Integrado... Francamente ¿Cultura o dinero?

¿Qué define a nuestras culturas? ¿El capitalismo, la educación o circunstancias que no están en nuestro poder? Dominic Otiang'a resalta las culturas opuestas entre África y el Occidente.

De Dominic Otiang'a

Un hombre mayor lee un periódico ¿Envejecer con la familia o en el asilo para ancianos? Esta pregunta se responde de manera diferente en las familias africanas y alemanas. | Foto (detalle): Sam Wheeler © Unsplash
Hay momentos, durante un encuentro con alguien que tenga antecedentes geográficos o culturales distintos, en los que algo que el otro diga, haga o perciba puede resultar, en el mejor de los casos, inusual, o, en el peor, muy raro. Pero, ¿es de veras muy raro? ¿O se le puede explicar?
 
En una conversación con una maestra berlinesa a la que le parecía muy raro que su marido africano sintiera la necesidad de ser filantrópico con sus padres en África, pude sentir su rabia. “Eran maestros. Deberían tener algunos ahorros, o poder recurrir a su pensión y sus ahorros.” Sí, la gente debería tener ahorros. Pero si la educación escolar y universitaria de su esposo consumió todos los ahorros de sus padres en esa época, entonces debería ser comprensible que él quisiera honrar el sacrificio que hicieron sus padres a través de apoyos económicos periódicos. Y eso debería ser justo, no raro. Afortunadamente, el Estado alemán desembolsa mucho dinero para las familias y la educación de los niños. En la mayoría de los países con ingresos reducidos, las familias sacrifican sus ahorros para ello.

Expectativas culturales... o decepciones

En un evento en Potsdam, conocí a un caballero que preguntaba: “¿Por qué debería yo cumplir con la expectativa cultural de pagar una dote por mi esposa extranjera? No es que no la pueda pagar, nada más que es algo muy raro.”
 
No conozco las muchas razones que permiten estas prácticas culturales. Quizá podamos echarle un vistazo a Alemania, donde esto no forma parte de la tradición. En Alemania, dependiendo de las circunstancias, los padres reciben aproximadamente 2000 euros al año para el cuidado de sus hijos, hasta que éstos cumplan 25 años. Hagan cuentas. Existen también numerosas circunstancias por las cuales los padres pueden perder ese dinero; una de ellas, es si el hijo o la hija decide casarse antes de cumplir 25 años. Si, por ejemplo, se casara usted con una alemana de 20 años, los padres estarían perdiendo, de facto, 8000 euros. Entonces, usted podría, como gesto de buena voluntad, indemnizarlos por esa cantidad; o, como hacen muchos, esperar hasta que el Estado lo haya pagado todo. En última instancia, algunas culturas consideran el pago de una dote como una forma de retribuir los esfuerzos de los suegros, o de compensar algo muy valioso. Por eso, en mi opinión, pagar una dote no tiene nada de raro. Es, simplemente, la diferencia entre culturas en un país industrializado y un país con ingresos reducidos. Algunas comunidades todavía no disponen de ningún tipo de vínculos económicos con sus respectivos gobiernos.

El capitalismo como anticonceptivo

Después de visitar un asilo de ancianos en Constanza, una dama ugandesa sintió compasión por lo que llamó una “cultura muy rara”. “Sabe usted, nosotros, los africanos, no mandamos a nuestros ancianos a ningún asilo. Vivimos con ellos, los cuidamos en nuestras casas”, dijo, y por su rostro me di cuenta de que estaba muy consternada. Con nosotros estaba una maestra universitaria de Constanza y le pregunté cuándo se había iniciado esa práctica. No lo recordaba. Entonces, nos enfocamos en Uganda, donde esta ‘cultura’ al parecer no existe, para entender la diferencia. “Pero ahora vive usted en Alemania y trabaja como ingeniera. ¿Qué pasaría si todos los que viven con sus padres en el pueblo fueran ingenieros, abogados o expertos en tecnología informática y trabajaran en la ciudad? ¿Quién cuidaría entonces en casa a los ancianos?”, le pregunté a la ugandesa. Parece que el capitalismo es responsable de que las cosas se hagan de forma distinta en Uganda y en Alemania.
 
Por lo que respecta al tamaño de las familias, se critica mucho a las familias numerosas en lo que se conoce como el Tercer Mundo. No sé si sea una decisión cultural o personal tener una familia grande o pequeña. Pero si miro la situación aquí en Alemania, me parece que hay un factor significativo que influye sobre estas decisiones: muchos de mis amigos y de mis amigas con un alto nivel educativo comparten departamento con alguien más, mientras que otros todavía están buscando departamento. La situación en Berlín es tremenda. Resulta difícil imaginarse criar aunque sea a un hijo único en estas circunstancias.
 
No estoy de acuerdo expresamente en que el capitalismo sea el mejor método anticonceptivo. Pero ha influido de muchas maneras diferentes a las culturas, aunque preferiríamos darle todo el crédito a la educación, o a la falta de ella.
 

“...a las claras”

En nuestra serie de columnas “… a las claras” escriben, alternándose semanalmente, Dominic Otiang’a, Liwen Qin, Maximilian Buddenbohm, y Gerasimos Bekas. Dominic Otiang’a escribe sobre su vida en Alemania: ¿qué llama su atención, qué le resulta ajeno, dónde se dan percepciones interesantes?