Seres de la libertad Donde los seres humanos viven

Wo die Menschen wohnen © Moisés Patrício

El concepto de libertad implica de modo constante una visión que aspira a operar en el futuro y darle determinada forma, y esto es algo que aprendemos una y otra vez en la época de la crisis climática. Eric Grabow considera la relación entre libertad y sostenibilidad desde el punto de vista filosófico.

Todos conocemos el anhelo humano de la libertad, la necesidad de estar libre de coerciones y perseguir con autonomía los intereses y objetivos propios. Como seres humanos nos caracteriza el hecho de ser capaces de autonomía y sentir el anhelo de libertad. Como filósofo diría: los humanos son seres de libertad, la libertad forma parte del modo de ser humano. Pero los humanos, aunque siempre quieran ser libres, pueden estar sometidos a circunstancias que repugnan a su libertad, pueden no ser libres. Cuando la vida no coincide con la libertad que nos merecemos o que sentimos que nos corresponde suele surgir la indignación. Y esta indignación es, a la vez, una señal de que nosotros no queremos ver impuesta nuestra libertad en tal o cual aspecto, sino que toda la vida humana debe satisfacer en todo sentido las aspiraciones de libertad. Ahora bien, cómo puede garantizarse tal vida y qué debería ser posible en ella para los hombres es algo que se discute desde hace siglos.

La libertad en cuanto humanos

Ya estas reflexiones iniciales muestran que la pregunta por la libertad es, en última instancia, preguntarse qué es ser humano y llevar una vida humana. Nuestra idea de ser humano influye en nuestra idea de la libertad y viceversa, nuestra visión de la libertad dibuja una imagen determinada del mundo habitado por el ser humano. Tomemos tres aspectos para ir abordando esa imagen:

Los seres humanos son seres de comunidad. Nuestro pensar, sentir y actuar muestra en su estructura fundamental que siempre presuponemos la presencia de otros seres humanos, todo en nosotros ya está marcado por los otros. Nos educan otras personas, nos modelamos un entorno hecho de otros humanos y participamos de una sociedad cuyos productos –igual que la sociedad misma– sólo pueden surgir de un trabajo colectivo y no de la acción de un individuo.

Las personas son seres de necesidades. Queremos prevenir las sensaciones negativas (como dolor, hambre o soledad) y provocar las positivas (como placer, satisfacción o comunidad). Estamos de principio a fin necesitados de protección, queremos mantener lejos de nosotros y de nuestro entorno el daño. A menudo necesitamos la ayuda de otros porque solos no nos protegemos, no nos sustentamos o nos desarrollamos por completo.

Somos seres naturales. Somos un cuerpo natural en interacción con un ambiente natural, en relación metabólica con la naturaleza única que todo lo abarca. Todo lo que nos rodea es naturaleza. Desde el alimento, pasando por la ropa, hasta los muebles, las medicinas, los automóviles, las computadoras e Internet: siempre tenemos algo que ver con esa misma naturaleza.

Esferas de la libertad

Ensamblemos las piezas del rompecabezas: el ser humano vive en comunidades que se crean esferas propias de vida en medio de y con ayuda de la naturaleza, esferas que están adecuadas a necesidades humanas y sólo funcionan de acuerdo a valoraciones humanas. La libertad justamente presupone que se dispone de un mundo en que vivir configurado por personas para personas y según criterios humanos para metas humanas. Ahora bien, esto no garantiza que en él la gente ya goce de completa libertad. Ese mundo que hay que construir debe cumplir muchas condiciones para ser efectivamente un lugar de libertad. Una de esas condiciones es la igualdad fundamental: esas esferas sólo albergan personas libres cuando la libertad alcanza a todas las personas por igual, pues todas tienen el mismo derecho, ya que, a pesar de todas las diferencias nunca dejan de ser personas “en la misma medida”. Y como tiene que alcanzar a todos, la libertad sólo puede realizarse como obra de la comunidad. Por eso, el que todos los miembros de una comunidad sean libres al mismo tiempo y de igual forma es un signo de verdadera libertad. No puede haber libertad sólo para una parte del todo.

Un pedacito (mío) de libertad

El ser humano tiene necesidades, alberga deseos y toma decisiones que pueden ser independientes de otras personas o incluso contrarias a ellas. Por eso otra idea se relaciona de modo inseparable con la de libertad. Aunque sólo puede haber libertad en la comunidad y a través de la comunidad, la libertad es siempre libertad del individuo. Nadie excepto yo puede ejercer mi libertad, así como nadie puede vivir mi vida. Por esa razón, el mundo construido en conjunto no es realmente libre si el hombre individual no puede reclamar para sí un espacio exclusivo: los espacios libres individuales son parte de la idea de libertad. Pero siempre son un aspecto del gran conjunto y solo este conjunto puede preservar la libertad, porque el conjunto es el mundo en que vivir creado de modo común. El ser humano no puede anular su carácter comunitario ni su individualidad, ambos están entrelazados en él. En consecuencia, si todos disponen al mismo tiempo de espacios libres propios y nadie puede amenazar la libertad de los otros o del gran conjunto, la libertad es verdadera y justa.

Darle al futuro lo que corresponde

La visión de la libertad contiene en sí el mandato de aprender un nuevo abordaje del futuro. El mundo en que vivir, creado por personas para personas, siempre está orientado hacia el futuro, hacia la transmisión de la libertad, pues la libertad también ha de ser el mundo en que vivir de las generaciones venideras y, sobre todo, de los jóvenes que ya están vivos. Para eso, las personas dependerán de la naturaleza tanto como ahora, pues el progreso tecnológico de la humanidad sólo cambia el modo, pero no la necesidad del trato con la naturaleza ni el hecho de que levantamos nuestro mundo vital con ladrillos de la naturaleza. La naturaleza sigue siendo una condición constante de la libertad humana. “Sostenibilidad”, en consecuencia, significa nada menos que la certeza de que para los las personas del futuro estarán dadas las condiciones de esa libertad de la que nosotros mismos disfrutamos. Sin una sostenibilidad efectiva, sin libertad sostenible, producimos forzosa y deliberadamente injusticia, pues reservar la libertad para determinadas generaciones es tan equivocado como posibilitar la libertad sólo para una parte de la comunidad o limitar a los otros en favor de mi individualidad. Dicho de otra manera: si no cumplimos con el mandamiento de igualdad, dañamos nuestra propia libertad. Y si se da el caso de que nos comportamos de modo injusto y así actuamos en contra de nuestra propia libertad, deberemos preguntarnos si no hemos ignorado nuestra libertad, si no la hemos confundido con algo otro, por ejemplo, con egoísmo o capricho.

En marzo de 2021 el Tribunal Constitucional censuró precisamente tal injusticia en un fallo que atrajo mucho la atención. La ley sobre protección climática que impulsó el gobierno federal alemán impone a las generaciones futuras más limitaciones que a las generaciones presentes, es decir, perjudica su libertad más que la nuestra. Una relación injusta entre las generaciones provoca que el “aseguramiento de la libertad a través del tiempo y las generaciones”, que reclama el tribunal, esté en contradicción con la idea de libertad. Pues la libertad tiene que mirar siempre hacia adelante: el enorme conjunto comprende no sólo a todos los seres humanos del presente sino también a los futuros. Quien vive en libertad, prepara la libertad para las generaciones futuras, les transmite el espacio en que vivir y la cultura de la libertad. Pero la naturaleza es la condición de esa libertad, que sólo queda garantizada si conservamos la naturaleza, la preservamos de los daños de modo que pueda ser lugar y ladrillo de libertad para todas las generaciones futuras. Nuestro presente es un largo proceso de aprendizaje que vuelve para nosotros natural y vinculante ese saber, tan vinculante como nunca lo ha sido en la historia de la humanidad.

Este artículo fue publicado originalmente en alemán e inglés en la revista "Zeitgeister"

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