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Magdiel Midence: Alicia es un trastorno II

ALICIA ES UN TRASTORNO (II)


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La ciudad está fría
Y no hay silencio ni voz
Ni nada que los distinga

El mundo resuena en ansiedad
Como un nervio que desfallece
La sordidez
Es un juego que aturde

Hace falta en esta calle
Una corazonada que te devuelva
A esta casa muerta por inanición

Hay un recuerdo universal
A secas
Que demuele sueños
Con la precisión de una historia
                       Principio y final


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Quisiera intentar
Ciudad de rostros devorados
Por las fieras del horror
Escribir la belleza en tus paredes

Pero como ves
Yo soy uno de esos rostros

No me queda en estas líneas
un solo atisbo de sonrisas conocidas
los escorpiones de mi ausencia
me atacan conlenguas demoniacas
y no me dejan abrazar tu música

Ya resucitaré
y estaré de vuelta
viendocómo te invaden
los Gólgotas cotidianos

Por ahora
sólo tengo tiempo para el mío.


Alicia

Tus pies ligeros
Encajados en el pecho de tus hermanas
Sus múltiples carnes
Endulzando el horizonte

Oh… Alicia de pies ligeros
Tu lengua es engullida por mi deseo
Alicia ruborizada
Entre mis sábanas

Tus pies ligeros
Encajados en el pecho de tus hermanas
Las ninfas
Me hacen cometer pecados
Que yo mismo desconozco

Tu paleta de colores
Tus besos en esos otros besos
Tus besos

Alicia
mi mano es la intercesora
De tu belleza.

Canción para una locura

“won't you come and get me when
you're sure that you don't need me then
I stand outside your window
and proudly call your name”
-Townes Van Zandt-

Un dos, un dos tres; la manos de la locura; tibias como el viento que abrigaba el breve espacio, una sonrisa y algo de licor, el desenfado continental del siguiente día, la salsa (sobretodo la salsa), un músico que no quiere tocar, una lluvia que no quiere llover, la piel oscura y delicada de la luna.

Le recito un verso al tiempo que ha de trascurrir...
Ella le cortó de un recuerdo la cabeza al violador:
Arregló su cabellera para agenciarse el rostro de un asesino, tuvo en su colección varios guardianes y todos se llamaban Charlie. Con las botas puestas, se embarcó rumbo a etilia; ciudad de lo incierto, varias tormentas fueron suficientes para llegar al lado oscuro del malecón.

Las campanas y el baile demencial del transeúnte, un beso que no existe crea la sinfonía más sórdida a la orilla de un crepitante manicomio, varias horas y la niña corre porque se le va el tren, otros minutos más; el diván está lleno de recuerdos; varias tormentas fueron suficientes para llegar al lado oscuro del malecón.

Mi nombre y una promesa tras el vidrio quebrado de un adiós...


III

No hay respuesta del cielo
Y entre las páginas
de un corazón ennegrecido
resuena la voz de Alicia
como un martillo sobre piedras

Las heridas desangran
un bello recuerdo
que agoniza en sus manos

termina por destriparlo en tu espalda
como un estigma de algo que pudo ser

It’sover
repite…

En el Gólgota hay dos mesías

    Sobre el autor

    Si hay alguien con quien irse a tomar un “calambre” en el centro histórico de Tegucigalpa, es con el escritor Magdiel Midence. Este escritor incursionó en las letras centroamericanas en su natal y convulsiva Honduras, país de muchos contrastes como muchos de la región y que es material que mueve la combustión poética y creativa del autor. Más...

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