Sobrevivir

Diferencias culturales - Diferentes absorciones

© Paloma Lirola

© Paloma Lirola

¿Saben ustedes cómo se denomina ese invento español que posteriormente, se dice, fue “tecnológicamente” mejorado por los alemanes para luego ser vendido en España más que en prácticamente ningún otro sitio? Efectivamente: la FREGONA.

Entre intento e intento de integración en la sociedad alemana, los emigrantes españoles no podemos dejar de echar de menos cosas que poco tiempo atrás formaban parte de nuestra vida cotidiana, pequeños detalles y elementos que dábamos por sentados, que no requerían una especial atención por estar disponibles en el bazar oriental de la esquina, en varios formatos y a precios asequibles.

El ejemplo de la fregona es perfecto, es el ejemplo de “cosa que no encuentro o que encuentro con mucha dificultad y cuando lo encuentro veo con sorpresa que cuesta más del doble de lo que yo estaba acostumbrada a pagar pero que compro igualmente porque me hace falta para limpiar porque es con esa cosa con la que llevo haciéndolo toda mi vida y no sé hacerlo de otra forma porque otra forma es tirarme al suelo con un trapo o en el mejor de los casos enrollar dicho trapo al escobón previo enjuagado y escurrido con las manos”. Un asco vamos. Así, sin puntos ni comas ni nada, así me ha salido porque, créanme, sé de lo que hablo que para eso fregué escaleras cuando llegué.

Diferencias culturales las llaman… Las que yo encontré en ese ambiente de trabajo se materializaban en serias discusiones con un jefe que sentenciaba que ese artilugio no limpiaba bien, que “esa cosa” no funcionaba aquí. Y así es como una se tenía que deslomar desde la cuarta o quinta o sexta planta del edificio hasta el portal, limpiando escalón por escalón con un trapo gigante enjuagado a cada poco a mano en un cubo de agua fría sin producto alguno diluido, salvando los descansillos que se limpiaban enrollando el trapo al escobón, pero solo al de cerda dura y corta, si no, no limpiaba bien tampoco. Una salvajada. ¡Pobres esquinas! ¡Pobres rodapiés! Me sumía sin querer en un viaje a un pasado desconocido… a limpiar como se hacía en los años 50 en España. Y miren, más detalles de los rituales de limpieza impuestos no les voy a dar para que puedan seguir deslizándose a gusto por las escaleras de sus respectivas casas.

El desconsuelo se agudiza de puertas para adentro del hogar, donde se debería poder fregar como a uno le viniera en gana y sin tener que gastar una fortuna para ello. Sin embargo, no se encuentra alivio porque a poco que se rebusca en los estantes de los supermercados o de las droguerías se da una cuenta de que la oferta de fregonas es muy pero que muy escasa, a veces inexistente. Y como la oferta va ligada a la demanda y por estos lares se ve que la demanda es poca, el ejercicio matemático es simple y el resultado deprimente.

Ni siquiera en esas tiendas del pecado, llámense Rossmann o dm, donde me sorprendo feliz cada semana a modo de terapia, llenando la cesta de cosas necesarias y muchas (las más) no tan necesarias para la vida diaria, ¡ni siquiera en ésas tiendas!, encuentro un pasillo con un jugoso surtido de mochos, cubos y palos. Hay solo uno de cada, si lo quieres, bien, si no, mejor te vas al pasillo de las miniaturas para calmarte los nervios.

Lo más irónico de todo es el ingrato argumento oficial que se esgrime para justificar tales ausencias: “es por el clima”. ¡El clima es el responsable de todo, oiga! Y es que el frío impide un secado rápido de los suelos (con un trapo enjuagado y escurrido a mano todo es mucho más eficaz, dónde va a parar), que si los suelos que no son de azulejo (porque cocina y cuarto de baño no son aceptados como partes de la casa), que si el suelo de tarima es más delicado (con capas de suciedad se debe de conservar mejor), etc., etc. ¡Excusas! Yo hago desde aquí un llamamiento a emprendedores y emprendedoras en la materia, les animo a desarrollar estrategias para poner en conocimiento de la sociedad alemana tan valioso invento porque les aseguro que tienen un nicho de mercado como la copa de un pino. Si no, acuérdense de aquella historia…

“… de dos vendedores a quienes una empresa de zapatos envió a un país donde todos van
descalzos para ampliar mercado. Nada más llegar, el primer vendedor vio que todo el mundo
iba descalzo y mandó un telegrama a su jefe: Vuelvo en el primer barco. Aquí nadie utiliza
zapatos.
Sin embargo, el otro vendedor, estando en la misma situación envió el siguiente telegrama:
Me quedo aquí. Perspectivas fabulosas. ¡No tenemos competencia!”



Hasta la próxima, tengan ustedes una buena absorción.

Paloma Lirola

Diario de una cantante

Copyrigth: rumbo @lemania
Enero 2015

Idioma original: Castellano

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