Superar el colonialismo Latitud: De vuelta al punto cero

Latitud: marca de la latitud geográfica de cero grados como línea amarilla del Ecuador, monumento en Ecuador La Mitad del Mundo en San Antonio de Pichincha, Ecuador, América del Sur
Línea ecuatorial amarilla: marca de la latitud geográfica de cero grados, monumento del ecuador “La mitad del mundo” en San Antonio de Pichincha, Ecuador, Sudamérica. | Foto (detalle): Guenter Fischer © picture alliance / imageBROKER

En la novela de Yvonne Owuor “The Dragonfly Sea”, una joven estudiante keniana reflexiona en torno al hecho de que, como ciudadana de uno de los trece países que atraviesa el ecuador, se encuentra en “el centro del mundo”. Esta realidad geográfica se contradice con su experiencia cotidiana como estudiante extranjera, siempre que se le recuerda el poco significado que tiene la inconmensurable historia, el conocimiento, la sabiduría y la experiencia de su pueblo en el contexto de las jerarquías del poder geopolítico del mundo.

De Mshaï Mwangola

De ahí que se ajusta la definición de “latitud”, en Kiswahili “mstari wa kidhahani” (literalmente: línea imaginaria) y la forma en que semejantes líneas de demarcación se convierten en una realidad a través de nuestra capacidad de imaginación colectiva. Con “latitud” se piensa en la distancia. Se trata de medir qué tan lejos se desplaza uno de un punto central y de los otros puntos fuera del central. Pero no sólo para que hagamos una diferencia entre “Norte” y “Sur”. También nos podemos imaginar las distancias de un punto medio representado por el ecuador, el punto cero. Latitud describe las posibilidades infinitas del poder de la imaginación, la libertad (o la falta de ésta) del pensamiento y, por lo tanto, del actuar y del ser. Finalmente, la latitud nos mueve desde la perspectiva del ecuador hacia la reflexión de lo que significa estar en el centro.
 
Estas dimensiones representan para mí el punto esencial de discusión sobre el poscolonialismo en esta era histórica, en la cual se trata de superar el colonialismo. Para conseguirlo, necesitamos de todo nuestro poder imaginativo: imaginarnos un mundo fuera del orden mundial de una jerarquía hegemónica, cuestionar nuestro entendimiento y nuestra percepción de lo confiable, y dejar atrás el mono-centralismo en beneficio de la diversidad de los “puntos cero”.

Jerarquías y hegemonías en la mira

En los mapas, las “latitudes” sirven para posicionarse en el mundo, dicho metafórica y literalmente, y representar la distancia entre un lugar determinado y otros lugares. En el pasado era posible un concepto muy claro ‒de la época actual– de la globalización, que asignaba determinados papeles a todas las partes del mundo sobre la base de un sistema global de conquista imperialista que llamamos colonialismo.
  • Latitud: en diversos puntos en Uganda, hay en el ecuador lugares turísticos y negocios. La línea geográfica se encuentra incluso marcada en la moneda del país africPara muchas personas, la calle hacia el hemisferio sur tan sólo es una conexión normal que se puede recorrer en bicicleta. Fritz Schumann © picture alliance/dpa-Zentralbild
    Latitud: en diversos puntos en Uganda, hay en el ecuador lugares turísticos y negocios. La línea geográfica se encuentra incluso marcada en la moneda del país africano. Para muchas personas, la calle hacia el hemisferio sur tan sólo es una conexión normal que se puede recorrer en bicicleta.
  • Latitud: La imagen de archivo sin fecha muestra el antiguo tren Kenia-Uganda, dividido con el paso del tiempo entre ambos países. La red ferroviaria del tren, bautizado por los señores de la colonia como “Lunatic Express”, se llevó la vida de 2500 trabajadores y requirió más de cinco millones de libras esterlinas hasta su finalización en 1901. El tren Kenia-Uganda es una de las líneas de tren más impresionantes del mundo. Comienza a cero metros sobre el nivel del mar, se extiende a través de pastizales y desiertos, bosques y tierras altas de 2785 metros, para luego caer de nuevo desde el ecuador a 1520 metros. DB Antje Passenheim © dpa - Bildarchiv
    La imagen de archivo sin fecha muestra el antiguo tren Kenia-Uganda, dividido con el paso del tiempo entre ambos países. La red ferroviaria del tren, bautizado por los señores de la colonia como “Lunatic Express”, se llevó la vida de 2500 trabajadores y requirió más de cinco millones de libras esterlinas hasta su finalización en 1901. El tren Kenia-Uganda es una de las líneas de tren más impresionantes del mundo. Comienza a cero metros sobre el nivel del mar, se extiende a través de pastizales y desiertos, bosques y tierras altas de 2785 metros, para luego caer de nuevo desde el ecuador a 1520 metros.
  • Latitud: La bandera de Nauru ilustra la situación geográfica del país insular a tan sólo un grado al sur del ecuador. Nauru es uno de los países más pequeños de la Tierra, se compone de la isla de coral del mismo nombre, pertenece al mundo insular de Micronesia y se encuentra en el Océano Pacífico. En 1888, Nauru fue puesto como protectorado bajo el dominio del Imperio Alemán. Durante la Primera guerra mundial, Australia tomó el control de la isla y así la mantuvo, excepto durante la ocupación japonesa de 1942 a 1945, hasta la independencia del país en 1968. McPHOTO/K. Steinkamp © picture alliance / blickwinkel
    La bandera de Nauru ilustra la situación geográfica del país insular a tan sólo un grado al sur del ecuador. Nauru es uno de los países más pequeños de la Tierra, se compone de la isla de coral del mismo nombre, pertenece al mundo insular de Micronesia y se encuentra en el Océano Pacífico. En 1888, Nauru fue puesto como protectorado bajo el dominio del Imperio Alemán. Durante la Primera guerra mundial, Australia tomó el control de la isla y así la mantuvo, excepto durante la ocupación japonesa de 1942 a 1945, hasta la independencia del país en 1968.
  • Latitud: El monte Kenia en Kenia. Es la segunda montaña más alta de África Oriental y se encuentra prácticamente justo en el ecuador. M.Harvey/WILDLIFE © picture alliance
    El monte Kenia en Kenia. Es la segunda montaña más alta de África Oriental y se encuentra prácticamente justo en el ecuador.
  • Latitud: La hora pico en el centro de Apia, Samoa. En el fondo a la derecha se encuentra la torre del reloj (Clock Tower). La torre del reloj es uno de los emblemas de Apia y recuerda a los samoanos caídos a manos de los aliados durante la Primera Guerra Mundial. El estado insular de Samoa se encuentra en el Pacífico Sur, al sur del ecuador, no lejos de la línea internacional de cambio de fecha, pertenece a la Polinesia y vivió una larga época colonial bajo el dominio de varios países (Reino Unido, Imperio Alemán, Estados Unidos de América, Nueva Zelanda). Karl-Heinz Eiferle © picture alliance
    La hora pico en el centro de Apia, Samoa. En el fondo a la derecha se encuentra la torre del reloj (Clock Tower). La torre del reloj es uno de los emblemas de Apia y recuerda a los samoanos caídos a manos de los aliados durante la Primera Guerra Mundial. El estado insular de Samoa se encuentra en el Pacífico Sur, al sur del ecuador, no lejos de la línea internacional de cambio de fecha, pertenece a la Polinesia y vivió una larga época colonial bajo el dominio de varios países (Reino Unido, Imperio Alemán, Estados Unidos de América, Nueva Zelanda).
  • Latitud: La fotografía sin fecha muestra la tribuna del estadio de fútbol Zerao en Macapa, Brasil. La línea central del estadio se extiende por el ecuador, de tal suerte, hay una cancha en el hemisferio norte y otra en el hemisferio sur. Brainpix ©
    La fotografía sin fecha muestra la tribuna del estadio de fútbol Zerao en Macapa, Brasil. La línea central del estadio se extiende por el ecuador, de tal suerte, hay una cancha en el hemisferio norte y otra en el hemisferio sur.
La demarcación textual del planeta en hemisferios geográficamente definidos, asignada por el imperialismo europeo, continúa hasta hoy en una jerarquía internacional aún vigente. En consecuencia, hay un “Norte global” dominante, definido por los abanderados y herederos del colonialismo europeo, y un “Sur global” subordinado y periférico que, desde hace mucho, sólo resulta útil en tanto apoye la dominación política, económica y sociocultural del Norte.

Abandonar la zona de confort

El primer paso para superar el colonialismo consiste en eliminar y sustituir, definitiva y completamente, las estructuras jerárquicas desiguales e institucionalizadas por el colonialismo. Al pasar de la deconstrucción a la creación de una nueva realidad, encontramos un significado alternativo del término “latitud” y su relación con el concepto de libertad. En su manifestación más positiva, se trata de superar en las alas de la imaginación las fronteras de lo conocido. En muchas naciones del Sur global, la realidad vivida en la era “poscolonial” consta de figuras que asumen y normalizan la lógica que sirve de base al colonialismo. Paradójicamente, esto tiene por consecuencia un mayor alcance del perjuicio, aún cuando la independencia convirtió la fachada exterior en una sombra supuestamente benigna. Con ello, no se trata de culpar al colonialismo por todo lo que ha resultado mal en esos países. Más bien, se debe mostrar la manera en que las desigualdades estructurales, las jerarquías y hegemonías han podido sobrevivir al paso del tiempo.

La diversidad de las realidades que se viven

El segundo paso para superar el colonialismo consiste en cuestionar las fronteras que limitan nuestro pensar y actuar, incluso dondequiera y quienquiera que queramos ser. Ignorando el hecho de en qué forma estas fronteras se han establecido y/o mantenido, replican el colonialismo en el modelo de pensamiento, en procesos, en los marcos institucionales y en privilegios. De manera paradójica, muchos de los y las protagonistas que hoy representan los peores excesos de este orden colonial, provienen de los territorios liberados por la independencia. La superación del colonialismo requiere que reconozcamos la riqueza y diversidad de las realidades que se viven, han sobrevivido y se han extendido más allá de sus estrechas fronteras. Esto significa que de nuevo volvemos a las historias y a los recuerdos colectivos, los cuales han sido desatendidos, ignorados, mal representados o minimizados.

Esto también significa que nos debemos despedir de las prácticas que favorecen los privilegios aún cuando éstas pretendan lo contrario, como lo es etiquetar de manera innecesaria los acontecimientos históricos o los discursos de pre- o poscolonial.

"La superación del colonialismo requiere que reconozcamos la riqueza y diversidad de las realidades que se viven, y cómo han sobrevivido y se han extendido más allá de sus estrechas fronteras".

Para ello es crucial definir con más exactitud lo que sabemos y cómo es que llegamos a saberlo, y permitir las realidades y posibilidades que desafían a las dualidades reduccionistas, las cuales se adhieren con frecuencia al concepto de “latitud”. Nos veríamos obligados a recurrir a nuestro propio conocimiento, en vez de ceder el derecho del propio pensar y actuar a otros, cuyas experiencias, percepciones y puntos de vista posiblemente no coinciden con los nuestros. De esta manera, nos damos cuenta de cuán complejas pueden ser las cosas hermosas y valiosas en este mundo que ahora encarna de nuevo nuestro punto cero.