Música brasileña El encanto de la libertad

Brasilianische Musik © Moisés Patrício

El ideal de libertad se refleja en centenares de canciones de la música popular brasileña. En la primera mitad del siglo XX, marcó al cancionero popular. Sobre todo, porque el samba, que tomó forma hacia 1910, brotó de un contexto negro en el cual la libertad era tal vez el tema más querido.

“Tava durumindo/ Cangoma me chamou/ Tava durumindo/ Cangoma me chamou/ Disse: levanta povo/ Cativeiro já acabou” (Estaba durmiendo/ Cangoma me llamó/ Estaba durmiendo/ Cangoma me llamó/ Dijo: levántate, pueblo/ El cautiverio terminó). En 1966, la ya sexagenaria Clementina de Jesús presentaba esos versos en su disco debut. Era la primera grabación de ese canto negro, pero no era nuevo: era el eco de siglos de historia brasileña, un recorrido marcado por la búsqueda y el anuncio de la libertad, extendido en centenares de canciones. Clementina contaba que conoció Cangoma me chamou (Cangoma me llamó) de la voz de su madre cuando todavía era una niña. La cantante nació en 1901 en el municipio de Valença, en el interior del estado de Río de Janeiro. La ciudad está situada en la región del Vale da Paraíba, marcada por la presencia negra de los esclavizados que en el siglo XIX fueron llevados a trabajar en los cultivos de café, motor de la economía brasileña de aquella época. Cangoma es uno de los tambores del jongo, manifestación cultural que floreció en aquella región. Y “durumindo” es una variación de “dormindo” que testimonia el diálogo de la dicción del bantú africano con la lengua portuguesa de los opresores. O sea, mucho Brasil concentrado en pocos versos.
 

Sin embargo, cuando Clementina la grabó, la canción ya era tan antigua como el sueño de libertad que siguió y sigue siendo cantado de diversas maneras en la música popular brasileña. La esclavitud y sus efectos tienen un papel central en esos versos. No podía ser de otro modo, al fin y al cabo la esclavitud marcó casi cuatro siglos de vida del Brasil y todavía es un lastre en las relaciones sociales y económicas del país. En este contexto, una de las primeras canciones que viene a la mente cuando se piensa en el tema es el samba-enredo Liberdade, Liberdade! Abre as asas sobre nós (¡Libertad, libertad! Abre las alas sobre nosotros), que la escuela de samba Imperatriz Leopoldinense llevó al Sapucaí en 1989.
 

A pesar de estar dedicada al centenario de la Proclamación de la República (se citan incluso los versos del himno compuesto para la ocasión), el samba celebra el fin de la esclavitud que trajo la Ley Áurea promulgada por la Princesa Isabel un año antes, en 1888.

Concepto integral

El clamor de libertad del Himno de la Proclamación de la República ya había sido citado por Nei Lopes y Wilson Moreira en 1979 en Senhora liberdade (“Abre as asas sobre mim/ Oh, Senhora Liberdade”: Abre las alas sobre mí/ Oh, Señora Libertad). Allí, sin embargo, aparece en el contexto de una pasión desgraciada que aprisiona al poeta en su sufrimiento, lo que no deja de ser ilustrativo de la extensión del concepto de libertad y de la riqueza con que fue explotado por compositores y compositoras. Incluso antes, en 1932, Francisco Alves e Ismael Silva también habían aludido, en tono de parodia, a la melodía y la letra del himno, pero en un sentido opuesto al de Nei e Wilson: la libertad llega cuando la mujer se va.

Connotación política

En la primera mitad del siglo XX, la libertad surgía de diferentes modos en el cancionero brasileño, sobre todo porque el samba, que tomó forma hacia 1910, brotó de un contexto negro en el cual la libertad era un tema muy querido. Más tarde, a partir de la década del sesenta, la libertad adquiere en la música popular connotaciones políticas y sociales aun más definidas. El contexto era favorable. Al inicio de la década, se exacerbaron las tensiones entre el pensamiento de izquierda y las fuerzas de derecha y así se reflejó en el nivel local el conflicto entre los Estados Unidos y la Unión de República Socialistas Soviéticas. En 1964, con el golpe cívico militar que depuso a João Goulart, el campo de la canción pasó a ser una de las trincheras más firmes de quienes resistían a la opresión, fueran compositores de los suburbios y favelas o artistas universitarios.

Algunos sambas-enredo de aquella década también exaltaron la libertad, y abrieron camino para que, años después, el tema de la esclavitud y de la afirmación negra retornara con tonos más fuertes. En este sentido, el samba-enredo Kizomba, festa da raça (Vila Isabel, 1988) fue un hito en este sentido al celebrar no a la Princesa Isabel sino a personajes como Zumbi (“O grito forte dos Palmares/ Que correu terras, céus e mares/ Influenciando a Abolição”) (El grito fuerte de los Palmares, que atravesó tierras cielos y mares/ trayendo la abolición) y Anastasia (“Não se deixou escravizar”) (No se dejó esclavizar), además de pedir el fin del apartheid entonces vigente en Sudáfrica y, simbólicamente, en la sociedad brasileña. Ese mismo año, la Mangueira también señaló con agudeza, en Cem anos de liberdade: realidade ou ficção? (Cien años de libertad: ¿realidad o ficción?), que el negro brasileño estaba “libre del látigo de la senzala” pero “preso en la miseria de la favela”.

Festivales y resistencia

En el ambiente de los artistas universitarios de clase media, los festivales fueron la gran vitrina de los cantos por la libertad. Allí se presentaron canciones como É proibido proibir (Está prohibido prohibir), de Caetano Veloso, e Pra não dizer que não falei das flores (Para que no se diga que no hablé de las flores), de Geraldo Vandré. La primera, anárquica en la forma y en el discurso, se ganó abucheos en 1968 por parte de la juventud de izquierda, que no reconoció en la canción sus consignas. El tema de Vandré, lanzado también en 1968 (no por casualidad el año que concluyó con el recrudecimiento del régimen mediante el dictado del Acto Institucional N° 5), tuvo un efecto muy diferente. Fue saludado como himno de resistencia por versos como: “quem sabe faz a hora, não espera acontecer” (el que sabe construye el momento, no espera que suceda). La Música Popular brasileña hizo de la libertad el tema en varias otras canciones. Por lo menos dos de ellas con metáfora (o atmósfera) carnavalesca: Eu quero é botar meu bloco na rua (Quiero poner a mi comparsa en la calle), de Sérgio Sampaio, e Tô me guardando pra quando o carnaval chegar (Me estoy reservando para cuando llegue el carnaval), de Chico Buarque.

En la voz de Wilson Simonal, Tributo a Martin Luther King actualizaba la causa negra incorporando al líder de la lucha por los derechos civiles en Estados Unidos. En la misma época, Marcos Valle y Paulo César Valle escribieron una canción que representaba de modo primoroso el espíritu de la época, Viola enluarada (Guitarra a la luz de luna). Sus versos anunciaban que “a mão que toca o violão/ Se for preciso faz a guerra” (la mano que toca la guitarra/ si es neceserio hará la guerra) y concluía a todo pulmón: “Portaestandarte, capoeira/ Desfilando vão cantando/ Liberdade” (Portabandera, capoira/ desfilando van cantado/ libertad). En los años siguientes, el samba mantuvo en alto la bandera de la libertad con canciones como Sorriso negro (Sonrisa negra), éxito en la voz de Dona Ivone Lara (“Negro é a raiz da liberdade”: El negro es la raíz de la libertad) y Meu homem (Carta a Nelson Mandela), de Martinho da Vila.

Libertad de conducta

Por otro lado, la liberación sexual y de conducta que se dio a partir de la década del sesenta, la época del llamado desbunde, aparece en canciones como Cidadão-cidadã (Ciudadano-ciudadana), de Jorge Mautner y Nelson Jacobina. En dúo con Caetano, Mautner cantaba: “Tanto faz gostar de coelho ou de coelha” (da lo mismo gozar del conejo o la coneja). También de Caetano Veloso es otro himno de la libertad en una existencia plena y feliz, la carnavalesca Chuva, suor e cerveja: “Venha, veja, deixa, beija, seja o que Deus quiser” (Lluvia, sudor y cerveza: Ven, ve, deja, besa, sea lo que Dios quiera).
 

A partir de los años ochenta, los grupos afro de Salvador de Bahía se popularizaron como espacios de creación y producción de la libertad negra. En uno de sus clásicos, O mais belo dos belos (El más bello de los bellos), Ilê Aiyê se autodenomina “el encanto de la libertad)”. En las dos décadas siguientes, con el apaciguamiento de las tensiones políticas de Brasil y la estabilidad democrática y económica, la libertad adquirió otro lugar en la canción brasileña y comenzó a aparecer más en letras románticas y existenciales.

Causas negra y feminista

En los últimos años, sin embargo, las convulsiones sociales que el país está atravesando desde inicios de la década de 2010 alimentaron diferentes activismos (negros, feministas, LGBTQIA+) y dieron frutos en la canción exponiendo nuevas libertades. 100% feminista, que reúne a MC Carol y a Karol Conká, evoca la ancestralidad de la lucha: “Represento Aqualtune, represento Carolina/ Represento Dandara e Xica da Silva”. Elza Soares, cantante que recorrió la historia de MPB, tuvo gran importancia en este período al prestar la autoridad de su voz a versos que se posicionaban con vehemencia a favor de la causa negra y feminista, por ejemplo, A carne mais barata do mercado é a carne negra (La carne más barata del mercado es la carne negra).
 

El canto por la libertad en la música popular brasileña, pues, no cesa desde Clementina (y los siglos de tradición que ella carga). Lanzada a fines de 2021, la canción O sol que tudo sente (El sol que todo siente), de César Lacerda e Ronaldo Bastos, reafirma: “Nossa liberdade vale tudo/ Não dá pra esperar” (Nuestra libertad lo vale todo/ no se puede esperar). Es el cangoma que llama: ‘Levanta povo’” (Levántate, pueblo).

El encanto de la libertad on Spotify

Playlist La idea de libertad se celebra en cientos de canciones de la música popular de Brasil. La redacción de "Humboldt" invitó al periodista Leonardo Lichote a explorar el cancionero nacional brasileño y a presentar algunos clásicos dedicados al tema: de Clementina a Ilê Aiyê, los antepasados de la lucha por la libertad. ¡Los invitamos a escuchar!

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