El legado cultural africano en Brasil Desatendidos por el sistema educativo oficial

El festival musical “Carnaval de gongo de Roda D'Agua”, en el norte de Brasil, que tuvo su origen hace 100 años en la cultura de los esclavos.
El festival musical “Carnaval de gongo de Roda D'Agua”, en el norte de Brasil, que tuvo su origen hace 100 años en la cultura de los esclavos. | Foto (detalle): Diego Herculano © picture alliance

La sociedad brasileña nunca superó su cultura de la esclavitud, su violencia física y simbólica. Las y los jóvenes negros y gente de origen africano siguen estando expuestos a la violencia policial en la periferia de las grandes ciudades. El sistema educativo del país se basa todavía en patrones etnocéntricos.

De Thiago de Paula Souza

Hace algunas semanas, una amiga me preguntó en una fiesta “de qué parte de África” era originaria mi familia. Esto me hizo reflexionar una vez más sobre la aniquilación de la memoria y de la historia de la población negra que fue llevada por la fuerza a Brasil. Y sobre la responsabilidad que tenemos en cuanto a la preservación y la restauración de estas culturas en el país. A nivel mundial, Brasil es el país en el que la esclavitud duró más tiempo y se extendió en el área geográfica más grande. 40 por ciento de las personas que fueron vendidas como esclavos y esclavas entre el siglo XVI y XIX vinieron a dar a nuestro país. La presencia negra influyó en nuestras costumbres, nuestro idioma y los ámbitos culturales más distintos en nuestro país. Durante casi cuatro siglos estos hombres y mujeres tuvieron la mayor importancia para nuestro desarrollo económico y social. Se calcula que, en tiempos de la esclavitud, aproximadamente 4.8 millones de africanas y africanos fueron llevados a Brasil, al mismo tiempo que llegaron al país aproximadamente 600 mil portugueses. Ya esto nos dice mucho sobre la composición de la población brasileña actual. Según sondeos del Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE), en 2013, aproximadamente 53 por ciento de la población dijo ser negra o de piel oscura.
 
Cuando la esclavitud fue abolida en 1888, no hubo medidas estatales para integrar a los antiguos esclavos como ciudadanos con plenos derechos a la sociedad. Todavía hoy la mayoría de los brasileños de origen africano se mueven en las zonas inferiores de la pirámide social en el país. Las diferencias entre blancos y negros resultan evidentes, según se infiere de los datos referentes a violencia policial, expectativas de vida, acceso a los servicios públicos (como salud y educación), niveles de ingresos y tasas de desempleo. A principios de 2014, el IBGE publicó cifras que indican que el ingreso promedio de las personas que se consideran negras o de piel oscura apenas ascienden a la mitad de lo que un trabajador blanco gana en promedio.

Aniquilación de la memoria y de las historias

Nuestra historia se construye a partir de la negación del otro, pero al mismo tiempo nunca hubo una discriminación política institucionalizada, como en Estados Unidos o Sudáfrica. Quizá por eso es que desmentimos la existencia del racismo en nuestro país y, en su lugar, postulamos la idea de una “democracia racial”, que oculta el hecho de que la mezcla que experimentamos en nuestros cuerpos es también el resultado de un duro y violento proceso de aniquilación de la memoria y de las historias.
 
La sociedad brasileña nunca superó su cultura de la esclavitud, su violencia física y simbólica. El genocidio de miles de jóvenes africanos y de personas de ascendencia africana en la periferia de las grandes ciudades es un hecho. Según Amnistía Internacional, en el año de 2012 fueron asesinadas 56 mil personas en Brasil. De ellas, 30 mil eran jóvenes, es decir, entre 15 y 29 años; el 77 por ciento era negro. Como lo expresó hace poco la historiadora y antropóloga Lília Moritz Schwarcz, “las personas negras son sentenciadas a prisión, mueren con más frecuencia y es inevitable constatar que, en Brasil, prácticamente se está exterminando a una generación entera de jóvenes”.

Racismo y educación

En Brasil es necesario hacer consciencia de que existe la inequidad basada en el color de la piel, y de que ésta se debe combatir. La escuela parece ser un recurso posible en este sentido. El científico Marcio Farias señala que “la educación puede desempeñar un papel destacado (en este combate), en caso de que asuma la responsabilidad ética y política de razonar sobre nuestro racismo cotidiano, y de darles a las y los escolares la posibilidad de reflexionar a profundidad sobre el vínculo que Brasil tiene con África.
 
No obstante, debido a su compleja estructura, el racismo tiene su manifestación más clara justamente en ese sistema educativo. En los libros de texto, no son raras las reproducciones de dibujos de tiempos de la esclavitud, en las que se muestra a hombres y mujeres negros en posiciones de sumisión. Para las y los escolares de origen africano, resulta difícil encontrar representaciones en las que sus ancestros tengan papeles protagónicos, que vayan más allá de la imagen del esclavizado; es decir, un papel propio en la historia de Brasil, lo cual les ayudaría en la construcción de una identidad positiva.

La construcción de un sujeto negro

Thais Avellar, del Centro de Investigación para la Conciencia Negra, de la Universidad de São Paulo (USP), recuerda que “la identidad es un proceso, una construcción que debe cuidarse y que necesita puntos de referencia. En el mundo hay muchos puntos de referencia. En ese sentido, es necesario reflexionar acerca de la posibilidad de que, al construir un sujeto negro (en toda su pluralidad) haya posibilidades, dentro de ese andamiaje, de que las personas negras y de origen africano se sientan representadas. Por cierto, desde una perspectiva que ya no sirva a la perpetuación de aquellos roles sociales que le fueron adscritos a la población negra en el curso de la historia considerada como oficial.”
 
Y, de nuevo, la escuela, debido a su “destacado papel”, puede ser el espacio para sostener una reflexión sobre la identidad y la memoria de la población de origen africano, al ser capaz de crear el acceso al conocimiento sobre uno de nuestros más importantes elementos socioculturales: lo africano. Éste es el objetivo de la ley núm. 10639, de enero de 2013, que hace obligatorios los contenidos sobre la historia y la cultura afrobrasileñas en las escuelas de educación básica y media, y que estimula una reflexión menos colonialista sobre nuestros vínculos más allá del Atlántico.

Por una educación menos etnocéntrica y más plural

Por eso, la educación debe reformarse, ser menos etnocéntrica y, por tanto, más plural. Empezando por formación de las y los docentes, que debe ofrecer una perspectiva diferente sobre la historia de África, para no volver a caer en lugares comunes, que tienden a la construcción de un continente mítico, idealizado. Lo importante es que todos los involucrados en el sistema educativo desarrollen la conciencia de que en África, antes de la diáspora, existían una organización social, formas de vida diferentes, cosmovisiones y religiones diversas, y que las sociedades que ahí vivían no estaban aisladas, sino que estaban integradas en un flujo dinámico de intercambio de mercancías e ideas con otros pueblos.
 
La escuela, al ser un microcosmos de nuestra sociedad, no puede considerarse ni como un espacio inmune a la discriminación ni como la única solución para los cotidianos conflictos provocados por el racismo. Pero sí puede y debe ser una herramienta para deconstruir los mitos y las generalizaciones. Las diferencias no se deben equiparar con inequidades, sino como posibilidades de ampliar nuestro repertorio. La transmisión de contenidos de la cultura y la historia afrobrasileñas nos permiten tener no sólo una mejor comprensión del establecimiento de nuestro territorio y nuestra sociedad, sino también reflexionar acerca de nuestro propio devenir y existencia.

Aquí puedes ver un video en el que Thiago de Paula Souza habla sobre el Sur global:
 
Der Kurator Thiago de Paula Souza über die Vorstellung des globalen Südens
Foto (Detail): © Oleg Stepanov