Bienes culturales controvertidos ¿Comprados, robados, regalados, intercambiados, prestados?

En una ceremonia solemne, restos humanos de morioris y maoríes son cubiertos con un lienzo el 18 de mayo de 2017 en el Museo de Ultramar de Bremen
En una ceremonia solemne, restos humanos de morioris y maoríes son cubiertos con un lienzo el 18 de mayo de 2017 en el Museo de Ultramar de Bremen | Foto (detalle): Carmen Jaspersen © dpa

El debate en torno a la restitución está causando revuelo. Y sí, es importante seguir con él. De preferencia, de manera pública y apasionada. Pero la restitución de todos los objetos de la era colonial albergados en museos alemanes no es el mejor camino.

De Wiebke Ahrndt

Son diversos los caminos por los cuales estos objetos, ahora tan apreciados, llegaron a las colecciones del Norte global; por tanto, también deben ser multifacéticos los esfuerzos que hay que hacer para curar las heridas que aún hoy siguen abiertas. Idealmente, esto se debe hacer con representantes de las sociedades de origen. El Museo de Ultramar de Bremen ya está recorriendo este sendero, y de manera totalmente consciente no considera sólo a África.

Una primera mirada escrutadora a la recién publicada segunda versión de los “Lineamientos para el cuidado de colecciones procedentes del contexto colonial”, en la que participé, no deja lugar a dudas. Si se trata de objetos cuyas circunstancias de adquisición siguen resultado injustas y reprochables según los estándares actuales, se deben regresar. Lo mismo recomiendan las y los autores de la obra que editó la Federación Alemana de Museos sobre objetos que revestían y revisten aún una particular importancia religiosa o cultural para las sociedades de origen. Sin fecha de caducidad. Hasta aquí, todo bien.

Pero ya una segunda lectura revela de manera más que clara el por qué estos Lineamientos no abarcan escasas 200 páginas. Hay mucho que considerar. La situación no es fácil. Representa grandes retos para museos alemanes y europeos en cuyos almacenes se guardan bienes culturales procedentes del Sur global. ¿De qué manera llegaron los objetos a los museos? ¿Quién, cuándo y dónde los compró, los robó, los recibió como un regalo, los intercambió o los tomó prestados? ¿O es que se produjeron ex profeso para los museos? Ejemplos tomados de la investigación sobre la proveniencia muestran por qué las preguntas de este tipo resultan relevantes. Aun cuando, desgraciadamente, las respuestas casi nunca se hayan podido documentar de manera completa por diversas razones.

Entre dos sillas

Ya desde hace un tiempo considerable, en el marco de diferentes proyectos, el museo está analizando críticamente su historia y el origen de sus colecciones. El más reciente resultado de estos esfuerzos es la nueva exposición permanente “En busca de rastros – La Historia de un museo”, abierta al público desde el 26 de octubre de 2019. Uno de los temas: la era colonial. Desde 2016, tres investigadoras e investigadores asociados de la Universidad de Hamburgo están investigando cómo es que casi 4000 objetos de Camerún, Tanzania y Namibia llegaron a orillas del río Weser.

Así, por ejemplo, en el año de 1909 el museo compró una colección procedente de África del Sudoeste Alemana, hoy Namibia. En años anteriores, la potencia colonial alemana había sostenido una guerra inclemente contra los nama y los herero, que tuvo su horrenda culminación en el primer genocidio del siglo XX. Así pues, adquirir objetos de esas sociedades en esa época –aun cuando, como en este caso, se trate sólo de objetos de uso cotidiano–, resultaba más que difícil. De esto se encuentra testimonio en la correspondencia entre los coleccionistas y el museo. Pero una de estas cartas muestra también que los esfuerzos del museo al final se vieron coronados por el éxito. En la carta se dice que “se encontró a un hombre mayor, quien se especializa en la confección de artefactos domésticos y armas”. Entonces, es de suponerse que él, Salomo Perekete, sea el autor de muchos de los objetos de la mencionada colección. ¿Se le obligó a producir estos objetos? ¿Se le pagó por su trabajo?, ¿y si sí, fue un pago adecuado? Pero su rastro se pierde. Ni siquiera intensas investigaciones en Namibia lograron nuevos resultados ni dieron con algún descendiente. Lo único que de él se conserva es su nombre.

Historias como ésta muestras cuán complejo es, en realidad, el tema de la restitución. Y eso que, en este caso, ni siquiera existe una solicitud o demanda oficial para que se devuelvan los objetos de marras. ¿A quién se le hubieran podido devolver, a quién se querría o se podría indemnizar? ¿A los bisnietos de Salomo Perekete o al Estado de Namibia? ¿Y son éstos objetos que se deberían devolver, para empezar?

Apertura, intercambio y cooperación

Pero las cuestiones relacionadas con la restitución no son los únicos temas que nos deberían importar en este contexto. Así, la digitalización de las colecciones y una facilitación central de datos verificables resulta urgente. La transparencia sólo se puede lograr si se abren las colecciones en todo el mundo. Y la transparencia resulta ser una clave esencial para una comunicación en igualdad de términos. Esto haría posible la restitución digital, con frecuencia exigida por las sociedades de origen; pero, también, las solicitudes por restituir objetos reales, cuya existencia habría sido hasta entonces desconocida. En esto, los museos se enfrentan a una labor hercúlea. Se requiere de extensas inversiones por parte de los financiadores: una especie de revolución digital en la cultura, ni más ni menos. Si la digitalización sólo puede seguir sucediendo con los escasos recursos disponibles, entonces las nuevas generaciones seguirán exigiendo transparencia.

La transparencia sólo se puede lograr si se abren las colecciones en todo el mundo.

En el caso del Museo de Ultramar, además de la digitalización y la investigación sobre la proveniencia, también se están dando pasos en la cooperación. El proyecto: una de las exposiciones permanentes requiere una revisión a fondo. El tema es la región de Oceanía, cuyas islas se están viendo amenazadas de forma masiva por el cambio climático. Ahí también hubo una colonia alemana de 1900 a 1919, Samoa Alemana; por tanto, también existen las colecciones correspondientes en el almacén del museo. Por eso, el plan es que científicos y científicas de la actual Samoa sean co-curadores y que examinen las colecciones del museo. Será muy emocionante formular con ellos el discurso, y ver qué temas formulan, qué objetos eligen y qué importancia les atribuyen. Si a partir del trabajo se da una solicitud de restitución, será vital hacerle frente. Para el Museo de Ultramar, no sería una experiencia nueva. Ya en el año de 2017 el museo fue escenario de una ceremonia para restituir restos humanos de morioris y maoríes de sus propias colecciones. La Ciudad Libre Hanseática de Bremen le devolvió estos restos a Nueva Zelanda.