Las bibliotecas como parte de la economía colaborativa Todo, menos anticuado

La Biblioteca Nacional Alemana en Fráncfort del Meno es desde hace tiempo una pieza de la economía colaborativa.
La Biblioteca Nacional Alemana en Fráncfort del Meno es desde hace tiempo una pieza de la economía colaborativa. | Foto (detalle): © Thomas Meyer / Ostkreuz

Desde siempre, las bibliotecas han sido un espacio de intercambio directo, tanto de conocimientos como de objetos. En ese sentido, y aunque muchos no tengan conciencia de ello, forman históricamente parte de la economía colaborativa, también conocida como shareconomy. La popularidad que la práctica del intercambio ha ganado en los últimos años, coloca sin embargo a las bibliotecas frente a nuevos desafíos.

Ya se trate de libros, autos, alimentos, compartir se ha transformado en la nueva manera de  poseer. Cada vez más personas se suman a la tendencia de la shareconomy, en cuya lógica las personas se prestan mutuamente objetos o espacios y comparten informaciones y conocimientos. Las bibliotecas son parte de esta economía colaborativa desde mucho antes de que el término y la práctica entraran en boga, sin embargo, rara vez se las tiene en cuenta al hablar de esta creciente tendencia.

"Las bibliotecas son vistas a menudo como un dato de la causa, algo que siempre ha existido”, dice Andrea Krieg, directora de la biblioteca municipal de Karlsruhe, “Nuestro concepto, sin embargo, es todo menos anticuado. Quizá podamos aprovechar la posibilidad que nos ofrece esta nueva denominación para volver a explicarlo."

Las bibliotecas son mercados

Las bibliotecas permiten un acceso económico a bienes culturales y fuentes de información. En su calidad de instituciones públicas, se ofrecen a sus usuarios como Sharing-Partner y le ofrecen a la práctica de esta modalidad un marco institucional. Sin ninguna finalidad comercial, las bibliotecas ponen a disposición de su público, libros, DVDs y CDs. Los sistemas de préstamos electrónicos hacen posible, además, el uso de muchos medios desde cualquier lugar y en cualquier momento. Junto al hogar y al trabajo, las bibliotecas constituyen un tercer espacio donde sus usuarias y usuarios pueden acceder sin costo a actividades colectivas, como por ejemplo cursos de aplicaciones computacionales. Por medio de modalidades organizativas como el co-working, las bibliotecas públicas - especialmente las más grandes- buscan captar nuevos grupos objetivo para llegar hasta ellos con sus servicios.

Diversas variaciones del compartir

Las bibliotecas alemanas ofrecen un amplio y diverso espectro de prestaciones en las áreas del préstamo y del intercambio, entre los cuales se cuentan también servicios de acceso a streaming. Para estos efectos, las bibliotecas adquieren licencias de música y películas y pagan también para que sus usuarios y usuarias puedan acceder sin costo a revistas y bancos de dato online. La lógica colaborativa que anima el quehacer de las bibliotecas públicas abarca también el intercambio directo entre los usuarios. Así, por ejemplo, la biblioteca municipal de Múnich ofrece tándems de idiomas, a través de los cuales los participantes pueden profundizar sus respectivos manejos de idiomas extranjeros. En Colonia, por su parte, la biblioteca municipal ofrece talleres en los que, bajo el nombre de makerspace, se juntan personas a aprender mutuamente cómo construir, por ejemplo, un robot o una pajarera.

En Stuttgard y en Bremen, los usuarios y usuarias pueden llevarse en préstamo y sin costo obras de arte. La “Biblioteca viva” en el centro cultural Gasteig de Múnich ofrece incluso la posibilidad de “pedir prestada” a una persona por media hora, para entrevistarla sobre profesiones poco comunes o sobre su país de origen.

Otra tendencia que ha cobrado gran impulso en los últimos años es el intercambio de bibliotecas particulares a través de estanterías, cabinas telefónicas acondicionadas y pequeñas vitrinas colocadas en lugares públicos. Estas instancia, a menudo propiciadas por iniciativas ciudadanas, permiten que los libros transiten de mano en mano, sin necesidad de contar con un carnet de biblioteca. De vuelta en las bibliotecas públicas, se observa una creciente oferta de encuentros virtuales o físicos de grupos de lectura y clubes de lectores, En Leipzig, por ejemplo, el Jurado de literatura juvenil, compuesto por 24 chicas y chicos de entre 14 y 19 años, escoge anualmente sus seis títulos favoritos, que son presentados durante el año en la biblioteca municipal, por los mismos miembros jurados o por renombrados personajes de la política, la economía o la cultura.

Enfrentar a la competencia con la vista puesta en el futuro

Si bien las bibliotecas públicas son un actor tradicional de la economía colaborativa, hoy deben enfrentar dentro de ese contexto una creciente competencia de instituciones privadas externas al sistema bibliotecario. En la actualidad, existen diversas plataformas digitales que ofrecen el servicio de intercambio y la adquisición compartida de libros, como, por ejemplo, Free Little Library o Bookelo. Las bibliotecas públicas, sin embargo, tienen en su calidad de instituciones sin fines de lucro orientadas a la utilidad pública una poderosa herramienta para perfilarse y hacer frente a las iniciativas comerciales en este ámbito. Un estrecho seguimiento del mundo de la economía colaborativa puede contribuir además a la generación de nuevas ideas, que permitan a las bibliotecas reajustar su tradicional función al renovado escenario de esta modalidad. El diseño de nuevos formatos de actividades, la disposición de locaciones atractivas y el ofrecimiento de una asesoría calificada constituyen un valor agregado sustentable frente a las plataformas de intercambio comerciales.