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Elisa Arráiz Luca

Elisa Arráiz Luca teaser
© Marta Helena González Herrera

Ser emigrante es un tremendo aprendizaje y, aunque pareciera que nadie debería vivirlo, para mí sería parte de lo que uno debe experimentar como una asignatura de vida.

¿Qué significa para usted la palabra emigrante?

La palabra emigrante me sugiere nuevos comienzos, pero con un tiro en el ala. Hay que empezar de nuevo en otra parte donde tenemos pocos conocidos y donde estamos en cero con respecto a costumbres, comidas y pasiones. Emigrar es dejar morir casi todo lo que uno ha vivido y comprender que lo que viene es lo que hay. Emigrar es casi aceptar lo que en el pasado parecía inaceptable y admitir lo que era inadmisible, todo para salir adelante. Ser emigrante es un tremendo aprendizaje y, aunque pareciera que nadie debería vivirlo, para mí sería parte de lo que uno debe experimentar como una asignatura de vida.

¿Cómo eligió el país en el que vives? ¿Cuáles fueron las motivaciones?

Como ha pasado a muchas familias venezolanas, primero se fueron los hijos, jóvenes y con buenos estudios que podían ser validados en el exterior y luego han ido saliendo los mayores, no todos, lo cual es la propia aventura: ya que estábamos hechos a la idea de donde reposarían nuestros huesos. En mi caso particular, mis hijos se establecieron en diferentes países, dos en Europa, Suiza e Italia, y uno en Norteamérica (…). Me quedé en Miami donde ya habitaban muchos venezolanos desde hace varias décadas y donde siguen llegando venezolanos hasta el día de hoy.
  Viernes a la sombra Foto © Alfa Grupo Editorial
¿Cómo ha sido su incorporación a la nueva cultura: siente que ha transformado la suya?

Yo sigo siendo caraqueña de pura cepa, así que no es fácil transformarme, pero me he dejado invadir por el confort de la vida norteamericana y por algo que me encanta de este país y es que, si uno tiene la razón y discute su punto de vista con cualquier funcionario o ente público (…). Pero yo no he perdido mi cultura original, imposible, solo disfruto de esta otra que muchas veces me asombra. Mi cultura venezolana se siente con fuerza al entrar a mi casa, inclusive cuando me asomo a mi ventana mayamera distingo la silueta azul del cerro Ávila con Caracas a sus pies.
 
¿Se relaciona con venezolanos en general y/o en su espacio laboral?

Sí, me relaciono mayormente con venezolanos, me mudé específicamente para donde se establecen los venezolanos porque me gusta encontrarlos en el supermercado y la panadería. Uno pierde demasiado y por eso está a la caza de momentos que podrían haber sucedido en Venezuela, en Caracas, la ciudad que más amo.  
 
En caso afirmativo ¿cómo es su relación con ellos?

He desarrollado relaciones de trabajo sobre todo con gente que escribe o que desea aprender a escribir, al igual que en Caracas. (…). Los venezolanos están desarrollando un movimiento cultural interesante en Miami, han traído el mismo empuje. El amor por las artes plásticas que se siente en Caracas y el interior del país se ha instalado en esta ciudad. La oferta es inmensa. Por otro lado, la literatura comienza a manifestarse, ha sido importante la aparición de Altamira Libros, una librería que es punto de encuentro para los venezolanos que aman leer. También la gastronomía venezolana tiene su responsabilidad en que mis compatriotas se vean y se busquen en esta ciudad. La creatividad del venezolano se nota a cada momento, es una de nuestras características, junto a personas con muy buenos estudios, bien preparados. Todo esto hace que se presenten casi a diario oportunidades de crear nuevas amistades significativas y proyectos que sí van a funcionar.
 
¿Cómo es su contacto con Venezuela desde el exterior?

Mi mayor contacto es directamente con familiares y amigos, siendo los temas por lo general personales y la política. Ya no tengo ningún contacto laboral con Venezuela, hasta mi editorial, Ediciones B, optó por irse del país, cerraron sus puertas. Aunque siempre estoy pendiente de lo que pasa en Venezuela a través de los medios sociales, ahora me abstengo de opinar, he perdido la capacidad de entender una situación tan particular y temo molestar a las personas que quiero, porque allá los sentimientos están a flor de piel, con razón, dadas las circunstancias (…). Una de las características de emigrar es que uno se vuelve muy reflexivo y cauteloso.
 
¿Consideras que su experiencia en el exterior ha enriquecido su carrera? ¿Cómo y por qué?

Pues sí, por lo mismo que viajar abre los horizontes, el contacto con otras culturas es pura ganancia. Yo me he hecho más dependiente de mis habilidades que de mi entorno o familia, y eso me da una sensación poderosa; también he aprendido a batallar por todo, hasta por lo más mínimo, sin sentirme víctima sino como parte de un engranaje que funciona. He recobrado la esperanza en las personas y en las instituciones. Esa esperanza era insostenible en mi país, para mí se convirtió en una locura pensar que había un futuro próximo exitoso, ni para mis hijos, ni para mí, por eso hemos luchado como familia para tener una vida más deseable. Yo pienso que uno siempre debe buscar lo mejor, sin descanso, debe confiar más en su carga genética que en las circunstancias de su nacimiento.

Elisa Arráiz Lucca
Escritora venezolana.

Lugar de nacimiento:
 Caracas.
Lugar actual de residencia: Miami, EEUU.
 
Publicaciones:

  • 2004 | Te pienso en el puerto. Editorial Ala de Cuervo, primera edición. Caracas. Editorial Memorias de Altagracia. Caracas, segunda a cuarta edición, 2004-2007.
  • 2007 | Viernes a la Sombra. Alfa Grupo Editorial. Caracas.
  • 2011 | Las Siluetas del Fuego. Editorial Alrevés. Barcelona, España.
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