Sobrevivir

Foto (Ausschnitt) conticium @flickr, CC BY 2.0Photo (detail): conticium @flickr, CC BY 2.0

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Ningún humorista ha observado a los alemanes y sus peculiaridades con tanta agudeza como Loriot. En su sketch “Sie haben mir ins Essen gequatscht” (algo así como: Usted me arruinó la comida con su cháchara), el personal y los comensales de un restaurante fastidian al protagonista (interpretado por el cómico) impidiéndole degustar en paz lo que ordenó. ¿Qué otras cosas valoran los alemanes cuando comen?

Acto primero: “Disculpe, ¿puedo sentarme con usted?”

Cuando los alemanes invitan, la cosa va en serio. Aunque tarden en formular una invitación, cuando finalmente lo hacen se citan a una hora precisa. Van al restaurante italiano de la esquina, a la acogedora taberna alemana o al elegante local asiático. A menudo hay que reservar con antelación, ya que a la hora pico, entre las siete y las ocho de la noche, las sillas son muy codiciadas. Es una práctica común sentarse en los puestos vacíos de una mesa ya ocupada, aunque en realidad a nadie le gusta compartir la mesa con un desconocido. Pero en una cervecería al aire libre es algo perfectamente normal.

Acto segundo: “Y bien, ¿le gustó la comida?”

Para acompañar un menú abundante o un plato a la carta lo mejor es ordenar alguno de los numerosos tipos de cerveza de la lista de bebidas. Si los platos no llegan al mismo tiempo, los demás comensales esperan cortésmente a que todos estén servidos. Con un “Guten Appetit” (¡Buen provecho!) los hambrientos presentes empiezan entonces a comer mientras brindan recíprocamente por su salud. Es raro que alguien comparta su comida. Lo único que los usuarios alemanes de restaurantes cogen con las manos es la pizza o la comida rápida. A veces el camarero pregunta si el cliente quedó satisfecho, pero es cada vez más frecuente que los alemanes tengan que recoger y pagar por sí mismos su comida. ¡El autoservicio está de moda!

Acto tercero: “La cuenta, por favor. Pagamos por separado”

La gran ración de asado de cerdo con albóndigas de papa resultó deliciosa, mientras que las verduras con cuscús y salsa de yogur a la menta estaban algo insípidas. Así pues, los invitados están llenos y le hacen una señal a la camarera. El anfitrión salda la cuenta total alegrándose por anticipado de la revancha. De no ser así, cada uno paga por separado el costo exacto de lo que consumió. Al fin y al cabo, los alemanes son individualistas. Eso obliga al personal a sacar muchas cuentas... que luego, por desgracia, pocas veces son acompañadas de una propina generosa. El espectáculo culinario dura en conjunto unos 90 minutos. Por cierto, se admite a perros entre el público; pero no a fumadores.

Bettina Erhardt
es aficionada a observar como etnóloga las costumbres cotidianas de los alemanes. Es oriunda de Múnich y trabaja en relaciones públicas. Complementariamente se desempeña como escritora independiente.

Copyright: Todo Alemán
Octubre 2012

Este texto es una traducción del alemán.

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