos que estaban en búsqueda de un hombre, de preferencia gay, al que le gustaría ser padre. Como no apareció nadie, tomaron las riendas ellas mismas. –Si hoy en día se conocen tantas parejas por internet– reflexionó Christine –¿Por qué no también personas a las que les gustaría tener juntos un hijo?– Los portales en línea correspondientes ya existían en ese entonces en los Estados Unidos. “Familyship”, así llamaron Christine y Miriam a su proyecto, llenaría el hueco en el mercado de habla alemana. La primera búsqueda la realizaron las fundadoras del mismo. Y uno de los primeros hombres que las contactó fue Gianni.
 
Se vieron durante un año como cualquier otra pareja que quiere llegar a conocerse antes de decidirse por tener hijos. Iban juntos al teatro o a exposiciones y confirmaron si su filosofía de vida era suficientemente compatible para no pelear por cualquier pequeñez en el futuro. –Un conservador de derecha no se va a entender muy bien con alguien que vota por Die Grünen (los Verdes)– opina Christine.
 
Christine tuvo las primeras dudas cuando Miriam inesperadamente se salió del acuerdo. –Después de nuestra separación me tuve que hacer la pregunta si se puede separar el tener un hijo juntos y el amor romántico por completo–.
 
Después de unos meses respondió afirmativamente a esta pregunta, marcó sus días fértiles en el calendario y voló a Moscú, donde en ese entonces el grupo de teatro de Gianni tenía un compromiso. Milla nació dos meses antes de la fecha calculada. Christinne y Gianni se turnaban para vigilar la incubadora. Cuando la enfermera iba a juntar sus camillas respondieron casi al mismo tiempo–Gracias, no es necesario–.
 
 
–¿Milla sabe que ustedes…– trato de buscar las palabras indicadas –no son una familia exactamente tradicional?.
–Hablamos con ella muy abiertamente de todo– responde Christine sin duda alguna. –Obviamente de tal manera que ella pueda entender–. Hace poco una de las educadoras de la guardería de Milla invitó a Christine y Gianni para conversar con ellos: Milla contó que su padre tenía un nuevo novio. –Eso fue poco después que Jan apareciera en nuestras vidas. Le expliqué a la educadora que el padre de Milla es gay y que recientemente encontró una nueva pareja. Jan pasa mucho tiempo con nosotros, y Milla lo quiere mucho, lo ve incluso como un miembro de la familia.
–¿Y tú?
Christine se detiene a reflexionar un momento.
–Yo soy más bien introvertida. Para mi Jan es antes que nada la pareja de Gianni. Pero a Milla le encanta cuando todos estamos juntos. Entonces este año queremos ir a Sudamérica por un mes: Gianni, Jan, Milla y yo.
 
En la guardería la educadora agradeció a Christine haber aclarado la situación, no parecía estar particularmente sorprendida.
–¿Y Milla?– pregunto.
–Tenemos tantos conocidos tan diferentes que creo que no está muy consciente que somos diferentes de otras personas. Somos amigos de una pareja de lesbianas que tuvieron una hija hace poco– recuerda Christine– y Mila nos dijo antes de ir a dormir: “Ella tiene dos mamás, y yo tengo una familia normal”. “Bueno, no exactamente”, comencé a decirle, “porque sabes que Babbo y yo no estamos casados”. Milla le dice Babbo a Gianni, es la palabra italiana para papá. “¿Y porqué no se casan?”. Le expliqué que a Babbo le gustaría más casarse con Jan, y a mí con otra mujer.
–¿Y qué dijo Milla al respecto?
–“Ah, okey”. Los niños aceptan el mundo tal como es.

Padre con un rol de tío

“¿Tienes el deseo de tener hijos? ¿Posiblemente eres una persona soltera, lesbiana o gay? Aquí conocerás gente que quiere armar una familia a partir de una amistad. Ya sea por medio de copaternidad, familias homoparentales, lazos parentales múltiples o como padres solteros: ¡Encuentra la familia apropiada para ti!” es lo que leo en la página de inicio del portal Familyship.org. La copaternidad une a personas que quieren procrear y criar juntos a un niño sin tener un vínculo romántico. A veces se utilizan también los términos paternidad platónica o paternidad entre amigos. La idea de que se puede tener hijos sin un matrimonio ya existía durante la revolución cultural de los años sesenta. La estadounidense Rachel Hope es considerada como pionera de la copaternidad, quien hace veinticinco años se decidió a concebir un hijo con un hombre con el que no tenía una relación amorosa, y con quien tampoco quería una. Ambos vienen de familias divorciadas y opinan que un vínculo de amistad forma una mejor base para armar una familia que el cóctel de hormonas referido normalmente  como amor. Hoy en día Rachel Hope tiene junto a su hijo ya mayor de edad una hija de cuatro años de otro co-padre. Rachel escribió una guía para la gente que quisiera seguir su ejemplo. Desde que hay internet esto se ha vuelto más sencillo.
 
 
–Busco un donante de esperma que también quisiera ser padre. Ya tengo dos hijos mayores. Espero tener un contacto cordial y agradable y un reparto justo de las tareas– escribe Esra2018 proveniente de Thur, en Alemania, en Familyship (eligió “madre” como rol).
 
–Soy una mujer heterosexual soltera, muy cálida y llena de amor. La relaciones con los hombres terminan en algún momento, pero queda el deseo por un hijo– escribe Wittke proveniente de Colonia (rol: madre).
 
–Somos una pareja de mujeres lesbianas (37 y 40 años) y ya tenemos dos hijos. Tienen 2 y 6 años respectivamente, y apreciamos mucho tanto los altibajos como el caos cotidiano de vivir en familia– escriben las usuarias ErlangerFamilie originarias de Erlangen que quisieran agrandar su familia (rol: madres).
 
–El modelo de familia tradicional me parece demasiado excesivo. Tiene que cumplir con muchas necesidades: amistad, seguridad material, descendencia, sexo e intereses en común.–  s_glisse originario de Zúrich habla de sus motivos (rol: donante de esperma, padre con un rol de tío, padre activo).
 
Quien quiera registrarse como usuario en Familyship tiene que pagar un tarifa (19 euros por un mes, 29 euros por seis meses y 79 euros por una membresía vitalicia) y definir su rol deseado. Las opciones disponibles son: padre activo, padre con un rol de tío (quien tiene un contacto menos estrecho con su hijo que un padre activo), donador de esperma, madre activa, y madre con un rol de tía. Y quien más allá de la planeación familiar busque también una potencial pareja puede indicarlo también en su perfil. De hecho Christine quería cerrar el portal una vez que encontrara un padre para su hijo, pero dentro de pocos meses cientos de personas ya se habían registrado a Familyship. Hoy en día el postal cuenta con cuatro mil usuarios registrados. –No me hubiera esperado que tanta gente tuviera un problema similar al mío­– dice Christine. –Y mucho menos que entre ellas hubiera tantas mujeres heterosexuales. Siempre pensé que ellas no necesitaban de la copaternidad para tener hijos. Ahora forman parte de nuestro público más importante y conforman con un sesenta por ciento la mayor parte de nuestros usuarios y usuarias.

Jennifer + el padre de Mathilda = Mathilda 

Jennifer y Mathilda Jennifer y Mathilda | © Jennifer Sutholt, colección privada Jennifer Sutholt me llama con la mano desde su mesa en el bar japonés, y tengo la impresión de que se parece mucho a Claudia Schiffer, pero también pienso que no debería decírselo porque seguramente recibe suficientes cumplidos similares como sobrecargo. Hablamos sobre tener niños: cómo lograr que se duerman, cuándo quitarles el pecho. Todavía hay muchos niños a nuestro alrededor, aunque ya sean después de las ocho. Una pareja que acaba de pedir sushi saca a su bebé de la carriola –Tiene ya cinco meses– nos dicen sonriendo. Una mujer amamanta a su hijo algo mayor, algunas mesas adelante de la nuestra, su pareja toma un sorbo de su cerveza. El barrio donde vive Jennifer es muy popular entre los padres que no quieren renunciar a salir por la tarde solo porque han tenido un hijo.
 
Su hija duerme hoy con su padre. Jennifer se ve tranquila, a pesar de tener mañana su primer vuelo después de su baja maternal.
 
Me gustaría preguntarle porqué se decidió por la copaternidad siendo una mujer joven heterosexual, entonces seguimos la conversación en el edificio de Jennifer, en la casa de al lado. La casa se encuentra en la planta baja, a través de una puerta de vidrio en la sala se llega directamente a un pequeño jardín. Hay lámparas colgadas en los árboles que alumbran una caja de arena y una casita de juguete: el pequeño reino de Mathilda que tiene un año y medio.
 
–Si hubiera sido por mí, hubiera querido tener una familia tradicional: el amor de mi vida, una boda e hijos– explica Jennifer mientras me sirve un vaso de agua con rodajas de limón. Su última relación se terminó después de dos años. Su novio no estaba seguro de querer tener hijos. Ella tenía el presentimiento que esta era su última oportunidad.
–¿Y no quisiste buscar otra pareja?
–Entonces pensé: tengo treinta y cuatro años. ¿Cuáles son las posibilidades de conocer a alguien a estas alturas? Y que esta relación funcione tan bien que nos decidamos por tener hijos. ¿Cuánto tiempo va a pasar antes de quedar embarazada? Claro, muchas mujeres tienen hijos aún con más de cuarenta años. Pero mi madre llegó a la menopausia ya con cuarenta y dos años.
 
Una amiga le contó de la copaternidad–Si te decides por ello tengo a alguien para ti–.
–Ya había llegado al punto de buscar un donante de esperma– dice Jennifer– pero mi trabajo como sobrecargo no es muy compatible con el estilo de vida de una madre soltera. Cuando tengo un vuelo suelo no estar en casa por tres o cuatro días seguidos.
 
El potencial padre de su hijo le gustó enseguida. Un hombre gay poco arriba de los cuarenta que, como ella, trabajaba como sobrecargo, y era encima una recomendación personal, entonces podía estar segura que no se iba a inventar historias de sí mismo. –También era importante para mí que hubiera química. Sabía que debía ser un hombre con el que pudiera ir a la cama bajo circunstancias normales– dice Jennifer –Aun cuando nos decidimos obviamente por el método casero de inseminación–.
 
Yo ya había leído sobre el método casero en el blog de Jennifer sobre el tema de la copaternidad (planningmathilda.com). “El arte de la reproducción asistida: ¿Cómo se concibe un niño sin relaciones sexuales?” es la publicación más leída de su blog.
El método casero es muy popular, porque no cuesta nada y ofrece más intimidad en comparación con la fecundación artificial en una clínica. El hombre eyacula en un contenedor de plástico y la mujer se introduce el esperma con ayuda de una jeringa en la vagina. Se puede lograr también una atmósfera estimulante: una cena íntima, velas, música… Jennifer y su co-padre llevaron a cabo el primer intento durante un viaje juntos. –Acabé haciendo la prueba de embarazo en un hotel en Seattle, entre dos vuelos– cuenta Jennifer. –Estaba llegando a Berlín a media noche cuando vi la segunda línea. En ese momento sólo quería tomar el teléfono y llamarle a todos para contarles al respecto”.
 
Los puntos clave de su vida futura ya estaban decididos desde ese momento: durante los primeros años Mathilda iba a vivir con Jennifer para que pudiera amamantar a la pequeña. Iban a conducir juntos hacía el hospital, pero Jennifer iba a tomar la decisión si su co-padre tenía permitido estar con ella en la sala de partos. A final de cuentas dar a luz es la más íntima de las experiencias, y ellos no eran una pareja.

Jennifer y Mathilda © Jennifer Sutholt, colección privada Después de todo Mathilda llegó al mundo por cesárea. –No fue como lo planeamos– resaltó Jennifer – En algún momento cesó la dilatación y los doctores se decidieron a intervenir.
 
Durante la operación sólo estuvo su madre con ella en la sala, el padre de Mathilda llegó apenas cuando la niña ya había llegado al mundo. Al final se quedaron sólo los tres: Jennifer fue quien estrecho a la pequeña en sus brazos, luego él. ¿Cómo se sintió? Totalmente normal, cada quién estaba en su lugar.
 
En las primeras cuatro semanas después del parto, su madre se mudó con ella. –Tiene ideas muy tradicionales, además crío por su lado a tres hijos en un matrimonio funcional. Cuando escuchó por primera vez que quería tener un hijo de un hombre con quien ni si quiera estaba en una relación se quedó pasmada– dijo Jennifer entre risas –Fue hasta que me embaracé que poco a poco de hizo a la idea, ya que me notó de inmediato más relajada y alegre.
 
Con el resto de los familiares no hubo ningún problema. –La otra abuela, la madre del padre de Mathilda, lo había animado ya antes a tomar este paso. Ama a su nieta por encima de todo–-.
Cuando su madre volvió a Fráncfort, Jennifer se quedó sola con Mathilda. Este tiempo le parece mágico en retrospectiva: un bebé lactante tiene su propio ritmo, solamente hay que seguirlo. ¿A Mathilda le da hambre en la noche? Jennifer se coloca dos almohadas bajo los codos, se duerme en una posición reclinada y se pone a la pequeña de un pecho al otro. ¿Mathilda se calma solamente cuando la cargan en brazos? Jennifer se pasea entonces con ella con un portabebés por la casa. –Llegué a desesperarme en algún punto cuando Mathilda comenzó a despertarse a las dos y media de la madrugada– confiesa Jennifer –Pero luego pensé: bueno, entonces nuestro día va a comenzar ahora un poco más temprano. Un ligero desayuno, dos tazas de café, jugamos un poco y una pequeña siesta a las siete de la mañana. Y a las seis de la tarde nos volvíamos a acostar otra vez. Eso fue posible solamente porque no tenía una pareja que llegara del trabajo a estas horas esperando que le pusiera atención–.
 
El esposo de una conocida, que también acaba de tener un hijo, se quejó de que ya no tenían tiempo para ellos mismos. Otro dejó de dormir en la habitación al principio y al final acabo por mudarse en definitiva de la casa.
 
Jennifer y su co-padre se pusieron de acuerdo desde el principio sobre sus roles: Cuando el padre de Mathilda no tenía que trabajar llegaba alrededor de mediodía y pasaba de tres a cuatro horas con su hija. Durante este tiempo Jennifer podía cocinar, limpiar o tomar un baño con tranquilidad. Poco a poco fueron pasando más tiempo en casa del padre, para que Mathilda pudiera acostumbrarse a su segundo hogar. De momento están tratando de coordinar los horarios de sus vuelos para que uno de ellos siempre esté en casa. Todos festejaron juntos el cumpleaños de Mathilda, con los padres y hermanos de Jennifer y su co-padre.
 
–Como pareja no podríamos funcionar para nada, pero como padres nos complementamos muy bien el uno al otro. Yo analizo constantemente, tengo que planear todo siempre. A él le gusta dejarse llevar. En nuestro primer encuentro traje conmigo una lista de cosas que me parecían importantes. Él tenía una sola condición: la custodia compartida– dice Jennifer –Solamente nos hemos peleado de verdad en una ocasión, y en el fondo fue realmente absurdo. Sobre política. Después de un momento nos detuvimos a pensar: ¿Por qué estamos discutiendo? Al final de cuentas no somos una pareja que tiene que tener siempre la misma opinión en todo.

Jochen + la mamá de Fritzi = Fritzi 

Jochen König Jochen König | © Jochen König, colección privada –Siempre quise tener una familia numerosa– dice Jochen König entre risas –Me imaginaba como al ser mayor me sentaría frente a la chimenea en medio de una manada de hijos y nietos–.
Jochen tiene treinta y seis años y tiene dos hijas con dos mujeres diferentes. No tiene una relación con ninguna de las dos. Aun así Jochen piensa que todos juntos forman una familia feliz.
 
Entonces llegó Fritzi al mundo. De la, digámoslo de esta manera, manera tradicional. Un embarazo imprevisto. Es cierto que Jochen y su novia querían tener hijos, ¿pero así de repente? Apenas llevaban un año de pareja y no habían ni siquiera vivido juntos. Él tenía veintisiete y trabajaba como pedagogo social, ella acababa de terminar sus estudios. El año siguiente querían viajar por los Estados Unidos por un mes, y hacer camping por unos días en Francia. Encontraron el tiempo para la consulta obligatoria para la interrupción del embarazo (En Alemania es posible realizar una interrupción del embarazo hasta la doceava semana sin declaración de motivos). Por si acaso era necesario. Después de varias discusiones de cómo podrían formar una familia se pusieron de acuerdo en los puntos siguientes: La novia de Jochen decidió seguir con el embarazo y traer al bebé al mundo. Después del parto Jochen se tomaría un año de baja por paternidad y lo llevaría a vivir con él. Iban a vivir separados de ahí en adelante. Y no se iba a ocupar de lo que pensaran los demás de ellos.
 
Festejaron su decisión con una botella de vino espumoso sin alcohol en una playa de Francia.
–¿Porqué te decidiste por este modelo de familia?– pregunté.
–La mamá de Franzi en realidad no estaba segura si quería tener hijos. Apenas comenzaba su vida laboral y no podía esperar a presentarse en su primer trabajo. Yo era más grande que ella y podía permitirme una pausa de un año.– contestó Jochen –Además era el bebé de los dos. ¿Por qué son siempre solamente las mujeres quienes hacen los mayores sacrificios?
 
Fritzi llegó puntual al mundo en la fecha planeada. Condujeron los tres directo al piso compartido de Jochen desde el hospital. Durante los primeros meses en los que se amamantaba a Fritzi compartían la habitación de Jochen. Después Fritzi se quedó sola con Jochen, y su mamá buscó dónde vivir cerca de ellos. –¡Qué maravilloso que todavía hay hombres así!– aclamó emocionada la administradora del edificio cuando Jochen se comunicó con ella para informarse de una vivienda para él y su hija de cuatro meses. Su propio hijo tenía más o menos la misma edad cuando el padre se fue al extranjero y rompió el contacto.
 
La trabajadora del Departamento de Vivienda se encuentra agobiada. Jochen quiere solicitar una licencia para adquirir un departamento subvencionado por el Estado, pero el caso de que el hijo viva con su padre no está previsto en el formulario.
 
El mismo Jochen no está seguro cómo debería describir su rol. ¿Padre soltero? Suena muy desesperado, pero Jochen se decidió conscientemente a tomar este camino. ¿Padre soltero o padre que es al mismo tiempo madre? Tampoco este término es completamente correcto, puesto que a final de cuentas la mamá de Fritzi se la lleva a casa una vez por semana. Por otro lado, Jochen es quien alimenta a Fritzi, le cambia los pañales, se levanta en la noche y le revisa sus primeros dientes. Solamente no es capaz de cortarle las uñitas de los dedos. El libro que escribió sobre sus experiencias con el título “Fritzi y yo: sobre el miedo de un padre de no ser una buena madre” fue publicado entretanto con una traducción al polaco por la editorial Warschauer Verlag Feminoteka.
 
–Solo encontré tres padres como usted en Alemania– le cuenta una estudiante de sociología de Mainz, que escribe su proyecto de fin de carrera sobre padres en baja por paternidad. Aunque uno no cuenta realmente, porque aunque es cierto que se tomó un año de licencia, su esposa también estaba en casa. ¿Y el otro? Jochen piensa seguido en él: ¿Cómo se las arreglará?
 
En un café de padres e hijos en Kiez, en la ciudad donde vice Jochen donde abrieron varios últimamente, escucha con envidia las pláticas de las jóvenes madres. También le gustaría hablar con otras personas sobre las noches en desvelo y el constante cambiar de pañales sin el remordimiento de que seguramente hay temas más interesantes. Sus amigos no tienen hijos, y los que sí no de tiempo completo.
 
Está encantado con su hija y lo conmueve hasta las lágrimas: nunca hubiera pensado que se puede amar tanto a alguien. Por otro lado, el estrés constante y la falta de sueño se hacen notar. “Síndrome de Burnout” diagnostica el medico recomendándole una visita al psicólogo.
 
Además Jochen discute cada vez más frecuentemente con la madre de Fritzi. –Cuando llega un hijo no queda casi tiempo para la relación. Eso nos agobió un poco.– confiesa Jochen –Tratamos de salvar nuestra relación, tomarnos un tiempo para tener las emociones negativas bajo control. ¿Pero cómo se toma uno un tiempo cuando tenemos juntos una hija? Fue entonces que tuve el presentimiento por primera vez de que ambas cosas (su hija y su relación) se pueden separar.
 
Cuando Jochen y la madre de Fritzi terminaron con su relación Fritzi tenía un año y medio. Cuatro años después llegó Lynn al mundo.

...Y Jochen + Marie y Cora = Lynn

–Estuve contando en mi círculo de conocidos que buscaba a una mujer con quien pudiera tener un hijo– continua Joachim –No quería esperar mucho tiempo. Fritzi estaba creciendo y yo no estaba seguro si iba a tener suficiente energía en el futuro para desvelarme constantemente en la noche. Ya conocía a Marie de antes: habíamos estudiado Estudios de Género juntos en Fráncfort del Óder. Originalmente habíamos previsto criar al bebé juntos, pero después se volvió evidente que no podíamos dejar de lado a Cora, la pareja de Marie. Después de todo el embarazo de Marie también era para ella un suceso importante.
 
Jochen y Marie son los padres legales de Lynn, pero en la práctica los tres crían a la pequeña. Toman decisiones en conjunto y asumen los costos entre los tres. –Lo discutimos todo: cuánto dinero tenemos, cuánto se tiene que gastar y cómo lo dividimos de tal manera que a cada quien le quede suficiente para vivir bien. Una de las madres de Lynn no gana de momento tan bien, entonces contribuye también con menos.
 
Jochen trabaja por cuenta propia: Escribe, dirige talleres para jóvenes y trabaja como guía de museos. Fritzi va a la escuela, Lynn al jardín de niños. Los co-padres ya elaboraron de antemano un plan por un año y medio respecto a quién se ocupa cuándo de las niñas.
 
Ellos ya elaboraron de antemano también un plan por un año y medio respecto a quien y cuando se ocupan de Lynn. –Cuando alguien me invita a un concierto checo en el calendario y puedo decir inmediatamente “Sorry, tengo hijos” o “Super, ese día estoy libre”. Obviamente si se trata de algo importante nos apoyamos el uno al otro de vez en cuando. Normalmente Fritzi se queda ocho días conmigo y después vive seis días con su mamá. Con Lynn es al contrario: seis días conmigo y ocho días con Marie y Cora. Entonces ambas niñas están conmigo seis días en casa, después estoy dos días solo con Fritzi y luego tengo dos días sin las niñas. En este tiempo puedo trabajar, salir por la tarde, hacer algo para mí mismo. Y también echar de menos a mis hijas–.

Lo jurídico

–La copaternidad funciona de manera similar a una familia ensamblada: los padres biológicos no están juntos, probablemente tienen otras parejas, pero se hacen cargo del bebé juntos. La diferencia consiste en que no hay una separación traumática ni orgullos lastimados– me explica Stephanie Wolfram, la directora del primer Centro para Familias Homoparentales en Alemania. En su labor se encuentra todo tipo de situaciones: Una madre lesbiana y un padre gay. Dos madres y un padre. Dos madres y dos padres. Y cada vez más frecuentemente una madre heterosexual y uno o dos padres homosexuales.
 
–Hace poco nos llamó una mamá que acababa de dar a luz a unos gemelos. Buscaba un hombre gay o una pareja con quien pudiera formar una familia coparental porque era demasiado pesado para ella. Pero esa es la excepción–enfatiza Stephanie Wolfram–La mayoría de personas que se deciden por la copaternidad toman está decisión muy conscientemente. Son personas con estudios, profesionalmente exitosas y frecuentemente con ideas conservadoras; opinan, por ejemplo, que un niño necesita contacto con ambos padres biológicos, la madre y el padre.
 
Stephanie Wolfram les da un cuestionario de página y media con preguntas que se deberían de discutir antes de tomar una decisión. La más importante: ¿Qué rol va a asumir cada uno de los co-padres en la crianza del niño? ¿El padre se va a involucrar en la misma medida que la madre o va a ser más bien un tipo de tío que visita a su hijo algunas veces los fines de semana? ¿Con quién vivirá el niño? Después vienen los pormenores: ¿Qué opinión tienen sobre las vacunas? ¿Hay que bautizar al niño? ¿El niño va a ir a una escuela privada o a una escuela Montessori?
 
–Los padres no tienen que estar de acuerdo en cada uno de los puntos– aclara Stephanie Wolfram– Lo importante es que sean capaces de hablar tranquilamente sobre estas cosas, pues esto significa que también en el futuro podrán resolver eventuales desacuerdos.
 
El año pasado casi 500 personas aprovecharon la oferta del Centro para Familias Homoparentales. Van a las asesorías psicológicas y relativas al derecho familiar, a los grupos de autoayuda y los encuentros para padres homoparentales y sus hijos. El más grande problema, según Wolfram, es la falta de normativa jurídica. Según el derecho alemán un niño sólo puede tener dos padres, aunque en la copaternidad frecuentemente son tres o incluso cuatro.
 
–Tuvimos la situación siguiente: Una pareja de mujeres lesbianas se había decidido por la copaternidad con un padre soltero. Habían acordado juntos que el hijo viviría con ellas y que él lo podría visitar en ocasiones el fin de semana. Lo registraron a él como padre en el acta de nacimiento, con lo que su posición se volvió automáticamente más importante que la de la segunda madre. Después de un tiempo él se mudó a una casa más grande, instaló un cuarto para niños y exigía que el niño a partir de entonces también viviría con él. El juzgado le dio la razón, porque como padre biológico él tenía derecho a la custodia compartida, a pesar de que los tres co-padres habían acordado otra cosa anteriormente.
 
Por lo tanto la Federación Alemana de Lesbianas y Gais (en alemán Lesben- und Schwulenverband in Deutschland: LSVD), la organización más grande de gais y lesbianas en el territorio federal, abogan por una reforma del derecho familiar, que tome en cuenta la situación particular de familias coparentales. El punto más importante: En el futuro debería ser posible que un niño tenga legalmente dos madres. Cuando hoy en día un niño nace en un matrimonio entre mujeres lesbianas, sólo la madre biológica es considerada como la madre legal, su pareja tiene que adoptar antes al niño en un proceso complicado. Hasta ahora los partidos políticos Die Grünen (Los Verdes) y Die Linke (La Izquierda) apoyan el proyecto, después de la pausa parlamentaria de verano la Federación Alemana de Lesbianas y Gais quiere iniciar un diálogo con el Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD).

La elección libre

–¡Mamá, mamá, mi mamá ya llegó!– grita Fritzi una tarde cuando Jochen llega a la guardería para recogerla.
–Jaja, pero esa no es tu mamá– la corrige la madre de otro niño.
Fritzi se detiene molesta –¿Quién es entonces si no es mi mamá?– en el próximo instante le corren lágrimas por las mejillas.
–La abracé y le dije: “Claro que soy tu mamá. O tu papá, como tú quieras”– recuerda Jochen.–Si me quiere llamar así, ¿por qué no? No perjudica mi masculinidad. Y a final de cuentas siempre he hecho todas las cosas que una madre habitualmente hace.
 
Le pregunto cómo reaccionó Fritzi a la noticia de que a su en todo caso más bien atípica familia llegarían todavía Marie, Cora y Lynn.
–Se alegró de tener una hermana más pequeña.
–¿Y el hecho de que su hermana iba a tener dos mamás?
–Conversamos mucho al respecto, pero para ella la situación era totalmente normal: así es como luce nuestra familia. Ahora que vaya a la escuela poco a poco se va a dar cuenta seguramente de que somos un poco diferentes a los demás.
–¿Y nadie la molesta por ello?
– Hasta ahora no. Fritzi es una niña fuerte y segura de sí misma. Una vez escuché cómo en el área infantil dijo presumiendo frente a su amiga “¡En mi familia hay más mamás que en la tuya!”. Y cuando un compañero de su clase trató de convencerla que un niño sólo podía tener una mamá, le respondió que eso no era verdad, porque su hermana tenía dos.
 
Jochen se acuerda todavía de una situación incómoda –Cuando registramos a Lynn en la guardería, contamos un poco sobre nuestra familia para que Lynn no tuviera que explicarlo todo el tiempo. “Dios mío”, comentó uno de los educadores. “Si esto sigue así pronto me voy a tener que disculpar de estar casado de la manera normal”. Por suerte ya no trabaja ahí ahora–.
Los padres de Jochen necesitaron algo de tiempo para acostumbrarse a la situación. –Ahora que ven que hijas tan fantásticas tengo ya no tienen dudas de que mi decisión estuvo bien pensada–.
 
¿Cómo repercute la copaternidad en los niños? ¿De qué manera se diferencian estos niños de sus compañeros que crecen en familias tradicionales? Hasta ahora no hay estudios científicos que respondan esta pregunta de manera concisa. Las investigaciones sobre el estilo de vida de los niños de en un matrimonio homoparental muestran en su mayoría que su desarrollo emocional y social transcurre de manera normal. En Alemania está permitido que las parejas homosexuales adopten desde el 2005, y desde el 2017 se pueden casar. Aun así hay críticas a la copaternidad, conformadas tanto por co-padres homosexuales como heterosexuales. Son sobre todo dos acusaciones las que siempre se hacen. La primera consiste en que los padres no deciden tener hijos por amor, si no por motivos egoístas (se utiliza incluso el término “familias narcisistas” para este fenómeno).
 
–Como si las parejas tradicionales fueran a elegir tener hijos por puro altruismo– se lamenta Jochen –Tienen hijos, porque quieren tenerlos, y nosotros tenemos hijos, porque queremos tenerlos. Su punto de partida es una relación amorosa, el nuestro es la amistad. ¿Eso es realmente tan malo?
–Precisamente– le respondo.–Algunos aseguran que lo es. Los niños deben de saber que sus padres los aman, de esta manera aprenden a amarse ellos mismos–.
Cuando hago alusión a esta segunda acusación a la copaternidad mis interlocutores tuercen los ojos–¡Ya hemos escuchado eso tantas veces!–.
–Primero– dice Jennifer –nuestras hijas son deseadas y las amamos, si es que les faltara algo definitivamente no sería amor.
–Segundo– dice Christine– sus abuelos, familiares y amigos son parte de su entorno, entonces si realmente necesitaran modelos para aprender como formar una relación seguramente los van a encontrar.
–Tercero– dice Jochen– ¿De dónde viene esta certeza de que un niño aprende a amar en una familia tradicional? Todos conocemos a alguna persona que haya sufrido por la relación complicada entre sus padres.
–Y cuarto– se ponen todos de acuerdo– el concepto de familia cambia constantemente. Antes el matrimonio era un contrato: el hombre tenía que traer el dinero y la mujer tener hijos (en este acuerdo el amor estaba fuera de la discusión). La idea de que los padres tienen hijos porque se aman es nueva en comparación: surgió en el siglo veinte como consecuencia de la emancipación de las mujeres que se liberaron progresivamente de la dependencia legal y económica del marido.
–Si uno analiza la historia, de hecho la copaternidad no es para nada la revolución en sí– argumenta Christine– sino más bien el hecho de que hoy en día podemos elegir: Cualquiera puede formar la familia que le convenga.
 
Para proteger la esfera privada de su hija, Jennifer solicitó que en este texto se le llamara Mathilde a su hija. En realidad se llama de otra manera.