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Las subvenciones agrarias
Parte de la cultura europea

Francia fue la iniciadora de la PAC, la política agrícola común de la UE, que hoy asegura en muchos países la diversidad de alimentos. ¿Qué pasaría si la UE dejara de prestar ayudas a la agricultura?

De Eric Bonse

Agrarsubventionen
Illustration: © Sara Quod

La Política Agraria Común es uno de los pilares que sustentan la Unión Europea. Ha sido asunto de discusión desde su puesta en marcha en 1962, hasta hoy en que el mismo Presidente de los EE. UU. Donald Trump arremete contra el supuesto juego sucio de las subvenciones agrícolas europeas. ¿Qué ocurriría si la UE dejara de prestar ayudar a la agricultura?

Francia es el país que más se hace esta pregunta desde el momento en que la Comisión Europea empezó a rebajar la cuota de ayudas agrarias dentro del presupuesto de la UE. Francia fue el país que inició la política agraria común –la PAC– y el que más se ha beneficiado de ella. Con casi 9.000 millones de euros (2015), los agricultores franceses perciben más que todos los demás.

Pero también en Alemania, Italia o Irlanda hay campesinos dependientes de las transfusiones de Bruselas. Para muchos agricultores, las ayudas de la UE suponen una garantía de que sus explotaciones mantendrán la rentabilidad y podrán salir adelante en el mercado. Sin las subvenciones, no tendrían otra posibilidad más que buscar ayudas nacionales... o, en otro caso, cerrar.

Con la falta de productos agrarios autóctonos se verían también amenazadas la diversidad y seguridad de los alimentos

Renacionalizar la política agraria, sin embargo, llevaría a una competencia ruinosa, cuyos principales beneficiarios serían los países grandes de la UE. Las regiones rurales, ya de por sí desfavorecidas hoy, quedarían aún más rezagadas. Se vería amenazada la cohesión, que es lo que mantiene juntos a la UE y sus miembros.

Y ¿qué ocurriría si la UE renunciase por completo a una Política Agraria Común? Es difícil decirlo, pues hasta el momento dicho escenario no ha estado nunca en discusión Bruselas. Una cosa está clara: la agricultura europea, comparativamente muy fragmentada, tendría problemas a la hora de hacer frente a las gigantescas explotaciones estadounidenses.

Con la falta de productos agrarios autóctonos, por otra parte, se verían también amenazadas la diversidad y seguridad de los alimentos. Es posible que los viticultores sobrevivieran si se terminasen las subvenciones de la UE, no así probablemente los ganaderos porcinos o vacunos. La amenaza afectaría también a las aceitunas de España o el queso feta de Grecia. No se trata tan solo, pues, de mucho dinero, sino también de una parte importante de la cultura europea.
 

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