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Literatura en la cabina telefónica

 Foto: © Claudia Voigt-Resch

Foto: © Claudia Voigt-Resch

Las bibliotecas libres ofrecen libros gratis, de forma anónima y están al alcance de cualquiera. Existen, desde finales de los años 90, en las ciudades más grandes de Alemania, Austria y Suiza. A estas alturas, incluso hay una biblioteca pública para el libre intercambio de este tipo en mi pueblo natal.

Yo me crié en el pueblo. Para ser más exactos, en Maschen, una población con unos 9.000 habitantes, a media hora de Hamburgo, Alemania. En Maschen, hay un restaurante griego, una heladería y una sociedad de tiro. En la plaza que está en el centro del pueblo, entre el que antes era el único supermercado y la casa parroquial, hay, desde que tengo uso de razón, una cabina telefónica amarilla. En aquella época en la que todavía no era nada habitual llevar un móvil en el bolsillo, la gente hacía las llamadas urgentes desde este cubículo amarillo cuando estaba fuera de casa.

Esta cabina telefónica sigue estando, también en la actualidad, en el mismo sitio y, en otras circunstancias, se hubiera convertido en una caja amarilla sin utilidad que, como mucho, podría haber despertado la nostalgia de alguien y hubiera acabado siendo víctima de pintadas graffiteras. Se hubiera convertido en eso si la alcaldesa de nuestro pueblo no la hubiera salvado de tamaña ignominia: mandó que la pintaran con un paisaje verde azulado y, ahora, tras las ventanas de cristal, hay en ella libros apilados que llegan hasta el techo. Todo aquel que lo desee puede coger ejemplares de esta cabina telefónica devenida biblioteca y dejar allí otros. Sin formalidades ni costes de ningún tipo.

Las bibliotecas libres como instalación artística

Pero la idea de crear bibliotecas gratuitas y de libre acceso para intercambiar libros no se inventó en Maschen. Ya en 1991, el dúo artístico Clegg y Guttmann instaló vitrinas con libros a modo de “bibliotecas libres” en Graz (Austria) y animó a los visitantes para que cogieran libros de estas y dejaran allí los propios. A finales de los años 90, surgieron, por primera vez, en Darmstadt y Hannover (Alemania), “bibliotecas gratis al aire libre”. Desde entonces, muchas ciudades y pueblos de Alemania, Austria y Suiza han hecho propia esta idea.

A lo largo de los años, tanto particulares como fundaciones o asociaciones de ciudadanos han habilitado creativas variantes de estas bibliotecas de intercambio de libros en numerosos lugares. Los libros aparecen en las estanterías de las cafeterías, en establecimientos dedicados a la restauración o en lugares de encuentro dentro de cajas de libros resistentes a la intemperie en calles, caravanas remodeladas o, como ya hemos visto, en cabinas telefónicas. ¡En Hamburgo incluso hay bibliotecas libres en los autobuses de las líneas de cercanías del transporte urbano!

El trueque como alternativa al consumo más allá de las grandes ciudades

La biblioteca libre de Maschen ya cuenta con algunos fieles usuarios. El que va con frecuencia se da cuenta de que faltan algunos libros y hay otros nuevos en su lugar, siempre ordenados y colocados en hileras de forma clara unos junto a los otros. De este orden se encargan, sobre todo, el director de la biblioteca que hay al lado y los ayudantes voluntarios que cada mañana abren el grueso candado que hay en la puerta de la cabina telefónica y lo vuelven a cerrar por la tarde.

Tengo que reconocerlo: la primera vez que vi la cabina telefónica transformada en caja de libros en Maschen al visitar a mis padres, me quedé bastante sorprendida (cuando uno se va del pueblo, enseguida hace gala de una especie de arrogancia de gran urbanita). En Berlín hay bibliotecas libres y tiendas de trueque en cada esquina. Casi es más habitual conseguir cosas usadas gratis que comprarlas. ¿Pero en Maschen?

La realidad es que a las personas les gusta aprovechar la oportunidad de intercambiar libros entre sí sin complicaciones ni gastos, vivan en grandes ciudades o en un pueblo. La necesidad de hacer trueques, de regalar y de tener en circulación objetos hasta el fin de su vida útil como alternativa en un mundo abocado al consumo permanente parece que también mantiene el tipo en poblaciones más pequeñas más allá de las grandes ciudades.



Birke Carolin Resch

estudió etnología en las universidades de Hamburgo, Copenhague y Ámsterdam especializándose en el tema de la inmigración. Aunque nació en Berlín, ha sido en estos últimos cuatro años cuando ha conocido y aprendido a querer a la capital alemana. Ahora, la vida la ha llevado a Lisboa donde trabaja como profesora de alemán por cuenta propia y, en cuanto tiene un minuto libre, dibuja y escribe sobre Lisboa y Berlín en su blog Berlin und Lissabon

Copyright: Tudo Alemão
Julio 2017

Este texto es una traducción del alemán.

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