Serie “Romper las palabras” Fremdenführer*in (Guía de turistas)

Rastros del pasado colonial en la capital alemana: Letrero de la Asociación de Pequeños Jardines Togo en la calle Togo, en el Barrio Africano en Berlín-Wedding, tomada en 2019
Rastros del pasado colonial en la capital alemana: Letrero de la Asociación de Pequeños Jardines Togo en la calle Togo, en el Barrio Africano en Berlín-Wedding, tomada en 2019 | Foto (detalle): Sascha Steinach © picture alliance / dpa-Zentralbild

Inspirada por sus recuerdos de viaje, Elisabeth Wellershaus empieza la serie "Romper las palabras" con un examen crítico del término "Fremdenführer*in" (guía de turistas).

De Elisabeth Wellershaus

Estas escenas son algunos de mis primeros recuerdos de viaje. Los maravillosos saltitos con los que el aerodeslizador nos transportó desde Ischia al continente italiano. El ascenso casi interminable al Monte Vesubio y el huevo frito que nos prepararon en el calor que emanaba del borde del cráter. Especialmente, el alegre guía que nos llevó hacia abajo después del truco con el huevo. Ya abajo, nos recomendó con insistencia: "Por favor, presten atención a sus objetos de valor. Aquí es muy peligroso.”
 
Los recuerdos de cómo el “extranjero” se me explicó en mi primer y único viaje en paquete me han acompañado desde entonces. Recuerdos de una época en la que la "extrañeza" todavía parecía ser algo claro. Durante siglos, los viajeros occidentales habían analizado, sin cuestionárselo, el "exotismo" de otras culturas, las perspectivas eurocéntricas dictaban el tono en la ciencia y la literatura de viajes. Así que nuestro guía turístico alemán certificado por el Estado hablaba abiertamente sobre las “extrañas condiciones” en Italia.
 
Y eso que éramos más bien nosotros los que llamábamos la atención socialmente. El grupo de turistas alemanes que invadió Nápoles en 1979 y que, de la mano de un “Führer”, un guía, miraba con asombro ese otro lugar. En casa, en Alemania, vivían desde casi 20 años personas europeas del Mediterráneo, algunas habían llegado al país a través de lo que se llamó la esclusa de Nápoles. Se les necesitaba como “trabajadores inmigrantes”, pero la sociedad los aceptó con muchas reservas. El hecho de que los recién llegados en Alemania fueran las mismas personas que en las vacaciones de verano aparecían como extras en diversas locaciones turísticas, parecía irrelevante. Porque, en tiempos previos a la globalización, ser extranjero era un problema incluso entre las y los europeos.
 
Nuestra timidez ante lo ajeno, lo extranjero, ha permanecido hasta el día de hoy, aunque hoy prácticamente no quede un rincón del mundo sin explorar. Internamente, a pesar de su comunidad deteriorada, Europa apenas se caracteriza por fronteras duras o rupturas culturales. Y así, simplemente hemos desplazado los sentimientos de extrañeza. Los hemos proyectado sobre otras personas, a quienes ahora, en países como Alemania, convertimos en outsiders por su religión, su procedencia, su idioma, sus hábitos, su color de piel o su nombre.
 
Los resentimientos hacia las maestras que se cubren la cabeza con pañuelos, las y los "refugiados económicos" africanos o los buscapleitos de habla árabe en los patios escolares a menudo se justifican en los medios de comunicación y en charlas de cantina haciendo alusión a las “evidentes diferencias”. Rara vez se mencionan los antecedentes históricos, la degradación de culturas enteras para sostener las relaciones de poder globales.
  • Postal de la ‘Exposición Colonial Alemana’, Berlín. Para la inauguración de la exposición comercial en Treptower Park el 3 de mayo de 1896. Litografía a color, akg-images akg-images © picture alliance
    Postal de la ‘Exposición Colonial Alemana’, Berlín. Para la inauguración de la exposición comercial en Treptower Park el 3 de mayo de 1896. Litografía a color, akg-images
  • Viajeros europeos en Egipto en camellos conducidos por fehlas en Giza frente a la Gran Esfinge, al fondo la Pirámide de Keops. Foto (imagen estereoscópica), anónima, sin fecha, década de 1880. Berlín, Colección Archivo de Art e Historia. akg-images © picture-alliance
    Viajeros europeos en Egipto en camellos conducidos por fehlas en Giza frente a la Gran Esfinge, al fondo la Pirámide de Keops. Foto (imagen estereoscópica), anónima, sin fecha, década de 1880. Berlín, Colección Archivo de Art e Historia.
  • Kaiser-Wilhelms-Land (Tierra del Emperador Guillermo, hoy Nueva Guinea) como un protectorado del Imperio alemán, 1885-1919. El director del servicio colonial alemán, Hans August Lorenz Klink, en una expedición con escolta indígena. Foto, anónima, sin fecha (antes de 1897), escrito a mano: "Expedición Klink". De un álbum con fotografías etnocientíficas, en varias expediciones al interior de Kaiser-Wilhelms-Land (expediciones de Hans August Lorenz Klink, Wilhelm Dammköhler y expedición Ramu, de 1896), página 13. Berlín, Colección Archivo de Arte e Historia. akg-images © picture-alliance
    Kaiser-Wilhelms-Land (Tierra del Emperador Guillermo, hoy Nueva Guinea) como un protectorado del Imperio alemán, 1885-1919. El director del servicio colonial alemán, Hans August Lorenz Klink, en una expedición con escolta indígena. Foto, anónima, sin fecha (antes de 1897), escrito a mano: "Expedición Klink". De un álbum con fotografías etnocientíficas, en varias expediciones al interior de Kaiser-Wilhelms-Land (expediciones de Hans August Lorenz Klink, Wilhelm Dammköhler y expedición Ramu, de 1896), página 13. Berlín, Colección Archivo de Arte e Historia.
  • Kaiser-Wilhelms-Land (Tierra del Emperador Guillermo, hoy Nueva Guinea) como protectorado del Imperio alemán, 1885-1919. El director del servicio colonial alemán, Hans August Lorenz Klink, en una expedición con escolta indígena y carros de bueyes. Foto, anónima, sin fecha (antes de 1897), escrito a mano: "Expedición Klink". De un álbum con fotografías etnocientíficas, en varias expediciones al interior de Kaiser-Wilhelms-Land (expediciones de Hans August Lorenz Klink, Wilhelm Dammköhler y expedición Ramu, de 1896), página 13. Berlín, Colección Archivo de Arte e Historia. akg-images © picture-alliance
    Kaiser-Wilhelms-Land (Tierra del Emperador Guillermo, hoy Nueva Guinea) como protectorado del Imperio alemán, 1885-1919. El director del servicio colonial alemán, Hans August Lorenz Klink, en una expedición con escolta indígena y carros de bueyes. Foto, anónima, sin fecha (antes de 1897), escrito a mano: "Expedición Klink". De un álbum con fotografías etnocientíficas, en varias expediciones al interior de Kaiser-Wilhelms-Land (expediciones de Hans August Lorenz Klink, Wilhelm Dammköhler y expedición Ramu, de 1896), página 13. Berlín, Colección Archivo de Arte e Historia.
  • La placa conmemorativa, inaugurada en 2016, en memoria del activista africano de derechos humanos Martin Dibobe (1876-1922), oriundo de Camerún, en su última residencia en Berlín. Martin Dibobe ascendió de cobrador a conductor de trenes en Alemania. Sin embargo, no se sentía respetado, y se defendió contra el racismo con una petición. Thilo Rückeis TSP © picture-alliance
    La placa conmemorativa, inaugurada en 2016, en memoria del activista africano de derechos humanos Martin Dibobe (1876-1922), oriundo de Camerún, en su última residencia en Berlín. Martin Dibobe ascendió de cobrador a conductor de trenes en Alemania. Sin embargo, no se sentía respetado, y se defendió contra el racismo con una petición.
  • 9a Marcha conmemorativa en memoria de las víctimas africanas de la trata de esclavos, la esclavitud, el colonialismo y la violencia racista. El Comité para un Monumento Africano en Berlín (KADIB) y los participantes de la 9a Marcha Conmemorativa piden el reconocimiento de los crímenes perpetrados contra personas negras y de ascendencia africana. Berlín, 28 de febrero de 2015 Michaela Ellguth © picture alliance/Geisler-Fotopress
    9a Marcha conmemorativa en memoria de las víctimas africanas de la trata de esclavos, la esclavitud, el colonialismo y la violencia racista. El Comité para un Monumento Africano en Berlín (KADIB) y los participantes de la 9a Marcha Conmemorativa piden el reconocimiento de los crímenes perpetrados contra personas negras y de ascendencia africana. Berlín, 28 de febrero de 2015
  • M'barek Bouhchichi, esculturas de terracota de la instalación Terre 2 en la exposición “Ultrasanity” (Savvy Contemporary), Berlín 2019 © Amine Oulmaki
    M'barek Bouhchichi, esculturas de terracota de la instalación Terre 2 en la exposición “Ultrasanity” (Savvy Contemporary), Berlín 2019
  • La boxeadora Zeina Nassar logró imponer cambios en las reglas de competición en la Federación Alemana de Boxeo en 2018, para que se le permitiera competir en el ring con un pañuelo en la cabeza. En 2018, la musulmana se convirtió en la campeona alemana de peso pluma. Arne Immanuel Bänsch © dpa
    La boxeadora Zeina Nassar logró imponer cambios en las reglas de competición en la Federación Alemana de Boxeo en 2018, para que se le permitiera competir en el ring con un pañuelo en la cabeza. En 2018, la musulmana se convirtió en la campeona alemana de peso pluma.
En su libro Sprache und Sein (Lenguaje y Ser), Kübra Gümüşay describe cómo los conceptos de extrañeza se han manifestado en nuestra forma de hablar sobre los demás. Muchos proyectos de descolonización también abordan estos constructos; e intelectuales como Achille Mbembe los analizan. Al mismo tiempo, sin embargo, el miedo a la extranjerización y la preocupación frente a la “rebelión de las minorías” asaltan cada vez a más personas. Así que, tal vez, en estos días dependamos más que nunca de las y los “guías de turistas”, de personas como Mbembe y Gümüşay, que, en un mundo hiper explorado, con una comunidad que se desintegra, hacen visibles los orígenes de los actuales reflejos de exclusión.

Lo “extranjero” en la capital alemana

En Berlín, una breve visita guiada por la historia colonial es suficiente para descubrir un presente que desafía la imagen alegre y diversa de la ciudad. La obra de construcción en el castillo junto al Alexanderplatz lo ha estado pregonando a los cuatro vientos desde hace algún tiempo: Berlín se está moviendo en las zonas grises de un pasado difícil con la reconstrucción del esplendor prusiano… y del Foro Humboldt y su controvertida colección etnológica, alojada en dicho castillo.
Por otro lado, la casa reconstruida del fabricante de tabaco de Berlín Wilhelm Ermeler habla en voz más bien baja de cómo también Berlín estuvo involucrado en una estructura de poder colonial. En 1967 fue demolida para dar paso al edificio del Consejo de Estado de la RDA, y se le reconstruyó en 1969 en Märkisches Ufer. Y todavía cuelga a la entrada de la Casa Ermeler un friso del siglo XIX que describe la cadena de producción de tabaco: por un lado, los negros esclavizados en Estados Unidos que recogen tabaco y lo llevan al puerto. Por otro, un barco que cruza el Atlántico, y que navega en dirección a dos cúpulas que se vislumbran en el horizonte, presumiblemente las catedrales francesa y alemana en el Gendarmenmarkt de Berlín. Es una escena que nos recuerda que Brandeburgo-Prusia también participó en los negocios de las plantaciones y se benefició de la trata transatlántica de personas. Incluso si los huéspedes que hoy llegan aquí probablemente saben poco al respecto. Ellos simplemente se alojan en el hotel en que la Casa Ermeler se convirtió hace años.
Pero tal vez algunas personas sí lo descubran: esa parte de nuestra historia que resuena como un eco colonial en los nombres de las calles o en los relieves en las casas. Esto permite tender puentes mentales hacia un presente en el que muchas personas todavía sufren la desvalorización sistemática de la época imperial. La Fundación Cultural Federal ha pensado en este sentido y está lanzando un proyecto más grande en 2020 que tiene como objetivo rastrear el pasado colonial de Berlín.
 
Pero probablemente se necesitan más que unos pocos tours guiados por la ciudad (“Stadtführungen”) para descubrir las raíces de este obstinado resentimiento. En cualquier caso, la palabra “Führung”, –en el sentido de “führen”, conducir, dirigir–que después del fascismo del siglo XX, todavía se aferra naturalmente a palabras como Zugführung (conductor de tren), Parteiführung (cabeza de partido) o Spielführung (capitán de un equipo deportivo), tal vez se malinterpreta aquí. Un examen de las cuestiones coloniales “conducido” con demasiado rigor, difícilmente alentará el cuestionamiento crítico de los prejuicios y de las perspectivas arraigadas. Pero un enfoque participativo y colaborativo puede ser capaz de alcanzar a nuestra compleja sociedad justo en donde se encuentra ahora.

La búsqueda de lo que nos une

Hace unas semanas, asistí con otras personas al vestíbulo del Kunstraum Savvy Contemporary, en Berlín-Wedding. Nos acompaña la curadora de la exposición actual, Kelly Krugman. Es una de esas profesionales culturales que hablan un lenguaje transcultural sin imponerlo. Su “Führung”, su visita guiada, a través de la exposición, que reluce aquí más allá del canon occidental, describe una perspectiva inusual para algunas y algunos de los asistentes. Krugman se detiene frente a la obra de arte Antropología Fabricada, que el artista camerunés Adjani Okpu-Egbe pintó en una puerta de dos hojas. En voz baja, entre líneas, asigna la sangre pintada que se aferra a la obra a una modernidad occidental explotadora, un tema frecuente en Savvy. Y explica cómo la “patologización de los otros” –el tema de la exposición colectiva Ultrasanity– hizo posible esta modernidad en primer lugar.
Krugman habla de la problemática demarcación entre “enfermo” y “sano”, perfeccionado en muchas colonias y que todavía se aplica en todo el mundo en el trato con refugiadas y refugiados y migrantes. Su ejemplo del etnopsiquiatra francés Antoine Porot es sólo uno de muchos. Durante su trabajo en el siglo pasado en Argelia, Porot llegó a la conclusión de que las y los habitantes del país no sólo eran mentalmente inestables, sino que todos presentaban también una predisposición criminal. Se necesita poca imaginación para reconocer las atribuciones racistas del presente.

Cuando salgo de las intrincadas instalaciones de la galería hacia la luz del día, la variedad de perspectivas artísticas parece fusionarse por un momento con el panorama de la calle. Unos cuantos habitantes translocales de la ciudad en los alrededores de la galería, migrantes en la tercera o cuarta generación, que alternan con facilidad entre los códigos de pertenencia. Después, sólo bloques de edificios con vivienda social. En estos departamentos viven muchas personas a las que se hace responsables de lo que se percibe como extrañeza en el país. Personas que no tienen ni espacio ni oportunidades para contrarrestar la acusación. Viven en medio de una sociedad que está constantemente en movimiento y que sólo a regañadientes soporta lo desconocido frente a su propia puerta.

Cuento con las y los nuevos guías de turistas que hay en todos nosotros. Quizá sí nos encontremos, después de todo.