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Elena Salamanca: El olvido (Parte II)

EL OLVIDO

Elena Salamanca: El olvido II Parte II

Se asomó al lado de la repostería. Eligió milhojas. Su madre las comía cada tarde y cuando ella le robaba un trozo aparecía un bigote fino de azúcar sobre sus labios. Pagó la caja de las milhojas. Pidió un pastel de fresa, otro de zanahoria.

Una dependienta pasó por su nariz una bandeja de suspiros. Suspiró. Su último gran amor cabía a la perfección en la cama, no roncaba, dormía del lado izquierdo. El hombre con el que compartía la cama y el apartamento era descomunal, sus pies salían de la cama, roncaba, comía pastel de caramelo y no la dejaba probarlo. Pidió un pastel de caramelo. Pidió que llenaran una mesa con las compras. Se sentó a retener lo que había olvidado.

Las galletas de jengibre eran el remedio que le hacía la tía Dolores, la tía redonda con una verruga en la nariz.

Las galletas de naranja eran su amiguita de infancia. Veían a los pájaros que llegaban al árbol de su patio, ese árbol que daba aguacates que su abuelo no podía comer para evitar aumentar el colesterol.

Un chocolate con nuez fue su primer novio. Apareció una tarde con una ardilla en la mano: la había rescatado de los alambres de electricidad.

Subía y bajaba de trenes en todas las ciudades a las que había ido. En una probó el mazapán, en otra las cerezas acitronadas, en otra la miel de nenúfar, en otra la jalea de pistacho.

Había pasado diez años sin comer azúcar. Desde que comenzó a desmayarse. Una tarde se desmayó en la ducha. Otro día se quedó dormida mientras almorzaba, la cara sumida en el plato de sopa; otro día subió a la azotea y al ver las nubes se desvaneció. El médico dijo que era el azúcar. No debía comerla más a menos que quisiera morir blanda y ciega como la tía Dolores.

Entonces comenzaron los olvidos.

Comió todo lo que pudo en la confitería y supo por qué seguía durmiendo con ese hombre a pesar de que roncaba y los pies no le cabían en la cama. Cada noche, antes de dormir, le leía versos en inglés antiguo, no la dejaba probar ni un trozo de su pastel de caramelo para evitar los peligrosos desmayos, la llevaba los domingos a alimentar a los patos del estanque municipal y en las noches frías le besaba las manos para que no temblara.

Su libro favorito había quedado en manos de su hermano cuando partió en barco a estudiar a un continente lejano. Su abuelo murió mientras dormía. Las manos de su abuela se torcieron como rama vieja de árbol después de años de lavar y lavar y lavar. El primer novio desapareció en la guerra. El hombre que cabía a la perfección en su cama se había fugado con otra. Su madre…

Dejó de comer.

Salió de la confitería. El chico que saludaba siempre y la despedía como en una estación de tren la encontró en el camino a casa y le preguntó cuándo se verían. Ella no lo reconoció. Subió al autobús recitando los salmos aprendidos en su colegio católico. Se mareó. Los árboles que veía desde la ventana eran tan altos como los zanquistas de las fiestas, los carnavales.

Vomitó.

Se detuvo en la ventana del autobús. Afuera, los edificios viejos volvieron a tener puertas hermosas e inquilinos. Volvió a vomitar. Sacó una servilleta de su bolso y se limpió la boca. Las viejas muertas se sentaron de nuevo en sus mecedoras asomadas a las ventanas de los edificios coloreados. Revisó su cartera: su pasaporte se había vencido, las medicinas del azúcar se habían vencido, su hombre, el hombre al que le salían los pies de la cama, se había vencido, decía una carta. No recordaba haberla leído.

Quiso recordar adónde habían ido su madre, su hombre vencido. Llegó a casa, buscó más comida. En la alacena solo había un pan. Lo mordió, le supo a cebolla. Y lloró.

El extracto "El olvido" pertenece al libro "La familia o El olvido" que no se ha publicado íntegramente.

    Sobre la autora

    "Yo soy Elena Salamanca, soy la primera hija de mis papás y la primera nieta de mi abuela. Crecí en un matriarcado de mujeres que enviudaron jóvenes y nunca se volvieron a casar. Fui educada en un colegio de señoritas españolas venidas a menos, fui educada con libros”, es una de las presentaciones que la autora ha hecho de sí misma y es cierta. Más...

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