Expedição Humboldt Juan Pratginestos
Expedición Humboldt

Una "universidad flotante" en el Amazonas

De Ana Paula Orlandi

A juicio de Alexander von Humboldt los viajes constituían un elemento irreemplazable para los científicos. Sucede que, para el célebre naturalista prusiano, la producción de conocimiento sobre todo ocurría gracias al trabajo de campo y no en las oficinas. El historiador y escritor paulista Victor Leonardi coincide con esta concepción; “La investigación que se hace en un laboratorio ubicado dentro de la universidad es muy distinta a la que se lleva a cabo en un barco que navega por los ríos amazónicos”, dice. “Enfrentamos el calor extenuante y los enjambres de mosquitos, pero al mismo tiempo surgían a bordo conversaciones interdisciplinarias interesantísimas, algo raro en el medio académico actual, donde todo está compartimentado en áreas del saber. Nuestro barco se convirtió en una universidad flotante.”

Leonardi se refiere a la experiencia que vivó en el año 2000 junto al biólogo Cézar Martins de Sá, siendo ambos entonces docentes de la Universidad de Brasilia (UnB), cuando coordinó la Expedición Humboldt, realizada por el Núcleo de Estudios Amazónicos de dicha institución educativa. Tal empresa contó con 49 integrantes, gran parte de ellos investigadores: botánicos, biólogos, ingenieros, antropólogos e historiadores provenientes de distintos lugares de Brasil y así como de Francia, Argentina, Estados Unidos y Venezuela.

Expedición Humboldt. Expedición Humboldt. | Juan Pratginestos En el transcurso de 62 días, la expedición, en la cual también tomaron parte dos fotógrafos y un dibujante, recorrió por tierra y río alrededor de 9.200 km del norte de Brasil y de Venezuela. “Si bien Humboldt no estuvo en Brasil, la idea era comparar la Amazonia que él describió dos siglos antes con la Amazonia de ese momento, mediante la realización de estudios e investigaciones multidisciplinarias”, explica el historiador.


Ríos de integración
La Expedición Humboldt salió de la ciudad de Manaos, capital del estado brasileño de Amazonas, el 1 de septiembre de 2000 rumbo a Ciudad Guayana, en Venezuela. En el tramo recorrido por tierra un grupo de investigadores coincidió con el equipo comandado por Paul Georgescu-Pipera, en ese entonces docente de la Universidad Simón Bolívar, de Caracas. El rumano radicado en Venezuela desde finales de la década de 1960 y que actualmente vive en los Estados Unidos, es un ingeniero hidráulico de 92 años y conocido defensor de la integración fluvial de América del Sur. Entre 1979 y 1989, Georgescu-Pipera realizó varios viajes por la región y recorrió, junto a su hermano Constantino, un trayecto que va desde la isla de Margarita, en el Caribe venezolano, hasta Buenos Aires, en Argentina.
 
Junto al equipo venezolano, la Expedición Humboldt exploró parte del Orinoco, uno de los ríos más voluminosos del mundo, que atraviesa Venezuela y Colombia. Una de las paradas fue el canal del Cassiquiare, nexo natural entre los ríos Negro y Orinoco, que fuera cartografiado por primera vez por Humboldt en el año 1800, durante el viaje que realizó por América con el médico, zoólogo y botánico Aimé Bonpland.

Los aparatos que llevó el hidrólogo francés Alain Laraque, docente de la Universidad de Toulouse e integrante de la Expedición Humboldt, hicieron posible efectuar una serie de mediciones en el río Cassiquiare tales como la temperatura y conductividad eléctrica del agua, así como la velocidad de la corriente. “¡Fue increíble! Dos siglos después del descubrimiento científico del río Cassiquiare, en 24 horas realizamos mediciones de fundamental interés”, escribió Georgescu en el libro Ríos de integración. El camino fluvial de América Latina, publicado en 2013.


 
De acuerdo con Leonardi, el hecho más significativo para los investigadores fue constatar que el Cassiquiare era un canal distributario (lo contrario de un afluente) del Orinoco, un fenómeno raro en el mundo. En el documental producido sobre la expedición, Alain Laraque formula la siguiente explicación: “El río Orinoco se divide en dos y entonces se produce una bifurcación o, en otras palabras, una parte del caudal del Orinoco va hacia el canal del Cassiquiare, que se encuentra con el río Guainía [en Colombia] y forma el río Negro. Toda esa agua desembocará en el río Amazonas [en Brasil]”.
 
La interacción con las comunidades locales 
Tras despedirse del equipo venezolano, la Expedición Humboldt ingresó nuevamente en Brasil y siguió por los estados de Amazonas, Pará y Amapá hasta el 3 de noviembre del año 2000, la fecha final de esa aventura. “Cruzamos un total de 14 ríos amazónicos, de los cuales 12 se encuentran en Brasil, tales como el Trombetas, el Tapajós y el Xingú”, comenta Leonardi. “Buena parte de ese tramo se realizó en el Veloz I, un barco azul de madera. Solíamos anclar durante dos o tres días, y el barco era entonces rodeado por delfines en la noche”.

Durante el trayecto brasileño, los investigadores realizaron una gran cantidad de trabajos científicos, técnicos o de interacción con las comunidades locales constituidas por los descendientes de quienes habitaron en quilombos. Entre otras actividades, el zoólogo Jader Marinho, de la UnB, estudió a los murciélagos de la región amazónica, mientras que el equipo de arqueología localizó un sitio arqueológico indígena en el distrito de Pedras.
 
El pico de destrucción
Enamorado de la Amazonia, Leonardi conoció la región siendo aún estudiante universitario, en la década de 1960. A partir de la década de 1980 se especializó en Historia de la Amazonia y fue docente en instituciones tales como la UnB y la Universidad de California (EE.UU.), en Berkeley. “En el año 2000 ya había problemas de deforestación en la Amazonia, agravados por la expansión de la frontera agrícola y de la malla urbana de las grandes ciudades, tales como Manaos y Belém. La delincuencia organizada también ya se hacía muy presente y actuaba con fuerza en las fronteras. Otro problema que nos llamó la atención fue la contaminación de las aguas con mercurio”, relata.
 
Victor Leonardo y Cezar Martins de Sá durante la Expedición Humboldt. Victor Leonardo y Cezar Martins de Sá durante la Expedición Humboldt. | Juan Pratginestos
Leonardi ve con preocupación el futuro de la Amazonia. “¡Estoy asustado! Muchos municipios están gobernados por políticos ligados a los grandes grupos del agronegocio, a quienes les importa muy poco el medio ambiente”, dice el historiador. En 2018, según el periódico Folha de S.Paulo, la Amazonia registró el pico de destrucción de la última década, con un aumento del desmonte del 14% con relación al año anterior y la ganadería se erige como el mayor responsable de la deforestación de la selva. “Hay grandes áreas verdes de la Amazonia que todavía siguen siendo inexpugnables, lo que es un incentivo, pero debemos impedir que la tragedia se consume. La selva debe preservarse y su destrucción constituye una amenaza, no solo para Brasil sino para todo el planeta”, concluye Leonardi.