Artículo Sobre las acciones en el territorio

Prueba y desarrollo de las acciones en el parque San Borja. En este segundo relato, los artistas y curadores se ven enfrentados a varios retos técnicos y conceptuales. 

Territorios desplazados 10 "Las bicis que hablan" en movimiento | Foto: © Goethe-Institut Chile Llega el momento. En la plaza central de las torres San Borja, a un costado del parque y de improvisadas viviendas de personas en situación de calle, se inicia la primera acción, correspondiente a la lectura del texto transcrito de María da Penha (hasta este momento pensada como prueba, luego entenderemos que ahí se ha iniciado todo. Valdría la pena reflexionar luego, en el marco de este tipo de acciones, la distancia entre la prueba y la “de verdad”). Se comienza a hacer latente el interés por el buen registro de las acciones, así como el reforzamiento de la idea de ausencia de un “público”, lo que sucede no sucede para alguien y, sin embargo, sucede para todos.

Igor comienza a organizar la lectura y se ubican todos en círculo; pasado un rato se reagrupan dispersos y equidistantes ocupando un amplio perímetro del lugar. A algunos transeúntes les llama la atención y miran, unos se acercan, otros continúan caminando, pienso que unos y otros, de todos modos, escuchan. Se repite una y otra vez la lectura y, al parecer por indicación de Igor, va subiendo el volumen. Fin. Comienza el grupo a desplazarse hacia el parque para la prueba de la siguiente acción. La voz en vivo ha dado cuenta de su potencia, la resonancia de la arquitectura colabora y María da Penha ha sonado alto a través de la voz de estos “otros” que dicen “yo” por ella, trayéndola hasta acá y llevándola cada uno consigo. 

Se inicia la prueba de la segunda acción: la instalación de parlantes en los juegos de niños. Se dispone de una cinta adhesiva para poder ubicar los parlantes en árboles y juegos. Sabina y Julio discuten respecto a cómo organizar los dispositivos en el espacio, Julio y Mauricio ubican los parlantes en los árboles. Buscan la mejor forma de que la cinta adhesiva pueda sostener el parlante sin obstruir la fuente sonora. La potencia de los dispositivos parece funcionar. Junto a los audios se coloca un pequeño foco de luz que marcará los puntos de emisión. Al parecer, la amplificación, con que cuentan los adolescentes bailarines del parque, tiene mayor potencia que la que se había podido constatar en visitas anteriores, lo que genera que el volumen de los parlantes sea insuficiente para propagar el sonido fuera de la zona de juegos.

Se acerca personal del parque a consultar por la actividad, todo en orden. Al parecer, los parlantes y luces quedarán dispuestos desde la prueba en el lugar. De algún modo, los propios juegos funcionan como parte de la instalación. Es, quizás, la acción que con mayor claridad se ha configurado desde el espacio. Las propias pistas que se superponen han sido elaboradas con una perspectiva temática: lo infantil. Voces de niños que cantan, ruido de fierros usados como instrumento de percusión, alguna vez, en algún lugar de Uruguay y la voz de un niño que habla sobre el desaparecido Hospital San Borja. Los curiosos se ven seducidos por las luces y el sonido, pero deben esquivar las pozas de agua que ha dejado la nieve caída durante la mañana en Santiago. La suma de estas cosas hace que, para oír, las personas se vean obligadas a cierto esfuerzo físico y a adoptar extrañas posiciones. Lo que podría leerse como una dificultad, parece, más bien, una potencia.

Parte la prueba de la acción de las bicicletas. Comienzan a dar vueltas con los audios sonando, dibujando circuitos alrededor de la plaza al centro del lugar. En la prueba, cuesta identificar unidad. El fuerte sonido de la música de los niños que bailan, quizás, pone en riesgo la capacidad de audición del material. Se buscan alternativas para optimizar la recepción del sonido. Se dejan las bicicletas estacionadas con los parlantes sonando, de algún modo, recuerda a las antiguas motocicletas utilizadas por Carabineros, las que popularmente fueron conocidas como “motos que hablan”, estas son, pues, las bicis que hablan. El viento derriba una y otra vez el pendón institucional del proyecto, varios buscan resolver el problema. Vamos a la próxima. Quizás, aquello que hace pensar que la acción no es completamente efectiva, es en sí una oportunidad de reflexionar otros asuntos. El sonido debe dialogar acá también con la velocidad, con el desplazamiento, ya no como metáfora. El sonido que se pierde con el viento, generado por el movimiento, hace pensar en la materialidad del sonido, casi se da a la vista su disipación en una huella tras la bicicleta.

Se inicia la prueba de los “Parlantes humanos”. Algunos personas se acercan y comparten los audios sentados en alguna banca o de pie. Al frente, Igor juega fútbol con un par de niños. Algunas de las personas abordadas por la acción preguntan por el origen del material. Da la impresión de que los sonidos se diluyen en un entorno sonoro muy ruidoso que mezcla los distintos amplificadores con que los niños bailan al centro de la plaza. Las acciones, sin embargo, logran articular una dinámica paralela que instala relaciones, tránsitos y disposiciones espaciales no habituales. Óscar se suma a “chutear” con Igor y los niños. Debe ser, de las acciones con parlante, la que se da a la escucha con mayor eficacia. La proximidad propicia esa buena recepción, al mismo tiempo que genera una cercanía corporal que funcionará como contrapunto del megáfono, lo micro, el pequeño encuentro, también configura comunidad, pienso mientras se alejan esos cuerpos al concluir la acción. Mauricio invita al grupo a dirigirse al monumento de Carabineros de Chile para iniciar la prueba de la siguiente acción.

También en las cercanías del monumento hay jóvenes bailando con parlantes que amplifican su música. Se inicia la prueba de la denominada “Batalla de canciones”. Algunos transeúntes que pasan por la Alameda se detienen a mirar y oír, otros continúan caminando. Con el monumento a sus espaldas Raphael (Brasil), Gabriela (Argentina), Shana (Brasil) y Mariano (Argentina) cantan por turnos, provistos del megáfono, mirando hacia la Alameda. Voces combativas, gritos y cantos de manifestaciones que emergen aquí como un muestrario del ingenio y las reivindicaciones de la región.  La sonoridad del megáfono y el gesto de situarse frente al monumento funde la acción con el espíritu de resistencia propio de la manifestación callejera, la acción es, de algún modo, ambas cosas. Ya de regreso al parque, se prueba la lectura de María da Penha, ahora, frente a la capilla de Carabineros.

Se inicia, nuevamente, la acción de las bicicletas. Entonces, se hace evidente, la prueba de las acciones ha devenido en la intervención en sí. Se discute cómo abordar la acción del poema Cadáveres en torno al monumento. Se ejecuta la acción, varias personas con los parlantes y luces rodean el monumento. Cerca de los parlantes humanos es posible identificar el sonido del poema, pero se funde con la música de los jóvenes que bailan a un costado y que se mantienen en la indiferencia ¿De qué hablaría esa actitud desinteresada? ¿Se trata sólo de un ensimismamiento epocal o las acciones fallan en términos estratégicos para dialogar con esos jóvenes? La acción parece querer decirle algo al monumento, el poema funciona como un modo de ingresar hacia lo que está más allá de las vallas. Una especie de conjunción entre la luz y el sonido que emana de las personas que rodean el monumento parece arrojarse sobre él y sus alrededores. Naturalmente, todo tiende a concentrarse en la cripta de los mártires.

El carabinero de punto fijo de la caseta en las afueras del parque ha salido de su lugar y se pasea inquieto, al parecer es sólo el frío que, a esas alturas, pone a prueba nuestros cuerpos. Se han dispuesto sobre algunas de las bases para antorchas, al interior del monumento, parlantes y luces. Los propios “parlantes humanos” han depositado sus dispositivos sobre estas bases, al parecer, de forma espontánea, sin acuerdo previo. En apariencia, la intención es poder ir un poco más allá, algo se le quiere decir a ese monumento y que parece no haberse completado. Finalmente, todas las bases de antorchas han servido de soporte para parlantes y luces, la instalación acompañará la ejecución de la última acción.

Se ejecuta “El alegato” de Gabriela, lectura por el megáfono de la transcripción del testimonio de un militar y capellán. Gabriela lee mientras su voz se amplifica con el megáfono. Ahora da la espalda al monumento desde el otro lado, mirando hacia el parque. Llama la atención la persistente indiferencia de los jóvenes a un costado pues, a diferencia de los parlantes, el megáfono irrumpe con potencia en el ruidoso ambiente sin que ellos reaccionen. Con el final de la lectura por megáfono, se comienzan a retirar desde los soportes de las antorchas las luces y dispositivos de audio. Al parecer, todo ha terminado. Superposiciones y desplazamientos, atravesados por líneas de luz blanca y de sonido, quedan vibrando en el parque mientras nos alejamos a paso seguro, pero sin prisa. No nevó otra vez, como se había pronosticado, pero el frío ha congelado mis manos, pienso mientras guardo mi teléfono al terminar la última nota de dictado por voz de mi pauta para esta descripción.