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Amalia Caputo

Amalia Caputo Retrato
Retrato | Foto © Oriol Tarridas

Vivimos así, incorporando, adaptándonos, manteniendo costumbres y tradiciones de antes y adoptando nuevas. En mi núcleo familiar entendemos que provenimos de culturas distintas y cohabitan estas culturas en nuestros idiomas, comidas y formas de ser.

¿Qué significa para usted la palabra emigrante?

Es quedarse como una orquídea, floreciendo sin raíces, en el aire, sin tierra. Significa el no retorno, la salida forzosa, la llegada imposible, la mirada hacia atrás, la mirada hacia adelante. No ver tierra a lo lejos. La cuesta arriba, el perder la seguridad, el no tener ancla. Añorar cada día a un lugar que no existe más, al que no se puede volver. Vivir recordando lo que fue el pasado. Mirar hacia el futuro, siempre, con el dolor de la pérdida.
  
¿Cómo eligió el país en el que vives? ¿Cuáles fueron las motivaciones?

En principio no emigré. Me fui de Venezuela en 1992 con una beca para hacer una maestría en arte y fotografía en la Universidad de Nueva York y el International Center of Photography. Allí conocí a Oriol, mi marido catalán, y en 1996 nos trasladamos a Barcelona, donde viví casi una década. Todos esos años siempre pensé en volver a Venezuela. 1999 marca el año en que nace mi hijo y se instala el primer gobierno de Chávez, por mayoría, determinando progresivamente que año tras año la vuelta se tornaría bastante improbable. En 2003 volvimos a  los Estados Unidos, yo queriendo siempre acercarme progresivamente a un retorno, pero ello no ha sido posible. Hoy creo que ya no hay vuelta atrás para mi. (…). Me da mucho coraje no poder envejecer en mi tierra y además no creo que voy a llegar a ver el cambio. Es devastador y agotador quedarse sin país.  Aunque te acojan y te adaptes en otros lugares, y estás agradecida, nunca tienes ese ancla que da el saber que tienes un lugar al que regresar. Yo siempre quise regresar, quise desarrollar mi obra allí, y quise aportarle a mi país. No me quejo porque he tenido una buena vida, pero siempre con añoranza de lo que pudo haber sido.
  Shesat Shesat | Foto © Amalia Caputo
¿Cómo ha sido su incorporación a la nueva cultura: siente que ha transformado la suya?

Mi herencia cultural (incluso estando en Venezuela) es la del inmigrante: siempre manteniendo raíces y adoptando nuevos modelos. Mi padre llegó a Venezuela a mediados de los años 50 y es venezolano como italiano. Mi madre es hija de una mantuana mitad inglesa con un norteamericano. Vivimos así, incorporando, adaptándonos, manteniendo costumbres y tradiciones de antes y adoptando nuevas. En mi núcleo familiar entendemos que provenimos de culturas distintas y cohabitan estas culturas en nuestros idiomas, comidas y formas de ser.
 
 ¿Se relaciona con venezolanos en general y/o en su espacio laboral?

Hay muchísimos venezolanos en Miami.  Ahora más que nunca. Los hay en todos los ámbitos laborales. Sí me relaciono aunque  debo decir que no soy muy adepta a los guetos. Me gusta conocer a gentes de diferentes culturas, no soy de las que creo que Venezuela o ser venezolano es ser la tapa del frasco. Soy sumamente crítica con nuestro gentilicio y hay muchas cosas que no me gustan de mi cultura, por nombrar dos: la soberbia y la  viveza. Sólo hay que ver cómo hemos dejado perder a nuestro país, eso habla mucho de nosotros. Creo en la pluralidad, en las mezclas, en lo compartido, en aprender de otros.  (…). No romantizo a Venezuela, por mucho que la quiera. El vivir fuera me lo ha enseñado. A lo largo de estos 25 años también he desarrollado la capacidad de observación y análisis de quiénes somos como gentilicio, con todo lo bueno y lo no tan bueno. De lo bueno rescato  el humor, la sangre liviana y las risas. De lo malo, la prepotencia, la falta de solidaridad y la resistencia a adaptarse que se traduce en críticas continuas al lugar que los recibe. Pero por supuesto, esta es mi percepción, parcial y limitada.
 
Natur Mort Natur Mort | Foto © Amalia Caputo
En caso afirmativo ¿cómo es su relación con ellos?

Aquí tengo a grandes amistades y a muchos conocidos, igual que si viviese en Venezuela. Miami es como una pequeña Caracas y disfruto mucho de reuniones y ocasiones sociales. Hay códigos comunes y no hay que explicarse, eso es muy sabroso, me hace sentir cómoda.
La parte laboral me cuesta más por lo que ya mencioné. (…). Por mi parte, intento ayudar en lo que puedo, hacerles la vida más fácil cuando llegan. Les doy consejos, comparto experiencias, datos. A veces son agradecidos, otras no. Creo que hay que tener una actitud humilde para recibir y adaptarse a una cultura nueva que los acoge.
 
¿Cómo es su contacto con Venezuela desde el exterior?

Furioso, nostálgico, doloroso, triste, rabioso. Impotente. Ciclotímico. Extraño muchas cosas, me duele no poder envejecer allí. Otra vez furioso. Tenía tanto para dar.
  
¿Consideras que su experiencia en el exterior ha enriquecido su carrera? ¿Cómo y porqué?

Vivir siempre enriquece. Vivir implica que uno crece, aprende, añora y sigue. He aprendido mucho en todos estos años, tanto de vivir en Estados Unidos como en España. De acá (Estados Unidos) aprendí que no todo es personal ni pasa por el drama. (…). Creo que después de tantos años, y pese a la nostalgia permanente, no me adaptaría al caos, ni a la falta de respeto, la grosería y el abuso… en fin, todo lo que implica que nada funcione, que ir al banco se convierta en una hazaña de un día, que la noción del tiempo en sea muy laxa e irrespetuosa; y por supuesto no hablemos de la violencia. He aprendido a trabajar duro, como una hormiga, también que hay mucha gente más preparada que yo,  y que uno no es la tapa del frasco.  
 

Amalia Caputo
Artista visual, fotógrafa


Lugar de nacimiento: Caracas.
Lugar de residencia: Miami, EEUU.

Sobre su trabajo: Como artista visual que utiliza esencialmente la fotografía, el video y la instalación, mi investigación gira en torno a la memoria del cuerpo, del espacio y la construcción de archivos fotográficos Ello me ha llevado a plantear la construcción de espacios e instalaciones que permitan negociar con la experiencia de lo que la fotografía es y, promover así el entendimiento de lo que es este recurso que funciona actualmente no sólo como objeto de consumo sino como experiencia vital de reflexión acerca de cómo nos comunicamos.

Me interesa construir un cuerpo de trabajo que continúe la reflexión acerca del hecho fotográfico en todas sus transformaciones actuales, y en los cambios de paradigmas que marcaron su transformación desde la fotografía analógica a la digital. Partiendo desde la mirada íntima y privada (el retrato de estudio, la naturaleza muerta el álbum fotográfico), hasta la red plagada de millones de imágenes con las que convivimos hoy día (Instagram, Snapchat) en forma de grandes instalaciones visuales.

Exposiciones:

  • 1995 Somatic, 80 Washington Sq. East Gallery, Nueva York, EEUU.
  • 2000 Edredón, Convento de Sant Agustí, 10ª Primavera Fotográfica, Barcelona, ​​España.
  • 2003 Masculine Feminine, Oolong Alternative Space, Barcelona, ​​España.
  • 2006 Fe, cuerpo y artificio. Museo Alejandro Otero, Caracas, Venezuela. 
  • 2010 Amalia Caputo. Obra reciente, Beatriz Gil Galería, Caracas, Venezuela. 
  • 2010El beso, Art @ Work, Miami, Florida y Galería Dot Fifty One, Sala de proyectos. Miami, Florida, EEUU.
  • 2012 Correspondencias, Amalia Caputo & Marina Font, 924 proyectos, arte del sur de la Florida Centro, Miami Beach.
  • 2012 | Transferencias, Centro Cultural La Caja Chacao, Caracas, Venezuela.
  • 2014Instacorrespondences. 4ta instalación: Florida Gulf Coast University Art Galleries.  Ft. Myers, EEUU. 
  • 2015 | Instacorrespondences, Amalia Caputo & Marina Font, colaboración continua (Instagram y proyecto basado en exposiciones) 5ta. entrega. Galería La Plataforma, Barcelona, ​​España.
amalia caputo studio

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