Modelo de desarrollo alternativo México ante la economía circular: retos y oportunidades

Pájaros en un vertedero
8 mil 600 toneladas son enviadas diariamente a rellenos sanitarios, como este de Nezahualcóyotl, y solo mil 900 toneladas se van al reciclaje. | Foto (detalle): picture alliance/reuters © Daniel Aguilar

Transitar hacia la sostenibilidad urbana requiere de una estrategia que pueda facilitar un futuro más justo, equitativo y ambientalmente responsable. Qué es la economía circular y por qué es un modelo viable y necesario para megaurbes como la Ciudad de México.

De Cristina Ayala-Azcárraga

Las ciudades generan el 75% de las emisiones de gases de efecto invernadero, consumen alrededor del 80% de los recursos naturales y producen el 50% de los residuos mundiales, lo cual atenta contra el bienestar de sus habitantes y afecta gravemente al ambiente. Ante esta situación se ha buscado que las urbanizaciones adopten modelos de desarrollo alternativos que contemplen como eje crucial la reducción del impacto ambiental. Sin embargo, en muchos casos, la economía lineal dominante ha puesto sus esperanzas en la tecnología como la panacea que permitiría hacer más eficiente el uso de los recursos sin modificar de forma sustancial nuestra forma de producción y consumo, de modo que sigamos extrayendo recursos para terminar desechándolos. Esta visión parece ecológica, pero en la práctica queda corta ante la enorme crisis socioambiental que estamos viviendo. 

La Economía Circular (EC), en cambio, ha ido ganando fama como una forma de dejar atrás los modelos de producción y consumo lineales que desperdician los recursos y los transforman en basura. La EC propone la valorización de los materiales y productos durante el mayor tiempo posible, al promover una transición a las energías renovables y favorecer una reducción en costos de producción, en lugar de destruir rápidamente el valor mediante la creación de residuos. Para esto, la EC propone ver valor más allá de la propiedad, ofreciendo beneficios económicos a partir de la prestación de servicios y la renta de productos. De acuerdo con la Fundación Ellen MacArthur (FEM), la aplicación de la EC a la industria y la agricultura ayudaría a reducir más de 9 mil millones de toneladas de Gases de Efecto Invernadero (GEI) para el 2050.

Lo anterior nos permite sentir esperanza en la implementación de esta visión circular; sin embargo, su ejecución aún representa grandes retos, especialmente en América Latina, donde pocos países han comenzado a transitar hacia la circularidad. La Ciudad de México, por ejemplo, genera un inmenso número de residuos sólidos: diariamente 8 mil 600 toneladas son enviadas a rellenos sanitarios y solo mil 900 toneladas se van al reciclaje. Esta situación hace urgente analizar los retos y oportunidades con los que cuenta esta megaurbe.

Estos son tres de los desafíos más urgentes:

Cooperación

Una parte fundamental de la EC es la cooperación de diversos actores a diferentes escalas. Por ejemplo, a un nivel macro, los gobiernos necesitan incentivar estrategias para que las grandes industrias se vean beneficiadas al transitar hacia la circularidad; mientras que a nivel micro, los emprendedores y la sociedad civil deben dirigir el timón hacia un modelo más responsable ambientalmente. Esta reciprocidad representa un reto, especialmente en países como México, donde se ha reportado que existe un alarmantemente bajo nivel de confianza en sus instituciones. De acuerdo con la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), la desconfianza ciudadana ha crecido en la ultima década y esto ha propiciado una desconexión que pone en riesgo la cohesión social y debilita el tejido social indispensable para pensar en la cooperación que requiere la EC.

Cambio de paradigmas

Como toda gran transformación, uno de los retos más importantes tiene que ver con el cambio de paradigmas que implica desarraigar la idea del crecimiento económico infinito. Dicha idea está enraizada en todos los niveles, tanto de los tomadores de decisiones como de cada uno de los ciudadanos. Transitar hacia modelos de consumo con menor impacto ambiental que fomenten la circularidad implica replantear nuestra idea de desarrollo y modificar la forma en que nos relacionamos con los productos, desligando nuestra idea de progreso, éxito y felicidad con la obtención de cosas.

A nivel gubernamental este cambio de pensamiento es aún más profundo. La visión lineal que ha habido detrás de las decisiones de las últimas décadas ha llevado a la Ciudad de México a ser “carrocentrista”, priorizando la construcción de vialidades y segundos pisos para automóviles en lugar de favorecer la movilidad de las personas. Si queremos pensar en una ciudad circular, es indispensable incentivar el uso del transporte público que evite el enorme gasto de recursos que genera que cada familia cuente con un auto propio (o aspire a tenerlo).

De igual forma, esta visión extractivista sobre la que se sostiene la economía lineal ha favorecido a que en México se siga apostando por fortalecer la industria petrolera con la construcción de refinerías. La EC reconoce como uno de sus principios fundamentales la implementación de energías renovables y México cuenta con recursos solares y eólicos que puedan ayudarle a diversificar su matriz energética. Impulsar este tipo de energías no solo fomenta una economía más resiliente, sino que crea nuevas fuentes de desarrollo sustentable. En este punto, es importante reconocer que, aunque las energías limpias resultan indispensables para reducir el impacto ambiental que tiene la generación de energía proveniente de la quema de combustibles, centrar nuestras esperanzas en la eco-eficientización del mismo modelo productivo derrochador resulta ingenuo. Por el contrario, las energías limpias deben insertarse en una visión circular que reestructure por completo la forma en que nos desarrollamos. 

Legislación

En la Ciudad de México, la política en materia de residuos sólidos va encaminada hacia su prevención y minimización a través de la prohibición en la comercialización, entrega o distribución de bolsas de plástico y, a partir del 2021, esa medida se ampliará a artículos como cubiertos, popotes, vasos, tapaderas, globos, entre otros plásticos de un solo uso. La idea es reducir la generación, almacenamiento, recolección, tratamiento y disposición de residuos y fomentar una cultura ciudadana de reúso de los materiales que consumidos diariamente.  

Sin embargo, los ejemplos internacionales han demostrado que las estrategias punitivas no siempre van de la mano con una disminución de los residuos. Por ejemplo, en California, Estados Unidos, tras prohibir las bolsas plásticas, la venta de las bolsas de plástico para la basura aumentó en buena medida. Si bien, es cierto que no podemos seguir utilizando un material que dura cientos de años en degradarse para ser utilizado solo unos minutos, tampoco queda claro si estas medidas realmente nos acercan a una visión circular de la ciudad, donde se establezca una responsabilidad compartida entre los diversos sectores para el aprovechamiento y la valorización de los residuos. Este tipo de políticas, sin que existan esquemas de obligatoriedad y de responsabilidad extendida que incentiven la circularidad, pueden resultar cortas para estimular una transición hacia ciudades más circulares.

Sin duda, existen muchos otros retos para la Ciudad de México, como el enorme número de habitantes y población flotante que alberga, la infraestructura necesaria para la circularidad, así como la inestabilidad política y económica que dificulta el establecimiento de una visión a largo plazo para la gestión de residuos. Todo lo anterior se agrava ante el problema latente de corrupción que lamentablemente ha caracterizado a México por décadas. Sin embargo, vale la pena destacar también las oportunidades que la EC tiene por ofrecer.

Uno de los mejores ejemplos de esto es la generación de empleos. Las iniciativas de desarrollo sostenible y EC crearán nuevos puestos de trabajo en sectores tan transversales como la investigación, ingeniería, construcción, tratamiento de agua, movilidad, biotecnología, ciencias ambientales, informática y todo tipo de posiciones técnicas. Tan solo entre 2012 y 2018, el empleo ligado a la economía circular en la Unión Europea  alcanzó los cuatro millones de nuevos puestos de trabajo y de acuerdo a la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), la EC podría generar 4.8 millones de empleos netos en esta región para el 2030. 

Por su parte, el gobierno de la Ciudad de México ha puesto en marcha proyectos como el mercado del trueque, que han sido altamente exitosos. Aquí los ciudadanos pueden intercambiar sus residuos con potencial reciclable por productos agrícolas locales. Así, este programa distribuye 60 toneladas de productos locales al año, además de promover los traslados cortos de insumos y evitar que estos residuos terminen en vertederos en los que tardarían cientos de años en descomponerse.

Transitar hacia la sostenibilidad urbana requiere de una estrategia que pueda facilitar un futuro más justo, equitativo y ambientalmente responsable, y en ese sentido, la EC sigue evolucionando y posicionándose como una opción viable. Para que esto sea una realidad, más allá de los retos mencionados, debe considerarse la complejidad de los contextos socioambientales y políticos, así como la necesidad de que estos cuenten con el compromiso de todos los actores para adaptarse al cambio sistémico que la EC representa.