Ecosistemas Los arrecifes de coral: bastiones de resiliencia

Una parte saludable de un arrecife de coral con muchos tipos diferentes de peces. Foto (detalle): Daniela Dirscherl © picture alliance / WaterFrame

Los arrecifes coralinos son uno de los ecosistemas más biodiversos del mundo en peligro de extinción. Los supercorales, unos inesperados desplazados climáticos, podrían representar una nueva esperanza para su supervivencia.

Los arrecifes coralinos son uno de los ecosistemas más ricos y biodiversos del mundo. Pero su encanto no solo es estético, sino también funcional pues proveen de múltiples beneficios sociales, económicos y ambientales a las comunidades que coexisten con ellos. Los corales ocupan menos del uno por ciento de la superficie total de los océanos, pero albergan el 25 por ciento de las especies marinas. Además, son fundamentales porque protegen a las costas de la erosión y proveen a las personas de alimento e ingresos del turismo y la pesca. A pesar de esto, se encuentran en riesgo debido a los cambios del clima local y al estrés causado por la actividad antropogénica.

Los impactos se han exacerbado a una magnitud tal que incluso si se cumple la meta del Acuerdo de París de limitar el calentamiento global en 1,5 grados centígrados, perderemos cuando menos tres cuartas partes de los arrecifes. Con un aumento de 2 grados centígrados desaparecerían casi totalmente los arrecifes de las regiones tropicales y subtropicales del planeta. Esto representa una enorme pérdida no solo para las comunidades costeras, sino para el mundo entero.

Sistemas en muy alto riesgo

La evidencia más grande del deterioro de estos curiosos animales es el blanqueamiento. Normalmente, los corales saludables son de tonalidades verdosas o cafés debido a las zooxantelas −algas fotosintéticas con las que viven en simbiosis y de las que depende su energía metabólica−, pero durante periodos prolongados de estrés, las expulsan de su sistema y dejan al descubierto un tejido traslúcido que permite ver el esqueleto blancuzco sobre el que están construidos.

El estrés puede obedecer al exceso de nutrientes, la suspensión de sedimentos o a los impactos del cambio climático, como el aumento de la temperatura oceánica, la acidificación del agua marina o los eventos meteorológicos más violentos.

Ya es posible proyectar los cambios que se avecinan en estos ecosistemas. Por ejemplo, en un periodo de cuatro años entre el Quinto Informe de Evaluación del Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC) del 2014 y el Reporte especial del IPCC 2018 sobre los impactos del calentamiento global de 1.5 grados centígrados, los corales pasaron de ser considerados sistemas de alto riesgo por un aumento de temperatura de 2.6 grados centígrados, a sistemas de muy alto riesgo con 1.5 grados centígrados. Esto prácticamente se traduce en la pérdida de entre el 70 y 90 por ciento de los arrecifes de coral.

El futuro no parece prometedor y el reto para la conservación de estos ecosistemas es enorme, pues los pronósticos apuntan a un aumento superior de la temperatura del planeta.

Los supercorales, ¿una esperanza de conservación?

Sin embargo, hay una esperanza de salvarlos gracias a los llamados supercorales, un término que, según la bióloga marina Emma Camp, se refiere a los organismos que presentan una habilidad superior de supervivencia en condiciones poco favorables. Los supercorales son especies resilientes que migran a nuevos ecosistemas donde las condiciones del ambiente, si bien no son óptimas para su desarrollo, representan un oasis en un océano en calentamiento.  

Una investigación de 2019 de Camp pone en evidencia la presencia en Australia de las primeras comunidades de corales en las lagunas de manglares de la Gran Barrera de Arrecifes, exactamente en Woody Isles y Howick Island. Antes de los cambios desatados por el cambio climático, los corales y el mangle no habitaban las mismas vecindades. Ahora estamos presenciando cambios en la composición de los ecosistemas provocada por la migración de especies en busca de condiciones más tolerables.

Es difícil vislumbrar qué repercusiones tendrá esto en el futuro. Aún así, el hecho de que existan zonas que proveen refugio a estos inesperados ‘desplazados climáticos’ podría representar nuevas líneas de investigación para la conservación coralina.

El Sistema Arrecifal Mesoamericano

Hay una región compartida por las costas de Belice, Honduras, Guatemala y México donde se encuentra el segundo arrecife más grande del mundo: el Sistema Arrecifal Mesoamericano. La virtud de este sistema, además de su extensión, es que es una reserva biológica donde conviven numerosas especies, algunas incluso en peligro de extinción. Aunado a esto, las comunidades costeras del arrecife mesoamericano dependen de este para su subsistencia, economía y modo de vida.

Pese a su importancia, hoy más de la mitad de los sitios del arrecife se encuentran en estado deteriorado. Los impactos provienen principalmente de actividades directas como la sobrepesca, la agricultura y el desarrollo costero y turístico.

Para contrarrestarlos, hay nuevos criaderos de coral que buscan construir resiliencia y además se llevan a cabo trabajos de mitigación y adaptación a los retos emergentes y ejercicios de sustentabilidad para el turismo y las prácticas económicas.

La humanidad tiene un enorme reto para la conservación y, a pesar de los malos augurios, una constante de la vida es que intenta prevalecer de una forma u otra. Por eso, no debemos perder de vista a los corales, bastiones de resiliencia.

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