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Luisa en estado (recorte)Luisa en estado (recorte) © Luisa Richter

Luisa Richter – Vida y Obra
Años 1960

1961

En Besigheim destruye veintiún obras informalistas y comienza nuevas indagaciones en una serie de dibujos: “Cruces y conexiones”. Algunos de estos dibujos son homenaje a Ovidio y al mundo greco-latino. Importantes son temas como la crucifixión, las calaveras y los cuerpos cadavéricos ejecutados no siempre con una línea nerviosa, sino con trazos repentinos y manchas expresivas. Algunos de estos dibujos, difíciles de situar en la obra de la artista, denotan ya herramientas gráficas que su autora seguirá en los próximos años.
Realiza litografías con Erich Mönch en su antigua escuela, la Academia Nacional de Artes Plásticas de Stuttgart y su obra es incluida en la muestra “Pintura venezolana 1661-1961” en el Museo de Bellas Artes (MBA) en Caracas.

 

1962

Individual en la Galería El Muro, de Caracas. Participa en la itinerante “Diecisiete pintores venezolanos” (Nueva York, Jerusalén, Tel Aviv, Haifa).


1963

Nace en Caracas su segundo hijo, Marcus Albert.
Estudios gráficos sobre “Vida, Origen y Germinación”.
Participa en el XXIV Salón Oficial Anual de Arte Venezolano, donde recibe el Premio Emil Friedman de Dibujo; en la itinerante “22 pintores venezolanos” (Lima, Montevideo, Santiago de Chile) y en la colectiva “Pintura venezolana contemporánea”, en Bogotá.
Su iconografía se confronta con la figuración. Sigue con sus trabajos de impresiones gráficas en el taller de Luisa Palacios en Los Rosales, Caracas.


1964

Expone en una individual de dibujos – la primera en el país en esa disciplina – en el Museo de Bellas Artes (MBA). De este año es su cuadro “Molloy”, donde el imperio de la geometría termina rompiendo el cuerpo humano.
Exposiciones colectivas en Berlín y Baden-Baden („Südamerikanische Malerei der Gegenwart“).
Participa en la Bienal de Córdova, en Argentina. Allí consolida una de sus investigaciones más fecundas: el collage, “un todo de fragmentos”, como dice la artista.
Estas obras han alcanzado tal refinamiento que han enfocado la atención de muchos críticos. Inicialmente la artista usó viejos dibujos, grabados o serigrafías, jirones o gouaches, fragmentos de técnicas opuestas o paralelas, pero pronto compromete a sus óleos y dibujos en el proceso del collage. Es este principio el que ha permitido obras trascendentes como “Crucifixión” (collage y gouache sobre tela, 1981) o “Tejido sideral” (óleo y collage sobre tela, 1983).


1965

Cuadros con mitologías sincréticas (“Casandra-María Lionza”) y crítica social.
Individual en el Museo de Bellas Artes (MBA), Caracas, esta vez con pinturas.
Colectivas en Caracas (“Evaluación de pintura latinoamericana, años 60”, Museo de Bellas Artes-Ateneo de Caracas) y Austin, Texas (Braniff Collection Exhibition).
1966
Aguafuerte, punta seca, litografía y serigrafía son algunas de las disciplinas que la artista más ha frecuentado a través de los años y en las que resalta una caligrafía autorreflexiva.
Su obsesión por la visión fragmentada del mundo la ha llevado, sin embargo, a mezclar disciplinas e incluso intervenir las ediciones una vez impresas.
Participa en la colectiva “The Emergent Decade” del Solomon R. Guggenheim Museum, Nueva York, una de las muestras de arte latinoamericano más seductoras y proféticas de la época.
Recibe el Premio Nacional de Dibujo y Grabado durante la Exposición Nacional.


1967

El terremoto de Caracas y la muerte del Che Guevara reafirman una angustia existencial en la obra de la artista.
Individual en la galería XX2 (Dibujos) y participación en el XXVIII Salón Oficial Anual de Arte Venezolano.
Inicia sus retornos anuales a Alemania.


1968

Mayo francés. Ecos en Berlín y en las universidades de Caracas.
Nueva muestra en la Galería XX2 (“Los farsantes”) y participación en el XXIX Salón Oficial Anual de Arte Venezolano.
Trabajos sobre el espacio escénico.
Inicia su serie de “Pasajes” (“los Espacios planos”), a cuyo nombre queda indeleblemente ligada: “los Espacios planos se insertan dentro de la proposición ‘jugar y reducir la ilusión de paisajes y profundidades’. Comencé entonces a consolidar […] la tarea fundamental de enajenar el paisaje que se anunciaba entre 1956 y 1963. Mientras que durante aquel tiempo de una especie de informalismo me interesaba la unión entre la tierra y la luz, hoy me concentro en características de la pintura que están relacionadas con la suspensión de la relación unívoca sujeto-objeto, y con situaciones lejanas entrelazadas de modo poliperspectivo, que coinciden con aquel cambio actual nuestro de la conciencia de la realidad, la cual no sólo se manifiesta en la poesía y la novela, sino de igual manera en las hipótesis verdaderamente surrealistas de la física moderna”, dice la pintora.


1969

Individuales en el Museo de Bellas Artes (Dibujos) y en la galería Buchholz de Bogotá. Empieza a dar clases de dibujo analítico y composición en el Instituto de Diseño de la Fundación Neumann (hasta 1987). Sus enseñanzas pasan a alumnos como William Stone, Felipe Márquez, Jorge Pisani, Pancho Quilici y Patricia van Dalen, quienes se apartan de los preceptos del instituto para abrazar las vías del arte.
Para Luisa Richter, como para Baumeister, la docencia es parte de la labor del artista: “cuando yo leo un libro sobre arte y me apasiono, sus reflejos transcurren después en mis cuadros o en mis clases. Esa confianza, no digamos familiaridad, que yo tengo con mi pintura, trato de pasársela a mis alumnos. Sin embargo, en cada uno de ellos es diferente la batalla que deben librar para pasar del mundo de la tridimensionalidad al plano, que es, en definitiva, la pintura”.