Intercambio entre el portugués y las lenguas bantúes Las lenguas de Angola

Misa dominical en una comunidad católica en la capital provincial Kuito, a una escasa hora de vuelo de Luanda
Misa dominical en una comunidad católica en la capital provincial Kuito, a una escasa hora de vuelo de Luanda | Foto (detalle): Thomas Schulze © dpa-Report

El portugués hablado desde la era colonial en Angola sigue estando hoy muy marcado por influencias africanas negras, que son parte de las experiencias de los bantúes y sólo existen en las lenguas nacionales de Angola. José Luís Mendonça habla sobre el “portungolano” y sus resonancias en la lengua portuguesa.

De José Luís Mendonça

Las relaciones entre cultura, lengua, pensamiento y acción económicas en Angola son tan complejas como fascinantes. La lengua portuguesa en Angola no es un diamante que haya sido lavado y pulido en cinco siglos de transmigración lingüística colonial, sino una kimberlita, extraída de las profundidades de la historia, mineralizada en la boca del pueblo. La sociedad angolana es un cuerpo secular vivo, a cuya genética se incorporó, a través del proceso de colonización, el material sociolingüístico de la cultura occidental, lo cual produjo nuevas características. El portugués hablado en Angola examina el sistema gramatical de las lenguas bantúes en cuanto a su estructura funcional. Está fuertemente marcado por influencias africanas negras, que son parte de las experiencias de los bantúes y sólo existen en las lenguas nacionales de Angola. Éstas son parte de la comunicación cotidiana de las y los angolanos, quienes interactúan con ellas cuando usan otras lenguas no nativas, en un número de posibilidades que constituyen las variantes del portugués angolano.

Este fenómeno se conoce como transculturalidad. Se define por un intenso intercambio cultural, característico de la vida en Angola. A través de este intercambio, Angola se convirtió en el típico ejemplo de un país en el que la diversidad cultural es un parámetro de la cohesión social. Aquí se analizarán la lengua portuguesa y las lenguas bantúes de Angola tomando en cuenta su utilización comunicativa dentro de este prisma económico-cultural. Las y los angolanos tienen dos legados, producto del choque de civilizaciones que se dio en el siglo XV en su territorio. El primero es la lengua portuguesa, que hoy domina en la comunicación. El segundo es el versátil mapa de un país habitado por pueblos que hablan diferentes lenguas bantúes.

 

Angola y Luanda: Origen económico

Existe un concepto surgido de este legado que tiene un inmenso significado emocional para todos los angolanos: “Angola”. Está arraigado en el concepto “ngola”, título de uno de los más poderosos ambundus que había en el reino de Ndongo, cuando los portugueses empezaron a ganar influencia en la segunda mitad del siglo XVI. (Nota de la redacción: los ambundu son una etnia en Angola.) Ngola A Kiluanje (1515 - 1556) era el líder y el gobernante más poderoso y también se le llamaba Ngola A Kiluanje Inene, o el Gran Ngola. Fundó una dinastía que después se conoció como el reino de Angola. En principio, Ndongo era vasallo del antiguo reino de Congo, hasta que Ngola A Kiluange Inene se declaró independiente. En 1626 los portugueses subyugaron al reino de Angola. El concepto “ngola”, a su vez, tiene sus raíces en “ngolo”, que significa “fuerza” en kimbundu, la lengua de los ambundu. El mismo concepto en kikongo, la lengua del pueblo bakongo, significa “rigor, fuerza, firmeza, robustez”. De ahí los portugueses dedujeron que “ngola” era quien tenía fuerza, quien era poderoso. De este análisis etimológico nosotros deducimos que “Angola” surgió de una palabra bantú referida a un mineral fuerte: el hierro. Más tarde, también se le usó para designar fuerza y poder. Al final, los portugueses denominaron al país entero como “Angola”.

Luanda, la capital de Angola, le debe su nombre a la pesca. La palabra “uanda” designa, tanto en kilongo como en kimbundu, una red, como la que se usa para pescar o para transportar personas o equipaje. A partir de 1560, el marinero portugués Paulo Dias de Novais estuvo cinco años preso en la corte del legendario rey de Ndongo, Ngola A Kiluanji Inene. Se le liberó a cambio de la promesa de regresar a Portugal y tratar de conseguir ayuda militar para defenderse del ataque de Kiloango-Kiacongo, el poderoso rival de Ngola A Kiluanji Inene. Dias de Novais salió de Lisboa el 23 de octubre de 1574 y llegó a Ilha das Cabras (Ilha de Luanda) el 20 de febrero de 1575. Al llegar, le preguntó a un pescador por el nombre del lugar. Pero éste pensó que Dias quería saber qué era lo que sostenía en las manos, y respondió: “Uanda, ngana”, es decir: “Es una red, señor”. A su vez, Dias entendió “luanda”, en lugar de “uanda”, y utilizó la palabra para designar a la ciudad.

 

A través de este intercambio, Angola se convirtió en el típico ejemplo de un país en el que la diversidad cultural es un parámetro de la cohesión social.

El portungolano como expresión de la lusofonía bantú

Donde alguna vez existieron reinos que después fueron conquistados por Portugal, el portugués les proporcionó a las y los angolanos una lengua común, tanto entre ellos como hacia afuera. En su análisis del fenómeno sociocultural, el periodista Sebastião Coelho constató: “Como un hechizo que se vuelve en contra del mago, la lengua, la más importante arma del colonizador para imponer su dominio, se transformó paradójicamente en el más importante instrumento de la descolonización y en el factor fundamental de la unidad nacional en Angola. Así, un cuarto de siglo de independencia contribuyó más a difundir y anclar el portugués que lo que se logró en cinco siglos de dominio colonial.”

Ésta es la misma lengua en la que hablo y escribo, y en la que Dom Alfonso II de Portugal redactó su testamento el 27 de junio de 1214. Y, al mismo tiempo, no es la misma. De manera arcaica conserva en sí misma el anhelo de los marinos que nos la trajeron junto con el escorbuto y los rosarios. Hoy es, simultáneamente, la misma lengua y otra, que a mí me gusta llamar portungolano: nuestro logro y nuestro legado. Una expresión natural bantú-lusófona de un proceso de transformación lingüística, que hoy también incluye en nuestro diálogo transcultural las influencias de la francofonía de la región fronteriza de Angola y del carioca de Río de Janeiro.


 

La lengua, la más importante arma del colonizador para imponer su dominio, se transformó paradójicamente en el más importante instrumento de la descolonización y en el factor fundamental de la unidad nacional en Angola.

La lengua está expuesta a una transformación constante; o, mejor dicho, a un desarrollo. En Angola y en una comunidad repartida en cuatro continentes, con países que están vinculados históricamente con la colonización portuguesa, se puede constatar una especie de transfusión o de ósmosis de un plasma lingüístico pluriétnico. Este nuevo modelo lingüístico cruza dos espacios lingüísticos de la lusofonía bantú: Angola (lusofonía bantú expansiva) y Portugal (lusofonía bantú moderada o limitada).

En el diccionario de la lengua portuguesa encontramos algunas palabras que reflejan la contribución histórica angoleña para enriquecer el universo simbólico e imaginario de la lengua portuguesa. Muchas de ellas se refieren al comercio o a actividades económicas en general.

Entre estas palabras se encuentran jindungo (un chile largo y muy picante), minhoca (lombriz de tierra), múcua (fruto del baobab), semba (danza), bué (mucho), alembamento (propuesta de matrimonio con dote), sanzala (pueblo rural) o jinguba (maní). Esta breve lista ilustra soluciones lingüísticas resultantes de una convivencia, de una difusión de la lengua portuguesa con las otras lenguas en el territorio de Angola a lo largo de los siglos.

Lengua y mercado

En su análisis Sebastião Coelho menciona un hecho importante: “Después de que el portugués fuera nombrado ‘lengua oficial’ en la Declaración de Independencia del 11 de noviembre de 1975, éste se estableció progresivamente. El estatus como “lengua del colonizador” se transformó, en la praxis, en la “lengua de comunicación”, y pronto en la lengua dominante, que también se impuso como instrumento de alfabetización. Al inicio del tercer milenio, había conquistado el estatus de ‘lengua materna’ entre más de 20 por ciento de la población de Angola (hoy podemos partir de 70%). A esta predominación lingüística ha contribuido mucho el comercio con bienes importados de uso cotidiano. La compra y venta de estos productos en la lengua de Camões, de manera informal frente a la puerta de la casa o con el comerciante en el barrio, es responsable de la difusión de la lengua portuguesa y contribuye considerablemente a conservar el sentimiento de identidad angoleña.”

En Angola observamos un rejuvenecimiento relacionada con el comercio, o una renovación bantú del lenguaje oficial, una mutua penetración de las lenguas nacionales y el portugués. La creatividad del pueblo reacciona de esta manera a la necesidad de nombrar nuevas profesiones o actividades, o también mercancías del mercado informal. Éste es el caso, por ejemplo, del muy popular sándwich de pollo, el “magoga”. Cuando los primeros teléfonos móviles, todavía con antena, llegaron al mercado angoleño, se empezó a llamar a estos sándwiches “motorola”. Porque del pan sobresalía siempre una pierna de pollo asada, cual si fuera una antena. Cuando se empezó a transmitir la telenovela brasileña Roque Santeiro y después de la inauguración del más grande centro comercial al aire libre del mismo nombre, surgieron nuevas palabras como zungueiro (viajante), candonga (en kikongo, ingenioso o listo, pero también principiante, nuevo, alumno, aprendiz; en kimbundu, inteligencia), y quínguila (quien cambia dólares en la calle). En barrios en los que son comunes los contratos comerciales orales, se desarrollaron conceptos como kupapata (mototaxi), kixikila (préstamos de dinero entre colegas), bumbar (trabajar) y tunga ngó (construir sin autorización). Estos dos últimos conceptos se acuñaron en tiempos medievales y en la actualidad se están extinguiendo.

 

Transculturalidad en áreas fronterizas y de migración

La transculturalidad se muestra también en el intercambio entre grupos étnicos. Aquí resulta interesante la palabra “gasosa”, que originalmente designaba una limonada. En Angola está presente en casi todos los ámbitos económicos y financieros. Describe la práctica de pagar multas y tarifas administrativas en una cantidad reducida, en forma de sobornos, directamente a las y los interlocutores en la administración pública. La gasosa está estrechamente relacionada con el fenómeno de lo que se conoce como “cabritismo”, que se refiere al dicho: “La cabra come donde está amarrada.” Formulada positivamente, la gasosa representa una redistribución informal del ingreso a lo largo de todo el tejido social. Estimula la economía nacional y la circulación del dinero. Es notable que encontremos también justo este mismo concepto en relación con la policía en Namibia, en la República Democrática del Congo y en la República de Sudáfrica. La gasosa no se tradujo en los países vecinos, sino que se adoptó tal cual en portugués angoleño.
 
Además de la influencia interna en la región del Sur, la globalización y la permeabilidad de las fronteras permitieron también una apertura gastronómica mundial. En el mercado informal surgió una palabra que tuvo su origen en la inmigración del África francoparlante: “cabrité”, carne asada de cabra. Hoy en día no es raro escuchar en Luanda: “Voy a comer una fahita (sándwich de pan árabe, introducido por los libaneses) con kebab y humus.”