Cine, archivo y (des)colonización Changing the Map

¿Dónde está el cine (de)colonial? ¿Qué revelan la conservación y el acceso sobre las estructuras globales y qué se debe cambiar? Un mapa interactivo de archivos (de)coloniales que requiere de la participación colectiva para convertirse en una herramienta internacional de articulación y educación.

De Elisa Jochum y Teresa Althen


“De los treinta y ocho minutos de material de archivo en mi película, en realidad sólo un minuto procede de un archivo angoleño. Todo lo demás vino de Portugal, Inglaterra, Estados Unidos, Bélgica, Rumania, Francia.”
(Fradique, cineasta)

El pasado y el presente coloniales del cine

El cine es testigo y perpetrador del colonialismo. Las potencias coloniales filmaban tomas en las colonias para presentarles a la población en Europa y a la opinión pública mundial una imagen prefabricada de las personas, la vida y la economía en los países bajo el dominio colonial; posteriormente, también de los movimientos y guerras de independencia. Por otro lado, las funciones de cine en las colonias debían adoctrinar a la población explotada. El cine abusaba. El cine engañaba. El historiador del cine Lee Grieveson, quien ha investigado a profundidad estas relaciones en el caso del imperio británico y ha publicado mucho al respecto, encuentra en las películas “fantasías y realidades del dominio colonial”. El cine no sólo aprehendía el colonialismo, sino que participaba en él: era “el trabajo específico del cine, para complementar al gobierno colonial”. El material fílmico que todavía existe es una prueba de la injusticia colonial y una posible fuente de reflexión social.

Con frecuencia, este material fílmico no se encuentra en los países en los que se cometieron estas injusticias, que las conmemoran y que quieren tener acceso a las imágenes de sus ancestros. En lugar de eso, se conservan en archivos de las antiguas potencias coloniales. Artistas como el cineasta angoleño Fradique tienen que viajar a Europa para poder ver las películas y, en algunos casos, deben pagar elevadas sumas para que se les permita publicar sólo partes de ellas. Al mismo tiempo, algunos archivos fílmicos conservados en las antiguas colonias se enfrentan al deterioro y el olvido. Las razones y su historia son diversas, en parte políticas (o de la política educativa), en parte financieras. Lo que resulta innegable es que el colonialismo sigue profundamente arraigado en la estructura global de los archivos fílmicos: geográfica, económica e ideológicamente. Por ejemplo, cuando Fradique buscó en 2014 y 2015 en el archivo de la televisora pública portuguesa RTP material sobre quienes lucharon por la libertad de Angola, parecía no existir nada al respecto. Finalmente, lo encontró bajo la rúbrica “Terroristas”. Esto es una muestra de que los archivos de películas coloniales siguen todavía patrones coloniales.
 
El Goethe-Institut es la institución cultural de un país que en el pasado también explotó y reprimió colonias. No puede arrogarse el derecho de querer cambiar la infraestructura fílmica para cineastas como Fradique y sus respectivos países. Pero sí puede intentar escuchar sus voces, transmitirlas y apoyarlas de manera autocrítica.
 
Así, el Goethe-Institut Portugal organizó en septiembre de 2019 un taller en Lisboa con miembros del mundo artístico internacional, desde Fradique, pasando por los cineastas  Inadelso Cossa, de Mozambique, y Tamer El Said, de Egipto, hasta la artista portuguesa Filipa César y la investigadora de arte ghanesa Yaa Addae Nantwi. Se ejerció la crítica, se debatió, se estrecharon vínculos que habrían de perdurar más allá del taller. Las y los participantes expresaron su exigencia de descolonizar los archivos en un “llamamiento oficial. También apelaron a la posibilidad de articular redes y de brindarse orientación recíproca de manera permanente. La idea es que entre todos y todas se establezca un intercambio. Y que se simplifique el acceso al material.

Un mapa vivo

Sobre esta base surgió el mapa que es el núcleo de este artículo: colaborativo, inacabado y, al mismo tiempo, utilizable en cualquier momento. Las y los participantes en el taller y sus redes dieron el primer paso. El mapa registra una serie de lugares, iniciativas y personas que conservan material fílmico (de)colonial, que trabajan con él o que producen “contramaterial”. También la definición de cine (de)colonial debe ser objeto de un debate continuo. El concepto incluye –pero no se limita a– películas que filmaron instituciones estatales, empresas o la ciudadanía en tiempos de la ocupación colonial y de las luchas de liberación. Al mismo tiempo, se refiere al material sobre quienes lucharon por la libertad, así como a películas que analizan el pasado colonial y su elaboración o que fundan una nueva tradición oral. Más allá de las películas, los apuntes de producción, las fotografías y otros documentos históricos contribuyen de manera decisiva a la comprensión del cine (de)colonial. En el manejo de este material se han ido perfilando tres grupos de participantes: archivos (fílmicos) nacionales y públicos; personas individuales, como cineastas e investigadores e investigadoras; e iniciativas de archivos independientes.

Estas iniciativas se han impuesto la tarea de crear alternative or counter-archives. Rescatan material olvidado, como hace el proyecto del crítico fílmico Didi Cheeka (Reclamar la historia, develar la memoria), en Nigeria. Filman nuevos testimonios que nunca antes habían sido registrados en el cine ni en la historiografía, como en el “Projecto Trilhos” de Fradique, en Angola. Otras iniciativas exploran de manera crítica el material conservado en Europa, e interceden a favor de un acceso abierto, de la digitalización y de un uso colaborativo. Éstos son los objetivos que se ha impuesto, por ejemplo,  Arsenal, Instituto de Cine y Videoarte en Berlín, para el manejo de las más de 10 mil películas que constituyen su acervo. Otra iniciativa es el catálogo en línea de “Colonial Film: Moving Images of the British Empire”, (Cine Colonial: Imágenes en movimiento del imperio británico), creado bajo la dirección internacional de Colin MacCabe y Lee Grieveson y representado en el taller llevado a cabo en Lisboa por Tom Rice, el principal investigador del proyecto. El banco de datos contiene películas sobre las colonias británicas, un gran número de las cuales se han liberado para su transmisión por streaming y desglosado en anotaciones. El proyecto pretende apoyar el análisis de la historia (del cine) colonial tanto en Gran Bretaña como en las antiguas colonias.
 
El mapa refleja estos esfuerzos varios en torno a los archivos fílmicos (de)coloniales: él mismo funciona como un archivo que reúne información, un archivo de archivos (fílmicos). También le apuesta a la digitalización como un paso elemental para permitir un acceso mucho más amplio. Igual que el Arsenal promueve un archivo abierto y “vivo”, el mapa debe ser también abierto y vivo.

C de cartografía, C de colonialismo

La propuesta de una herramienta de mapeo para la articulación decolonial no puede prescindir de una referencia autorreflexiva a los nexos entre colonialismo y cartografía. A raíz de la “Conferencia de Berlín” (1884-1885), bajo la égida de Otto von Bismarck, canciller del Reich alemán, las potencias imperiales se repartieron África de manera sistemática y trazaron fronteras arbitrarias. Numerosos pensadores y pensadoras decoloniales han enfatizado cuán profundamente sigue impactando esta conferencia al continente africano hasta el día de hoy, aunque en parte aboguen por diferentes medidas para hacerles frente en el futuro. Wole Soyinka habla del “mapa de un Estado nación colonial que nos impusieron”. La analista fílmica Priya Jaikumar muestra cómo justamente el cine colonial se sirvió de reproducciones cartográficas: el Estado, instituciones educativas y empresas crearon patrones imperiales con la combinación visual de celuloide y diseños, para imaginarse al mundo colonial y ordenarlo y subordinarlo.
 
Además, a la proyección de Mercator –la forma de representación en la que se basan casi todas las herramientas de mapeo en línea disponibles, también nuestro mapa– [D51] le es inherente una perspectiva colonial europea del mundo. Si bien es cierto que ningún mapa bidimensional es capaz de reproducir la realidad geográfica, la proyección de Mercator distorsiona particularmente las proporciones, y así, por ejemplo, presenta a África –después de Asia, el continente con mayor superficie de la Tierra– del mismo tamaño que Groenlandia. Las herramientas de mapeo digitales prefieren esta proyección, porque puede reproducir con gran detalle las direcciones y las formas. La diferencia se pone de manifiesto en comparación con la proyección de Gall-Peters, que no está disponible en Google Maps y, por tanto, no es responsivo aquí (ver ilustración). No obstante, Google Maps combina diversas funciones para una amplia gama de dispositivos: por ejemplo, compatibilidad con los navegadores, funciones interactivas y responsividad para dispositivos de salida móviles. El mapa sobre los archivos (de)coloniales se realizó con este servicio, para permitir un mayor acceso y una amplia participación.

Das Bild zeigt eine Karte der Welt nach der Gall-Peters-Projektion, bei der Afrika viel größer als Grönland ist. Foto (detalle): © Watchduck / Wikimedia Commons, editado por Nancy Schneider

Quizá la utilización intensiva de este mapa pueda aumentar la presión sobre las y los proveedores que dominan el mercado de herramientas de mapeo para descolonizar la perspectiva cartográfica en la era digital, así como para desarrollar alternativas para un uso más amplio.

Quizá se pueda aprovechar el mapa para contrarrestar patrones de pensamiento coloniales persistentes colocando muchas ubicaciones en una sola superficie, produciendo así imágenes poderosas. Quizá también se deba criticar esta forma de representación. Este mapa requiere de crítica y de mejoras continuas.

Colectivo, colaborativo

Este mapa es inacabado per se. Las ubicaciones ya señaladas en el momento de su primera publicación no se basan en una muestra representativa. Tampoco tendrían por qué hacerlo. Se trata de informes individuales empíricos, de experiencias personales. Cada experiencia es demasiado importante como para pasar desapercibida y desaparecer en el mapa. De manera similar a lo que ocurre en un archivo analógico, que adquiere nuevos materiales a veces por casualidad y a veces gracias a la iniciativa de personas individuales, también este proyecto requiere de contribuciones activas. El mapa debe crecer. El mapa debe cambiar. Para ello, todas y todos pueden ayudar –por medio del formulario que se ofrece más abajo– enviando información sobre archivos, iniciativas y personas, así como informes sobre experiencias personales. El mapa, igual que este artículo, está lleno de limitaciones, de las cuales quizá incluso no estemos todavía conscientes. Entonces, este mapa requiere de discusiones y de correcciones: sobre los contenidos individuales y su marco, su método.
 
Entre más personas participen, entre más ubicaciones se incluyan, más amplias serán las redes creadas. En el momento de su publicación, el mapa registra una preponderancia de archivos (fílmicos) nacionales y públicos localizados en Europa, en una proporción de 18 a 5. Si los envíos que usted haga corroboran esto, el mapa servirá como una manifestación patente: hará visible una asimetría en los archivos fílmicos, será una representación visual de una inequidad persistente. Puede aumentar la presión sobre quienes toman las decisiones en los planos político y cultural. Si el mapa cambia al paso del tiempo, será un testimonio digital del cambio. Si cada vez se digitalizan más películas, esta obra cartografiará no sólo nombres, direcciones y páginas web, sino que conducirá hacia las fuentes fílmicas. A partir de ese acceso, surgirán nuevos retos: ¿cómo enmarcar estos contenidos? ¿Qué otro tipo de ayudas –aquí podrían servir como ejemplo las anotaciones del Catálogo de Cine Colonial– debería haber para la navegación? Porque la producción de material fílmico colonial siempre implica violencia, las imágenes son y muestran violencia, seguir mostrándolas es violencia. Configura el mapeo de una red que todas y todos podemos configurar: como investigadores, archivistas y cineastas; como hijos, nietos o bisnietos de ancestros que hayan sido filmados en contextos coloniales. También es un archivo con fines educativos: un archivo que puede trasparentar de una ojeada el status quo del cine (de)colonial.

¡Participe!

¿Ha trabajado alguna vez con un archivo en este contexto? ¿Sabe de algún proyecto o está organizando alguna iniciativa?

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