Retórica de la crisis

El activo de una quiebra

Cambios y transformaciones radicales.

1. Es conveniente profundizar en la etimología de los conceptos centrales de la actualidad. Así nos han enseñado a proceder los filósofos, principalmente Martin Heidegger con su inigualada definición de las palabras griegas aísthesis (percepción, más tarde estética) o alitheia (verdad).

En este contexto la palabra “crisis” merece una atención especial, pues hoy en día está presente por todas partes como ruido de fondo, y domina el discurso una y otra vez en nuevas combinaciones: crisis de la economía y las finanzas, crisis política, crisis ecológica, crisis de la educación y la salud, equipo de crisis y junta de crisis, foco de la crisis, crisis matrimonial, crisis del arte y hasta crisis vital y existencial.
En griego la palabra  κρίσις (crisis) significaba primero “opinión”, “criterio” y más tarde una situación problemática donde es preciso tomar una decisión.

Desde el siglo XVI el concepto aparece en medicina, designando un punto crítico en la evolución de una enfermedad y una marca de separación entre la vida y la muerte.

Aunque la crisis fue anteriormente una agudización y un momento decisivo, hoy se ha convertido en “crisis permanente”, es decir, en una prolongación de circunstancias insoportables que parece no tener fin.

Sin embargo, el verbo κρίνειν (diferenciar, separar) no sólo forma la raíz de “crisis”, sino también la de “crítica”, una circunstancia afortunada que le abre al arte grandes posibilidades de repercusión.

2. Las crisis cíclicas siempre han formado parte de la naturaleza del capitalismo. Sin embargo, el crac de los mercados financieros de septiembre de 2008, que coincidió por una ironía del destino con un récord histórico en la subasta de las obras del artista inglés Damien Hirst, ha alcanzado una dimensión inédita, que estremeció el sistema hasta sus mismos cimientos, pues se trata de la mayor destrucción de riqueza desde la Segunda Guerra Mundial. Dependiendo de las fuentes y del enfoque de los cálculos, la pérdida global se estima hasta en 50 billones de dólares, lo cual equivale aproximadamente al producto social bruto anual de todas las naciones de la Tierra. En el mundo entero, 59 millones de personas perdieron su trabajo. A los contribuyentes del planeta, el salvamento de los bancos podría haberles costado la cifra astronómica de 3 billones de dólares, el doble del producto interno bruto de Brasil. Es fácil imaginarse lo que significa esta hemorragia para los presupuestos públicos destinados a la cultura. En los Estados Unidos, que ha sido el país más rico de la Tierra, gran parte de la población fue literalmente expulsada de la circulación económica y abandonada a su suerte.

El mundo se ha vuelto más pobre, aunque no necesariamente más sabio, pues los viejos vicios y la mentalidad de “business as usual” se abren paso tan pronto como aparecen los primeros indicios de recuperación en las Bolsas y mercados de mercancías y materias primas. En Nueva York, en una variante vulgar de la novela Almas muertas de Nikolái Gógol, ya se están lanzando al mercado nuevos productos financieros exóticos que especulan con la esperanza de vida de los asegurados.

Sigue vigente entonces la inquietante pregunta sobre las posibilidades de futuro de un sistema económico que amenaza con autodestruirse. Se afirma que Martin Heidegger dijo: “Las crisis son las advertencias del ser”.

3. Los tres hombres más ricos del mundo poseen, en conjunto, tanto como los 600 millones de habitantes más pobres del planeta, lo cual casi equivale a la población de América Latina.

4. En las artes plásticas se perfila un cambio de paradigma estético: obras voluminosas, invendibles, hechas de materiales precarios, que se sustraen a la lógica del mercado, ganan terreno tanto en Alemania como en Sudamérica. Es cierto que la crisis siempre fue un tema implícito del arte, pero raras veces esa condición se expresó de una manera tan explícita. El artista se convierte en un “poeta en tiempos de penuria”, como escribió Hölderlin.

5. La transformación de Berlín desde los años noventa en capital mundial del arte y la bohemia tiene que ver también con el hecho de que esa ciudad está apartada de las grandes operaciones económicas, lo cual la diferencia favorablemente de Nueva York, Londres y París, centros de la especulación cuyos costos de vida prohibitivos han privado a muchos artistas de su base de subsistencia. En Berlín los valores simbólicos superan a los valores materiales.

6. A medida que las iconografías que dominaron por largo tiempo desde el Lou-vre hasta Hollywood pierden su credibilidad y su soberanía de interpretación en el transcurso de la crisis, pasan a primer plano imágenes del mundo y “narratives” de la llamada “periferia”. Es muy significativo en este contexto que en algunas regiones del mundo la rebelión contra la crisis haya desencadenado un verdadero auge creativo; pensemos, por ejemplo, en el mundo teatral argentino.

La crisis puede ser un momento de diferenciación y hasta una marca de cambio, y un motivo para revisar la inserción en discursos hegemónicos y prestar más atención que antes a formas de narración extraeuropeas.


Extracto de un esbozo para el proyecto “Cambios y transformaciones radicales. Crisis y conflictos” en la región de Sudamérica. 2.10.2009
Alfons Hug
es director del Instituto Goethe de Río de Janeiro. Ha tenido a su cargo la concepción de las exposiciones internacionales itinerantes “Los trópicos”, “Intempérie” y “Menos Tiempo que Lugar” (2010). En 2009 fue comisario de la Bienal del Fin del Mundo, celebrada en Ushuaia (Argentina). Es comisario del pabellón de América Latina en la Bienal de Venecia de 2011.

Traducción del alemán: Francisco Díaz Solar
Copyright: Goethe-Institut e. V., Humboldt Redaktion
Mayo 2011
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