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Luisa Richter – Vida y Obra
Libertad expresiva

Texto: Elida Salazar
Artistas de proveniencia europea se establecen en Venezuela gracias a la política de “puertas abiertas” ocurrida durante la década de los años cuarenta del siglo XX, cuando se fomentó una inmigración que ejercería numerosas influencias en nuestra cultura. Estos inmigrantes con formación académica trazarían parte del primigenio arte moderno y contemporáneo venezolano. 

 Thomas y sus amigos, Recorte Thomas y sus amigos, Recorte © Luisa Richter

Para la década de los años cincuenta, fecha en la que la mayoría de los artistas inmigrantes desarrollan su obra en el país, la pintura abstracta estaba polarizada en dos grandes estilos: el abstraccionismo geométrico y la abstracción libre o lírica. Ambas corrientes representaban tendencias que se desarrollaban en el ámbito internacional o por reflejo de las vanguardias europeas recién llegadas al país. De allí que los conceptos, en casi todos los casos, podrían reducirse a dos opciones principales: voluntad del diseño y libertad expresiva.
En el marco de esta libertad expresiva, la luz juega un papel esencial en la pintura de Luisa Richter. En el resplandor de sus obras y en los contornos de ocultamiento y revelación brilla la clave de la luz de los trópicos. Pero no es el sol directo lo que deja surgir esta irradiación en su obra abstracta, sino también los rayos filtrados por la atmósfera de los cielos de Caracas, esos que Luisa Richter ve por primera vez en 1955: “Cuando llegué aquí, la atmósfera en sí me atrapó…para mí no fue ningún choque, todo lo contrario, para mí se abrieron los aromas de la tierra, los aromas de la atmósfera, la constelación de los grises y azules en el cielo, y pensé en que forma podría pintar todo eso. La llegada a Venezuela fue un salto hacia un mundo desconocido y me produjo algo sorprendente, casi podría decir poético, porque cuando salí del barco ya aquellos aromas, aquella atmósfera tropical me produjeron bienestar, esperanza…Cuando llegué aquí con la experiencia de haber sido alumna de Baumeister, traté de mezclar los recuerdos con la nueva situación visual y existencial .” (1)
Aparte de dedicarse a la pintura, la poesía y sus reflexiones teóricas, durante muchos años Luisa Richter imparte clases en el Instituto de Diseño Neumann, y es fundadora de Prodiseño, ambos en Caracas. Aquí: “Logré que mis estudiantes estuvieran fascinados por las artes plásticas, y por esos senderos, esos saltos, esos puentes que uno consigue al mezclar su propia fantasía con la tradición. Entonces era el hacer, el practicar, eran las ganas de pintar – como cada día un músico tiene que hacer sus ejercicios porque, si no, no avanza-. Y así cada uno tiene la capacidad de ver hasta dónde llega. Eso yo lo podía sembrar en la conciencia y en el camino de esos estudiantes.” (2)
Luisa Richter vivió 60 años en Venezuela, su preocupación por el país, por la ciudad, por la educación fue siempre permanente: “Yo amo Caracas, y a mí me encantaría ayudar en la educación, a pesar de que ya no estoy tan joven. Por eso cuando  vino recientemente a mi casa un grupo de jóvenes arquitectos de la Universidad Central de Venezuela con la idea de desarrollar en Caracas una nueva Bauhaus –eso quiere decir crear un nuevo Instituto de Diseño destinado a desarrollar el diseño de muebles y objetos en las nuevas empresas del país- también vi ahí la posibilidad del uso del arte para los ciudadanos: hay que educar para mejorar una ciudad que tiene que recuperarse”, expresa entonces Luisa Richter en el 2007. (3)
Por intensidad de una obra siempre en contrapunto entre el rigor y la libertad, Luisa Richter recibe en Caracas, importantísimos premios otorgados por trayectoria artística en el país: Premio Nacional de Dibujo y Grabado, 1967; Premio Nacional de Artes Plásticas y Educación, 1982. En el año 2010 recibe el doctorado Honoris Causa de la Universidad Simón Bolívar. 
En sus últimos años la pintora Luisa Richter reflexionó con marcado interés sobre la pintura y la palabra, y por la relación entre ambas. Cerró sus ojos en Caracas, la ciudad que tanto amó, a sus 87 años, una madrugada del 29 de octubre de 2015. La vida,  obra y lecciones de Luisa Richter, parecieran decirnos que no hay una muerte definitiva de los seres, sino una entrega en la disolución hacia otras formas o hacia la conquista de la libertad.
 
 
María Elena Ramos. Diálogos con el arte. Entrevistas 1976-2007. Editorial Equinoccio, Universidad Simón Bolívar. Caracas, 2007, pág. 243
Idem, pág. 253
Idem, pág. 254 

 
 

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