Descolonizar los museos La jardinería negra señala el camino

La flor iris “Moraea Vuvuzela”es una especie vegetal descubierta hace poco en Sudáfrica. El nombre de la flor le fue dedicado al primer Mundial de Futbol en el continente africano
La flor iris “Moraea Vuvuzela”es una especie vegetal descubierta hace poco en Sudáfrica. El nombre de la flor le fue dedicado al primer Mundial de Futbol en el continente africano | Foto (detalle): John Manning © picture alliance /dpa

Así como la jardinería, que antes fue un acto de coerción colonialista, está adquiriendo una nueva calidad en los townships de Johannesburgo, también podría tener éxito la descolonización de los museos.

De Molemo Moiloa

Vivir en la post-colonia y estar comprometido con el proceso de descolonización significa también verse confrontado con la pregunta de qué hacer con los respectivos legados coloniales. En todo el continente africano las potencias coloniales dejaron infraestructuras, prácticas y epistemes, y su poder se conserva de muchas maneras. ¿Se deben derruir esos legados? ¿Dejar que se conviertan en ruinas? ¿Reforzarlos? ¿Cómo, de qué manera y quién? ¿Y cómo se toma esa decisión? Cuando pensamos en cómo manejar los legados coloniales, quizá podamos aprender de prácticas y modelos ya existentes tomados de la vida negra cotidiana, que nos pueden mostrar algunas posibilidades.

Reinterpretar la jardinería

El objetivo del proyecto Ejaradini, del colectivo oriundo de Johannesburgo MADEYOULOOK, fue tratar de responder a algunas de estas preguntas reflexionando acerca de la jardinería. La jardinería es un acto de coerción colonialista. Su historia tal y como la conocemos hoy está profundamente influida por la era colonial y su episteme inherente. Esto incluye prácticas como colectar objetos de tierras lejanas en el curso de expediciones coloniales; estar obsesionado por lo exótico; dar por sentado que el “colonialista” tiene derecho a controlar y estructurar su entorno; el papel de la acumulación del conocimiento en aras del poder; la denominación y categorización de los objetos como parte de esta dinámica de poder; y la imposición de estructuras y posiciones europeas, incluso de plantas y céspedes en un entorno al que no pertenecen. Como quizá ya se dio usted cuenta, estas características se pueden transferir de manera casi idéntica a los museos, que tradicionalmente han servido como espacios para las colecciones, el exotismo, la categorización y la dinámica de poder inherente a esta forma de producción de conocimiento. Estas dos prácticas alcanzaron su punto culminante a través del colonialismo y encarnan de muchas maneras sus problemáticas decisivas.
Jardín en Benoni, Sudáfrica, alrededor de 1950 Jardín en Benoni, Sudáfrica, alrededor de 1950 | Foto: © Ronald Ngilima
Por eso el proyecto Ejaradini trata de poner bajo la lupa este legado de la jardinería –sobre todo, cómo la jardinería ha sido interpretada por las y los sudafricanos negros–, para transferirlo al legado de los museos. La jardinería negra urbana es una praxis existente, que retoma el legado colonial y lo reconfigura para otorgarle implicaciones y prácticas totalmente nuevas: un saber muy valioso para todos los que reflexionan acerca de lo que la descolonización podría significar, sobre todo para los museos. El proyecto Ejaradini buscó informaciones sobre la jardinería negra en Sudáfrica, y se topó sobre todo con archivos fotográficos cuyas imágenes abarcan desde la década de 1950 hasta la actualidad. Con ayuda de los archivos y otras investigaciones, fue posible definir varias formas en las que la jardinería negra urbana reconfigura este legado.

El lugar y la creación de pertenencia

Los archivos fotográficos indican que en la época previa, durante y posterior a las reubicaciones forzadas, se plantaron grandes jardines. Plantar un jardín significa hacer una inversión en el futuro; creer que uno va a permanecer el tiempo suficiente en un mismo lugar como para experimentar las diferentes estaciones del año. Plantar un jardín en medio de las reubicaciones forzadas es, por tanto, una declaración radical de creación de pertenencia. Significa afirmar de manera obstinada que uno no se va a mover de sitio.

Trabajo des-enajenado y una radical reposesión del tiempo

Además, plantar un jardín en ese período significa también invertir tiempo y esfuerzo en la propia alegría y el propio regreso. El jardín se convierte en un lugar fuera del régimen laboral de migración y explotación que, por un lado, enajenó a tantos sudafricanos y sudafricanas del potencial de su propio trabajo y, por otro, tuvo como consecuencia que tuvieran muy poco tiempo para descansar o para invertir en sí mismos. De esta forma, el jardín es también una apropiación del tiempo y del trabajo para la propia persona. Y hay que hacer notar, porque es importante, que éste no es un tiempo industrial, sino el tiempo de la lluvia, de la luz del sol y de las estaciones del año. Es un tiempo que no le pertenece a las fuerzas del capital. 

Autoridad doméstica

El jardín en casa se convierte en un espacio de placentero trabajo doméstico. Lo doméstico se convierte en un lugar de productividad, pero también de descanso y de disfrute. Además, este espacio doméstico no está determinado necesariamente por el género, puesto que tanto los hombres como las mujeres eran responsables del cuidado de su jardín (por contraposición con los “garden boys” de todas las edades, los hombres que trabajaban como jardineros en los barrios blancos). De este modo, el jardín se convierte en un espacio en el que se puede reclamar el poder de lo doméstico, de la intimidad y del estar en casa.

Refugio y santuario

Este poder de lo doméstico y la alegría que produce también nos habla de una sensación de refugio y santuario, hecha posible gracias a los jardines negros urbanos. El trabajo meditativo de la jardinería, así como la intimidad y el cuidado que genera crean la posibilidad de tener un lugar protegido, especial para la alegría y para encontrarse a sí mismo.

Muerte y descomposición

Resulta muy significativo que estos elementos de la jardinería no sean utópicos, sino más bien parte de un ciclo natural, que incluye a la muerte, la descomposición y la transformación. En un sentido más amplio, el jardín y el mundo vegetal nos ofrecen también el potencial de aquello que surge cuando dejamos morir a las cosas, y de lo que puede surgir a partir de las cosas que deben tener un fin.
Foto de Orlando en Soweto, posiblemente en la década de 1960 Foto de Orlando en Soweto, posiblemente en la década de 1960 | Foto: © Museum Africa Collection
La meta del proyecto Ejaradini era incitar una transferencia de estos elementos al museo. La instalación consistía, en primer lugar, en un jardín de plantas que se encuentran en los jardines de los townships y que se consideran plantas alimenticias, con un carácter espiritual, medicinales o que tienen “sólo” un valor decorativo. Repartidos por el jardín se encontraban los archivos fotográficos que documentaba la larga tradición que tiene esta práctica. El jardín se plantó en el patio de la Johannesburg Art Gallery (JAG), como un lugar para las pausas y el silencio, como un refugio en medio de la locura de la ciudad. Pero también se le concibió como un lugar en el que se pudieran llevar a cabo eventos afines, como jardinería para niños, colaboraciones con jardineros negros urbanos, un programa de conferencias y otras prácticas, por ejemplo, una noche de poesía e incluso la fiesta de Navidad de la JAG. Así, el jardín se pensó para ser un espacio que atrajera a las comunidades al museo. El jardín, fuera de las convenciones de la praxis museística usual, hizo tangibles la alegría, el descanso, el refugio y el tiempo para tomarse un receso. Reunió a personas que de otra manera no hubieran visitado este lugar, e incentivó un uso del museo ya no como una muda colección de objetos y de su contemplación, sino también como la creación de sentido y de vínculos con otro tipo de trabajo. El jardín trató de encontrar caminos viables para que la muerte del museo colonial pudiera ser el material en descomposición que alimentara otras relaciones.

 
  • Instalación Ejaradini en la Johannesburg Art Gallery, 2018/19, MADEYOULOOK Foto: RicardoMarcusK
    Instalación Ejaradini en la Johannesburg Art Gallery, 2018/19, MADEYOULOOK
  • Instalación Ejaradini en la Johannesburg Art Gallery, 2018/19, MADEYOULOOK Foto: RicardoMarcusK
    Instalación Ejaradini en la Johannesburg Art Gallery, 2018/19, MADEYOULOOK
  • Instalación Ejaradini en la Johannesburg Art Gallery, 2018/19, MADEYOULOOK Foto: © RicardoMarcusK
    Instalación Ejaradini en la Johannesburg Art Gallery, 2018/19, MADEYOULOOK
  • Mphepho Press Poetry: evento en la instalación Ejaradini en la Johannesburg Art Gallery, 2018/19, MADEYOULOOK Foto: RicardoMarcusK
    Mphepho Press Poetry: evento en la instalación Ejaradini en la Johannesburg Art Gallery, 2018/19, MADEYOULOOK
  • Mphati Music Please Motha toca música vegetal en la instalación Ejaradini en la Johannesburg Art Gallery, 2018/19, MADEYOULOOKOOK Foto: RicardoMarcusK
    Mphati Music Please Motha toca música vegetal en la instalación Ejaradini en la Johannesburg Art Gallery, 2018/19, MADEYOULOOKOOK
  • Taller de jardinería para niños en la instalación Ejaradini en la Johannesburg Art Gallery, 2018/19, MADEYOULOOK Foto: RicardoMarcusK
    Taller de jardinería para niños en la instalación Ejaradini en la Johannesburg Art Gallery, 2018/19, MADEYOULOOK
  • Dibujo infantil Foto: © RicardoMarcusK
    Dibujo infantil

La JAG se ubica en el bullicioso Centro de Johannesburgo y constituye un opresivo y pesado legado colonial, que lucha por encontrar su lugar en la Sudáfrica contemporánea. Este viejo lastre del poder y la violencia coloniales parece ser prácticamente incapaz de sacudirse las consecuencias de su pasado. Pero a través de la cotidianidad normal negra podríamos encontrar maneras de cómo las personas han desafiado lo colonial de manera penetrante y, con frecuencia, muy simple; también podríamos aprender del hecho de que, incluso en el corazón de infraestructuras coloniales, han encontrado paz y alegría. Podríamos empezar imaginando lo que podría significar la descolonización.