Descolonización y emancipación lingüística Sólo destruir, destruir, destruir

2019 Nyeri, Kenia: Los luchadores por la libertad de Kenia, llamados “Mau Mau”, conmemoraron la ejecución de su líder Dedan Kimathi, ocurrida el 18 de febrero de 1857
2019 Nyeri, Kenia: Los luchadores por la libertad de Kenia, llamados “Mau Mau”, conmemoraron la ejecución de su líder Dedan Kimathi, ocurrida el 18 de febrero de 1857 | Foto (detalle): Billy Mutai © picture alliance/ZUMA Press

“Hay mucha violencia asociada con hablar las lenguas africanas”: una entrevista con Ngugi wa Thiong’o, probablemente el novelista más famoso de Kenia, quien escribe todas sus obras en gikuyu.

Cuando Ngugi wa Thiong’o regresó a Limuru después de terminar el primer semestre en la Alliance High School, la casa de su madre y el pueblo entero estaban reducidos a escombros. Los británicos habían declarado el estado de emergencia y suspendido los derechos civiles de todos los kenianos. La población entera fue desplazada a Kamirithu, donde las mujeres y los niños debían continuar con su vida como si nada hubiera pasado, mientras que la mayoría de los hombres había desaparecido. O habían sido enviados a campos de internamiento o se escondían en las montañas y luchaban contra la opresión –como el hermano mayor de Ngugi – con el Kenia Land and Freedom Army (Ejército de Kenia Tierra y Libertad), el “Mau Mau”. Esto fue en el año de 1955.

En 1976 una mujer llamó a la puerta de Ngugi. Quería que él –ya un exitoso autor de novelas y presidente del Departamento de Literatura en la Universidad de Nairobi– revitalizara un centro juvenil abandonado en Kamirithu. Ngugi aceptó, y en el plazo de un año lo había transformado por completo. Con base en decisiones tomadas democráticamente, el centro organizó, entre otras actividades, cursos de literatura para adultos. Ngugi era el presidente de la Comisión de Cultura del centro, y fue coautor de una obra de teatro en lengua gikuyu, que ensayó y montó un grupo de campesinos y obreros fabriles. Miles de personas abarrotaron el teatro al aire libre, para ver la obra sobre una corrupta élite nacional que explotaba a Kenia después de su independencia.

El 16 de noviembre de 1977, se revocó la licencia para la obra de teatro. Dos semanas después, la policía keniana arrestó a Ngugi. Lo llevaron a la presión de alta seguridad de Kamit, donde lo mantuvieron preso por más de un año. Ahí le quedó claro que no lo habían detenido por la crítica al gobierno postcolonial, sino por haber presentado esa crítica ante un público obrero y hablante de gikuyu. En ese momento supo cuál era su camino: escribiría –de manera clandestina y en el papel de baño que le daban en prisión– su primera novela en gikuyu.

Cuando se publicó Devil on the Cross (El diablo en la cruz), alcanzó a un amplio público, tanto a lectores como a analfabetas, puesto que con frecuencia el libro se leía en voz alta: en fábricas, en autobuses, incluso en bares. Desde entonces, Ngugi ha escrito todas sus obras en gikuyu.

Hoy es profesor de Literatura Comparada en la Universidad de California en Irvine, donde también dirige el Centro Internacional de Escritura y Traducción. Anthony Audi habló con Ngugi en su oficina, rodeado de libros.

¿Me podría contar cómo fue su experiencia de haber crecido en Kenia? ¿Cómo el sistema educativo colonial lo enajenó o trató de enajenarlo de su cultura?
 
De cierta manera es justo de lo que hablo en mi libro Decolonizing the Mind (Descolonizando la mente). Escribo sobre la política del lenguaje. Pero también hablo sobre mis propias experiencias en Kenia, la escuela, y el hecho de que el idioma inglés sustituyó a mi lengua materna, el gikuyu, como lengua dominante en mi formación intelectual.

Lo que en un principio me pareció muy inquietante, porque pensé que sólo sucedía en África, fue que se les impusieran castigos corporales a los niños que hablaban alguna lengua africana en el patio de la escuela.

Era algo muy extendido y muy violento. Hay mucha violencia asociada con hablar las lenguas africanas. Y sobre eso escribí en Decolonizing the Mind. Desde entonces me he dado cuenta de que esto vale en todas las situaciones de los “dominantes” y los “dominados”: en todas las situaciones coloniales. Sucedió en Escocia, sucedió en Gales: cuando se sorprendía a los niños hablando galés, por ejemplo, en el patio de la escuela, se les humillaba y se les obligaba a portar pequeños letreros alrededor del cuello que decían “galés, no”. Lo mismo me lo encontré entre las y los habitantes originarios americanos. Y la gente en el Pacífico, los maoríes, fueron tratados de la misma forma.

Las lenguas del poder se siembran en el cementerio de las otras lenguas.


La eliminación de una lengua es también la eliminación de lo que esa lengua contiene.
 
Sí, la historia, los sistemas de conocimiento y muchas otras cosas. Fíjese en el libro sagrado de los mayas, el Popol Vuh. Cuando los españoles conquistaron América, se apoderaron de los escritos de los mayas y simplemente los quemaron. Si reflexionamos al respecto, resulta un fenómeno inconcebible. Todos los libros en la lengua de los mayas fueron destruidos, ¡así de fácil! Ni siquiera contuvo a los españoles la curiosidad de saber qué contenían esos escritos. Sólo destruir, destruir, destruir. Lo que destruyeron fue la historia y todo el sistema de conocimientos contenidos en esas lenguas.

Muchos escritores y escritoras describen la lógica tras esa aniquilación. Usted cita, por ejemplo, a Edmund Spenser.

Spenser es un buen ejemplo, porque publicó en 1586 el libro A View of the Present State of Ireland (Un panorama de la situación presente en Irlanda). Los dos interlocutores son muy claros en el sentido de que consideran al lenguaje como un medio para conquistar. Se preguntan cómo es posible que no hayan empezado a conquistar a los irlandeses de manera sistemática desde hace muchos años. Y presentan medios para borrar la memoria irlandesa, el lenguaje y el sistema de denominaciones. Hablan de manera muy sarcástica y dicen: “Pues, ¡simplemente deshágase de todos los ‘Macs’ y los ‘Os’ y pronto olvidarán quiénes son!” Es una lectura fascinante.

Otro ejemplo es cuando el Capitán Pratt fundó una escuela para niños indígenas americanos. Los infantes les fueron arrancados a sus padres y a su comunidad y llevados a la escuela, donde los reprogramaron. Lo primero que se hacía tras su llegada, era darles nombres ingleses. Lo segundo era, naturalmente, erradicar sus lenguas e imponerles el inglés. Más tarde, en 1893, el capitán Pratt argumentó que la razón por la cual fundó la escuela fue porque quería eliminar a los “indios”, pero salvar a las personas: “Kill the Indian, and save the man.”

Los franceses hablan de crear un vínculo psicológico entre los colonizados y París, de modo que, incluso si se independizaran, seguirían ligados a Paris por la lengua y la cultura. Esto es muy explícito.
 
Los esfuerzos para hacer un lavado de cerebro sistemático pueden tener éxito en muchos planos.
 
Sí, por dios, ¡vaya que tienen éxito! Son muy, muy exitosos, porque por un período de tiempo lo suficientemente largo uno ha internalizado y normalizado estas cosas. Llegas a asumir, sin reflexionar al respecto, que la lengua del poder es más comprensible por naturaleza, y que, por naturaleza, significa más que las otras lenguas. O les haces creer a los otros que la lengua del poder es la única a través de la cual es posible expresar pensamientos complejos, que con otras lenguas eso no se puede hacer: puedes hacer bromas y cosas por el estilo, pero por lo demás la lengua verdadera es la lengua dominante. ¡Y funciona! Es como una lesión permanente del cerebro. Es como un cáncer en el cerebro.

La educación tiene un efecto sobre el intelecto. Forma una colonia del intelecto. Y esta colonia del intelecto es difícil de erradicar. La colonia de la economía: ésa es más fácil de ver.

La colonia del poder político la puedo ver. Pero la colonia del intelecto es invisible, normaliza la forma en la que se hacen las cosas.
 
Fue un largo proceso para que comenzara usted a escribir en gikuyu.

 
Pasé muchos años pensando sobre el problema de la lengua, siempre hubo algo que me molestaba al respecto. Pero, en realidad, no fue sino hasta 1977/1978, cuando pasé un año encerrado en una prisión de alta seguridad, que empecé a reflexionar y a actuar al respecto. Escribí, junto con otras personas, una obra de teatro titulada I’ll Marry When I Want (Me voy a casar cuando quiera), en gikuyu, mi lengua materna. Eso fue en 1976. Fue montada y actuada por las y los habitantes del pueblo, por la gente normal, y creímos que estábamos haciendo algo muy bueno. Pero el gobierno reaccionó prohibiendo la obra y metiéndome a la cárcel. El hecho de que un gobierno africano me hubiera encarcelado por haber escrito en una lengua africana, ése fue el desgarramiento que verdaderamente me conmocionó en la cárcel. Y yo pensé que algo estaba mal, ¿cómo era posible que hubieran llegado tan lejos? Eso fue muy importante para mí, una especie de terapia de choque
 
En “Something Torn and New” (Algo desgarrado y nuevo) observa a la Europa del Renacimiento como un precedente de cómo se puede revivir a las lenguas.

El latín era la lengua dominante, y Dante empezó a escribir en lengua toscana, un dialecto. Y uno de sus compañeros poetas le dijo: “Si sigues escribiendo en toscano, pronto todos te habrán olvidado.” Y Dante respondió en latín –para demostrar que se podía expresar tan bien en latín como cualquiera otra persona–, que su lengua toscana era como una oveja, le hembra del carnero, cuyas ubres están llenas de leche. Dijo: “Déjame primero ordeñar estas ubres, después iré contigo.” Así, en ese entonces se utilizaron contra Dante los mismos argumentos que hoy siguen vigentes.

Muchos escritores ingleses lucharon para que la élite de la época aceptara el inglés. El hombre que tradujo la Biblia trabajó contra la corriente de las opiniones convencionales, que afirmaban que el inglés no era capaz de expresar de manera adecuada lo sagrado, la inteligencia o la ciencia. Todos esos autores de esa época debieron explicar por qué utilizaban su lengua, “pequeña” y supuestamente sin importancia, en lugar del latín. ¿Por qué Descartes escribió filosofía en francés, y no en latín? En la introducción a uno de sus libros explica por qué, puesto que la opinión generalizada en la época era que el latín era la única manera de expresar los conocimientos científicos o la filosofía.
 
Si mira hoy a su alrededor, ¿tiene la sensación de que se está construyendo la infraestructura necesaria para desarrollar las lenguas y la literatura africanas?
 
¡No! Ése es el problema. Contra eso lucho, incluso hoy en día. Hago todo lo que puedo. Porque es muy fácil aceptar las anomalías como una norma y reaccionar al respecto. Y entonces, los lineamientos perpetúan las anomalías.