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El Espacio Schengen
Sin fronteras

Cuando cruzamos fronteras nacionales dentro de la UE, no encontramos ya las antiguas barreras. Desde 1995, el Acuerdo de Schengen garantiza la libre circulación. Pero ¿qué pasaría si regresaran a su antiguo lugar todos los controles fronterizos?

De Eric Bonse

Grenzen
Illustration: © Goethe-Institut / Ricardo Cabral

Hoy apenas podemos ya ni imaginarlo, pero, hasta el 26 de marzo de 1995, quien quisiera pasar de Alemania o Portugal a otro país de la UE tenía que enseñar su documento de identificación y prepararse para un largo tiempo de espera en la frontera. Muchos países de la UE, es más, tuvieron que esperar hasta 2001 o –en el caso de los nuevos miembros– hasta 2007 para sumarse al Acuerdo de Schengen, que garantiza la libertad de circulación irrestricta.

La supresión de las fronteras interiores supuso una mejora enorme sobre todo para los países con situación más periférica, como Portugal. No encontrándose ya “aislados” del resto de la UE, pudieron ampliar notablemente su actividad comercial y turística. En cualquier caso, Schengen trajo también consigo nuevas fronteras exteriores de la UE. Lo cual creó problemas imprevistos, como se pudo ver, ante todo en Grecia, durante la crisis de los refugiados.

La intensa afluencia migratoria a través de fronteras exteriores desprotegidas fue el motivo que algunos países de la UE esgrimieron a partir de 2015 para reintroducir controles fronterizos y dejar parcialmente en suspenso el Acuerdo de Schengen. Con ello, según criticaba el periódico portugués Jornal I, se estaba socavando una “piedra angular del proyecto europeo”.

Verjas, barreras y otros dispositivos para impedir el paso supondrían una amenaza para la paz lograda con el Acuerdo del Viernes Santo

Otra voz de alarma vino, desde Alemania, de los expertos de la Fundación Bertelsmann, que afirmaban en un estudio que el final de Schengen podría causar pérdidas gravísimas en el crecimiento económico europeo: para el conjunto de la UE, se preveía una merma de 470.000 millones de euros hasta el año 2025. Por el momento, no obstante, estas advertencias no se han confirmado. El sistema Schengen no se ha venido abajo; la libertad de circulación sigue funcionando pese a controles ocasionales.

Las consencuencias trágicas que podría traer consigo reintroducir fronteras en Europa quedaron claras en el conflicto sobre el brexit y la salvaguarda irlandesa. Bruselas persiste en dicha solución de emergencia con la idea de que, tras abandonar los británicos la UE, se impediría así una nueva “frontera dura” entre Irlanda y la Irlanda del Norte británica. El temor de Bruselas es que verjas, barreras y otros dispositivos para impedir el paso supondrían una amenaza para la paz lograda con el Acuerdo del Viernes Santo.

Las fronteras en Europa, pues, siguen siendo un tema explosivo, y no solo por razones económicas. Restaurarlas por tiempo indeterminado supondría un problema enorme no solo para Irlanda o para Portugal.

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