Sobrevivir

Bueno ... ¿sería tan amable de ...?

Foto (Ausschnitt): Martin Abegglen (twicepix @flickr) CC BY-SA 2.0Photo (detail): Martin Abegglen (twicepix @flickr) CC BY-SA 2.0

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¿Qué es lo que hace que una lengua sea cortés? ¿Cuáles son las expresiones que despiertan más simpatías? ¿Y cómo se traducirán a otros idiomas las fórmulas de cortesía?

En alemán, quien quiera acercarse a un desconocido, en una fiesta, es muy probable que se dirija a él con un “Wie heißt du denn?” (¿Y tú, cómo te llamas?) Probablemente, le preguntará que de dónde viene (woher der eigentlich kommt), que por qué ha venido y que cómo es que nunca se habían visto antes por allí (warum überhaupt er ihn hier noch nie gesehen hat). “Denn”, “eigentlich” y “überhaupt” son solo algunos ejemplos de muchas de esas palabritas alemanas que los hablantes nativos usan continuamente casi siempre sin darse cuenta. “Y es que las frases se entienden perfectamente sin usar esas palabras, pero a través de ellas reciben un color determinado, un matiz –se destiñen de su significado real individual-“, explica el catedrático emérito de Lingüística, Harald Weydt, quien acuñó el término “Abtönungspartikel” siendo aún doctorando.

Amable o descortés

Weydt hace la siguiente reflexión: “ja”, “denn” o “doch” determinan esencialmente si percibimos un enunciado como amistoso u hostil, amable o descortés, porque pone de relieve la intención del hablante en un enunciado. Sin ese “denn” de la pregunta anterior, nos quedaría apenas: “wie heißt du?” (algo así como la diferencia, en español, entre la pregunta fría, casi de tipo interrogatorio policial: “¿cómo te llamas?” y la algo menos directa: “¿y tú cómo te llamas?”) Por otro lado, en otro contexto, la palabrita “denn” puede reforzar la descortesía o un reproche. Por ejemplo, en una frase del tipo: “Was hast DU denn wieder gemacht?”, ese “denn” hace que la frase sin abtönungspartikel (partícula modal) “Was hast du wieder gemacht?” (“¿qué has vuelto a hacer?”) se convierta en algo semejante a ¿Pero qué demonios has vuelto a hacer? Hay experimentos que muestran que los niños a partir de seis u ocho años distinguen perfectamente la diferencia y que perciben las frases sin estas partículas como “no auténticas”, “no alemanas” o “secas”.

Weyd concuerda en la afirmación que hacen muchos profesores de alemán (y muchos traductores...) de que “en realidad, se podría prescindir siempre de ellas” y que las abtönungspartikel son superfluas y feas, solamente en casos de textos matemáticos o jurídicos, por ejemplo. Textos en los que se trata de dar datos y mostrar presentaciones objetivas. Pero cuando aparecen diálogos vivos, intenciones, cuando se trata de convencer a alguien de algo... estas partículas modales serán imprescindibles en alemán.

Típicamente alemán

No solo el alemán conoce estas partículas modales en su lengua, hay otros idiomas, por ejemplo las lenguas escandinavas, el holandés, el griego antiguo, el guaraní y la lengua de los apaches de White-Mountain. Pero debido a que son de uso menos común en esos idiomas y a que en muchos otros no existen en absoluto, Weyd las ha definido como un fenómeno típicamente alemán.

Pero no por ello es el alemán más cortés que otras lenguas, y es que las partículas modales solo ofrecen una posibilidad de expresar cortesía. Así, por ejemplo, la frase: “¿Könntest du mir bitte das Salz geben?” (¿Por favor, me podrías pasar la sal?), será más cortés, aun no teniendo partícula modal alguna, que la frase: “Gib mir das Salz!” (¡Dame la sal!), porque en la primera se usó la palabra mágica, “bitte” (por favor), un modo especial del verbo (Konjunktiv) y una interrogativa (frente a la exclamativa de la segunda frase). Lo mismo se puede expresar en otras lenguas como en inglés: “Could you please?” o el francés “S’il vous plaît”, echando mano de estrategias para denotar cortesía, frente al japonés, que posee formas verbales especiales para esta función.

Quien quiera traducir frases como: “Das habe ich doch gleich gesagt!” (¡Pero si eso es lo que yo acabo de decir!) o “Was ist denn das!” (¡Pero esto qué es!) a otra lengua, buscará habitualmente en vano una coincidencia literal. “No se trata de cuestionarnos cuáles serán los medios con los que podríamos traducir estas partículas modales al francés o al español”, afirma Weydt. “No traducimos partículas, al igual que no traducimos genitivos. ¡Traducimos textos!” Por eso los traductores no pueden beneficiarse de la investigación lingüística centrada en estas partículas (a diferencia de aquellos que quieran aprender alemán como idioma extranjero y de los profesores que los apoyan).

¿Las partículas modales como factor de integración?

Mientras palabras como “grün”, “laufen”, o “Pferd” tienen una correspondencia directa en la realidad exterior (verde, correr, caballo), la mayor parte de partículas modales no desarrollan su significado hasta que se integran en una frase. Weydt, como lingüista, ve que su investigación sigue siendo todavía hoy un reto fascinante. Aunque son de difícil aprendizaje para los hablantes del alemán no nativos, Weydt anima a los profesores de alemán para extranjeros a abordar el tema en sus clases. En los cursos para principiantes deberían manejarse textos donde aparezcan tales partículas. Más adelante, deberían tratarse con ayuda de un buen libro de texto. Si se enfrenta uno a su uso, sistemáticamente, no resultan en absoluto difíciles de aprender. Y el resultado no debe subestimarse: el que echa mano de un uso correcto de estas partículas dejará de hablar “raro”, artificiosamente. Los hablantes nativos perciben su uso como marca de naturalidad, aunque no sean capaces de explicar el significado de ellas.

Janna Degener
trabaja como periodista autónoma en Colonia.

Copyright: Goethe-Institut e. V., Online-Redaktion
Julio 2010

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