Descolonización lingüística Las lenguas africanas siguen en desventaja

Jóvenes togoleses aprenden alemán en la escuela Doktor Gustav Nachtigal, llamada así en honor del investigador alemán sobre África
Jóvenes togoleses aprenden alemán en la escuela Doktor Gustav Nachtigal, llamada así en honor del investigador alemán sobre África | Foto (detalle): Roland Witschel © dpa-Bildarchiv

En 1997 se llevó a cabo en Harare, la capital de Zimbabue, una conferencia gubernamental apoyada por la UNESCO sobre la política lingüística en África. Entre otros, uno de los objetivos principales era elaborar un marco para el establecimiento de lenguas nacionales en los países africanos. 51 de 54 países africanos participaron en la conferencia. Desgraciadamente, no muchos países africanos pueden afirmar que tengan una lengua nacional.

De Christian Harris

Hay muchas razones para estas circunstancias lamentables. Una razón, al parecer común y que es aducida con frecuencia por los poderosos y los responsables de elaborar la política lingüística en sus respectivos países, tiene que ver con el problema de la diversidad lingüística africana. Hoy en día, existen en África más de 2,500 lenguas y, argumentan, el establecimiento de un marco para las lenguas nacionales sería una empresa muy compleja. Resulta notable que algunos países hayan elegido e implementado una lengua nacional. Entre ellos se encuentran Tanzania, Kenia, Botsuana, Etiopia, la República Centroafricana, Ruanda, Burundi, Lesoto y Esuatini (antes Suazilandia).

Por otro lado, otros países africanos han decidido reconocer más de una lengua. Estos países son: Namibia, Sudáfrica, Zambia, Nigeria, Ghana, Zimbabue y la República Democrática del Congo, por nombrar sólo algunos. Pero incluso cuando una o varias lenguas son reconocidas como lenguas nacionales o co-oficiales, con frecuencia son eclipsadas por las lenguas coloniales, que parecen estar profundamente arraigadas en el sistema. Por ejemplo, Botsuana reconoce el inglés y el setsuana como lenguas oficiales, pero la mayoría de los letreros en las calles y de los comunicados gubernamentales están sólo en inglés. Algo similar ocurre en Tanzania, que es elogiado por ser la esperanza por lo que respecta a la promoción de una lengua africana (el suajili), pero con frecuencia es criticado por la utilización del inglés en áreas en las que también se podría usar el suajili. Así, por ejemplo, el inglés se usa para dar clases en las universidades y en las relaciones exteriores, mientras que ambas actividades podrían llevarse a cabo en suajili.

Otra razón que quienes toman las decisiones en África suelen esgrimir son los costos relacionados con el desarrollo de una ortografía para estas lenguas. Por eso, los gobiernos africanos se deciden por el uso de las lenguas coloniales, que están ya totalmente desarrolladas y que se pueden implementar fácilmente en todos los contextos gubernamentales.

¿Falta de incentivos para las lenguas africanas?

Desgraciadamente, también las actitudes negativas de las y los africanos frente a sus propias lenguas desempeñan un papel en la marginación de las lenguas indígenas. Muchos de ellos siguen aceptando de forma generalizada el hecho de que no hay incentivos económicos para aprender y dominar las lenguas indígenas. Los padres, incluyendo los que provienen de estratos de ingresos bajos, abogan por que sus hijos e hijas tomen clases no en sus respectivas lenguas indígenas, sino en las lenguas coloniales, puesto que con éstas últimas se asocian prestigio y ventajas económicas. Esta actitud sumamente difundida frente a las lenguas africanas les dificulta a muchos países establecer de manera integral condiciones legales y políticas que tengan como objetivo elevar a las lenguas africanas al mismo nivel que sus contrapartes europeas. En países africanos como Angola o Costa de Marfil no resulta raro conocer a personas nacidas en África, que crecieron ahí y nunca han estado en Europa y que, sin embargo, sólo hablan portugués o francés, y afirman no tener conocimiento alguno de ninguno de los dialectos indígenas locales. Aquí se manifiestan las repercusiones del colonialismo europeo en la psique de muchos africanos y africanas.

No hay voluntad política

Numerosos gobiernos africanos también marginan sus propias lenguas por un fenómeno conocido como “aislamiento elitista”. Scotton (2010) define el aislamiento elitista como una “divergencia lingüística, que aparece como resultado de la utilización de una lengua que sólo una élite conoce o prefiere, en este caso, el inglés. Esta divergencia puede tener un propósito específico, por ejemplo, ser una medida de control.” Obligar a la gente del pueblo a usar una lengua colonial que no domina es también una manera de restringir el acceso de las masas a los recursos estatales.


Jóvenes togoleses aprenden alemán en la escuela Doktor Gustav Nachtigal, llamada así en honor del investigador alemán sobre África Jóvenes togoleses aprenden alemán en la escuela Doktor Gustav Nachtigal, llamada así en honor del investigador alemán sobre África | Foto (detalle): Roland Witschel © dpa-Bildarchiv

Como ya se mencionó arriba, la falta de voluntad colectiva por parte de los líderes africanos para promover las lenguas africanas sigue siendo un importante obstáculo para que se revitalicen estas lenguas. Además de la declaración de Harare para establecer una política lingüística en África, se han celebrado otras conferencias e iniciativas con el mismo objetivo. La Declaración de Asmara sobre las lenguas africanas, del año 2000, lo mismo que la Conferencia sobre la Lengua en la Educación, en la ciudad de Yuba, en Sudán del Sur, enfatizan la importancia de emplear las lenguas africanas en todos los contextos gubernamentales, incluyendo su empleo en las clases en la educación superior. Sin embargo, estas iniciativas no han caído en tierra fértil. La culpa debe buscarse también entre las autoridades locales, que no promueven a las lenguas indígenas. No fue sino hasta que el ex presidente mozambiqueño Joachim Chissano pronunció un discurso en suajili (aunque no era su lengua materna), que la Unión Africana (UA) declaró que todas las lenguas africanas eran oficiales. Pero, hasta ahora, esa declaración se ha quedado sólo en el papel. Desde el discurso de Chissano, ningún mandatario o mandataria ha vuelto a pronunciar un discurso en su lengua materna en las sesiones de la UA. ¿Cómo se puede tomar en serio a las lenguas africanas si los propios mandatarios africanos se avergüenzan de promoverlas?

La única forma de elevar el estatus de las lenguas indígenas africanas consiste en establecer comisiones de reglamentación para dichas lenguas, que supervisen su utilización en los sectores gubernamental y privado. Esta tarea podría ser encomendada ya sea a universidades o a instituciones independientes gubernamentales, como el sudafricano Pan South African Language Board (Consejo de Lengua Pansudafricano). Además, las y los políticos, comediantes y artistas locales deberían usar ocasionalmente las lenguas africanas, para eliminar el estigma con el que se les asocia.

Otro problema relevante dentro del discurso del panafricanismo se refiere a la descolonización de las instituciones políticas y sociales en África. Siglos de colonialismo europeo han ocasionado que muchos africanos tengan la sensación de valer menos, y que tengan menos confianza en todo lo africano, incluyendo sus lenguas y sus culturas. El uso constante de las lenguas coloniales y el prestigio que se les concede en instituciones africanas en un indicador de esta anomalía. Las élites aducen, entre otras razones, que las lenguas africanas carecen de la terminología para usarse, por ejemplo, en las cortes, o que no disponen de los conceptos científicos y técnicos necesarios como para que se les pueda usar en las escuelas. Sin embargo, eso es una perogrullada, puesto que ninguna lengua dispone a priori de conceptos científicos, técnicos, políticos y jurídicos. Es sabido que la propia lengua inglesa ha tomado prestados muchos de estos términos del latín, el griego y el francés.

Tanzania, Somalia, Etiopía y, hasta cierto grado, Ruanda se cuentan entre los pocos países africanos que emplean lenguas indígenas en sus Parlamentos. Éste es un claro ejemplo de la descolonización de los Parlamentos africanos. Los debates parlamentarios sostenidos en lenguas indígenas son una ventaja para las y los ciudadanos comunes y corrientes, que de esta manera pueden entender sin dificultades los mensajes de sus representantes.

En ciertos círculos se teme que muchas lenguas africanas podrían extinguirse en menos de 100 años. Pero en contra de la opinión generalizada, las lenguas europeas no son una amenaza para las africanas, según afirman algunos lingüistas, principalmente Salikoko Mufwene, un renombrado lingüista en lenguas bantúes. Más bien son las lenguas africanas las que representan un peligro para otras lenguas africanas. Así, por ejemplo, el suajili, lo mismo que el setsuana en Botsuana, es una amenaza para cientos de lenguas locales en África Oriental.

Entrevista con Christian Harris en el marco de las “Conversaciones sobre museos” 2019, en Namibia: