Artes negras en Brasil Un futuro incierto

Museo Afro Brasil, São Paulo
Museo Afro Brasil, São Paulo | Foto (detalle): © Roberta Navas

A pesar del pernicioso retroceso político por el cual atraviesa el país, varias acciones vienen sucediendo en la escena de arte negro brasileño. Después de que se dieran algunos pasos para la generación de políticas públicas para el sector, ahora el gran desafío es mantenerlas.

De Alexandre Araujo Bispo

Durante más de tres décadas, el llamado arte afrobrasileño –es decir, parte de la colección de obras de artistas negros de los siglos XVIII y XIX, premodernistas y modernistas (de 1888 hasta la década de 1950) y contemporáneos (de la década de 1960 hasta nuestros días)– estuvo vinculada a la persona de Emanoel Araújo, quien fue responsable de divulgar sus nombres, democratizar su acceso y salvaguardar sus recuerdos y logros artísticos.

La sistemática actitud de valorarización de Araújo aseguró que Mestre Valentim, José Teófilo de Jesús, Estevão Silva, los hermanos Artur y João Timóteo da Costa, Wilson Tiberius, Rubem Valentim, Mestre Didi, Yedamaria, Alexandre Ignácio Alves, Edi Ramosvala, Bauer Sá y tantos otros artistas, fueran conocidos por un público más amplio. Lo anterior ocurrió a través de una cantidad significativa de exposiciones, seguida de publicaciones imprescindibles, entre ellas A mão afro-brasileira (La mano afrobrasileña) (1988) y A nova mão afro-brasileira (La nueva mano afrobrasileña) (2013), Negro de corpo e alma (Negro de cuerpo y alma) (2000) y Museu AfroBrasil: um conceito em perspectiva (Museo AfroBrasil: un concepto en perspectiva) (2006), además de la reedición completa de textos clásicos de las artes negras brasileñas, como As bellas-artes nos colonos pretos no Brazil: a esculptura (Las bellas artes en los colonos negros en Brasil: la escultura) de Raimundo Nina Rodrigues (1904) y O negro brasileiro nas artes plásticas (El negro brasileño en las artes plásticas) de Clarival do Prado Valadares (1968).

¿Qué vino antes de la visibilidad?

El actual retrasado interés institucional en la autoría negra –en teatro, cine y artes visuales, en particular– ha movido la escena cultural, especialmente en São Paulo. A pesar de las barreras históricas que han tenido las personas afrobrasileñas para la movilidad y el ascenso social, parece que hay finalmente un reconocimiento de la importancia de los artistas negros en Brasil. Este interés institucional, donde se destaca la exposición Histórias afro-atlânticas (2018) –ya que presentó un amplio espectro de producción plástica en un contexto trasatlántico–, también alerta sobre los riesgos de la “mercantilización” del arte negro, que ahora pasa a circular embalado por los que tienen grandes recursos. En efecto, recordemos que las grandes sumas de dinero invertidas terminan ocultando el trabajo social que fue necesario para el actual marco de visibilidad.

Vista de la exposoción Histórias Afro-atlânticas Vista de la exposoción Histórias Afro-atlânticas | © Eduardo Ortega A pesar de que Histórias afro-atlânticas fue una de las mejores exposiciones del planeta, en 2018, llegando a mover acervos institucionales privados, así como de los propios artistas invitados de varios países, ha habido otras acciones en la escena del arte negro brasileño, en el contexto del saldo nocivo que dejó el Golpe de Estado que retiró del poder a la entonces presidenta Dilma Rousseff, en 2016. Entre los muchos efectos perniciosos de su destitución, sin delito de responsabilidad, está la disolución del Ministerio de Cultura en 2019 y la vinculación de este al Ministerio de Turismo.

Recursos esenciales en una sociedad racista

Este desmantelamiento de la cultura se extendió con fuerza a dos importantes instituciones para el panorama de las artes negras: la Fundación Nacional de Artes (Funarte) y la Fundación Cultural Palmares. Creada en 1975, fue solo en 2012, gracias a la presión de los movimientos negros en el ámbito cultural y artístico, y a la capacidad de respuesta del gobierno del PT, que Funarte lanzó la Convocatoria de Artes Negras, reservando recursos para la financiación de proyectos para este sector, a pesar de las críticas.

Fueron estos recursos los que permitieron, por ejemplo, que el curador Claudinei Roberto da Silva pudiera llevar a cabo la exposición individual del artista de São Paulo Sidney Amaral (1973-2017), cuya carrera, interrumpida abruptamente, estaba en plena expansión. O banzo, o amor e a cozinha de casa (El travesaño, el amor y la cocina casera), fue expuesta en 2015, en el Museo Afro Brasil, que ya contaba con obras del artista en la colección permanente. Esta exposición sigue siendo la muestra individual más grande de Amaral, con casi 50 piezas que dan cuenta de las diversas facetas de su obra. La pregunta, sin embargo, sigue siendo la siguiente: sin la asignación de recursos, en una sociedad racista, ¿habría sido posible esta exposición y su catálogo? La discontinuidad de esta convocatoria, sin embargo, incluso antes de la destitución de Rousseff, ya muestra las enormes dificultades que existen en Brasil para generar políticas públicas para el sector negro, así como para darles seguimiento.

Creada en 1988 para defender los intereses de la negritud brasileña, la Fundación Cultural Palmares es otro ejemplo que resultó de la lucha histórica del movimiento negro que ayudó a trazar la Constitución de 1988. La Fundación celebró cuatro ediciones del Premio Nacional de Expresiones Culturales Afrobrasileñas. Creado en 2010, tuvo como ganadoras a las artistas paulistanas Rosana Paulino –en el primer año de vigencia–, así como Lídia Lisboa y Renata Felinto, en 2012. Pero, así mismo, premió a artistas de Minas Gerais, Río de Janeiro, Río Grande del Sur, Bahía, Tocantíns y Pernambuco.

La obtención de recursos financieros no implicó, sin embargo, que las exposiciones se hubieran celebrado en espacios consagrados a las artes visuales, al contrario. Por ejemplo, para el montaje de Afro Retratos de Renata Felinto, fue necesario alquilar tres habitaciones de un edificio comercial en el centro de São Paulo, y prepararlas mínimamente para albergar la exposición durante un mes, así como las acciones educativas dirigidas a niños y jóvenes de la región central de la ciudad.
  • O Banzo, O Amor e a Cozinha de Casa, exposición de Sidney Amaral, Museu Afro Brasil, 2015 © João Liberato
    O Banzo, O Amor e a Cozinha de Casa, exposición de Sidney Amaral, Museu Afro Brasil, 2015
  • O Banzo, O Amor e a Cozinha de Casa, exposición de Sidney Amaral, Museu Afro Brasil, 2015 © João Liberato
    O Banzo, O Amor e a Cozinha de Casa, exposición de Sidney Amaral, Museu Afro Brasil, 2015
  • O Banzo, O Amor e a Cozinha de Casa, exposición de Sidney Amaral, Museu Afro Brasil, 2015 © João Liberato
    O Banzo, O Amor e a Cozinha de Casa, exposición de Sidney Amaral, Museu Afro Brasil, 2015
 

Zona de “vulnerabilidad”


En noviembre de 2019, la Fundación llegó a tener como presidente a Sérgio Nascimento de Camargo –hijo del célebre escritor, periodista y activista negro Oswaldo de Camargo–, quien se expresó abiertamente en contra de las luchas históricas del movimiento negro por los derechos civiles, reduciéndolas a expresiones de una minoría de izquierdas, e inclusive ignorando la trayectoria de su padre. Bajo la presión del medio cultural negro organizado, de Camargo fue removido del cargo.

La actuación del poder público y su objetivo de diseñar e implementar políticas para el segmento negro de la población, fue lo que posibilitó –hay que recordar– la creación del Museo Afro Brasil, en 2004, con recursos de Petrobrás. La inversión le permitió al museo ampliar su colección, así como invertir en investigación, publicaciones y acción educativa.

Sin embargo, estos pocos ejemplos enumerados, entre muchos otros, demuestran lo lejos que el medio artístico negro está de salir de la zona de “vulnerabilidad”. De este modo, artistas, curadores, críticos, investigadores y, no menos importante, la propia obra artística, sigue requiriendo de la financiación pública. A diferencia del mercado usualmente restringido del arte contemporáneo, este grupo de personas apuesta, arriesga, cree e invierte, siempre y cuando los beneficios realmente se distribuyan en la sociedad más amplia.