Timo Berger | Obra-Fragmento

Fragmento de: EL HAPPENING DEL HUB: UN ENSAYO SOBRE MATERIAS PRIMAS Y CUERPOS EXTRAÑOS
En América Latina nos enfrentamos a la sincronicidad de lo atemporal. Distintas temporalidades que se desarrollan sincrónicamente: por un lado, tambos hightech en el Chaco paraguayo, plantaciones de soja hasta el horizonte en Alto Paraná, plantas petroleras en la Amazonia peruano y terminales de carga en la costa del Pacífico que facturan millones y embarcan materias primas hacia todo el mundo. Por el otro, restos de formas sociales tradicionales: comunidades indígenas que trabajan la tierra rotando los cultivos, sólo mientras el suelo siga otorgando rendimiento. O pequeños agricultores, mestizos o descendientes de colonos europeos llegados a fines del siglo XIX y principio del XX, que buscan su sustento en la economía de subsistencia y hasta ahora nunca han formado parte del mercado global. Todos estos elementos conviven: América Latina es laboratorio y campo de prueba. Vanguardia de la capitalización total de todos los recursos disponibles y refugio de la resistencia. Superficie de proyección tanto de ensueños izquierdistas como de expectativas de rinde descomunales.Tuve la oportunidad de estar cuatro semanas en el lugar. Vivir sucesos virulentos en Perú y en Paraguay. Acompañar a personas que buscan alternativas contra el sistema instaurado por las elites locales, el Banco Mundial y las compañías transnacionales. Una tríada turbia y hegemónica. En los grandes proyectos nacionales de desarrollo, en las represas y las “revoluciones verdes”, en las utopías urbanísticas y en las medidas de infraestructura, no encontré tanto el pulso de la independencia como sí lo percibí entre las personas que se comprometen a nivel local para proponer soluciones a los problemas globales. Personas que demuestran quienes son los ganadores y los perdedores del modelo económico existente: la manera en que las elites locales preparan el suelo para las “inversiones directas” internacionales y aceptan con condescendencia que sectores de la población caigan en la marginalidad.
Pensar globalmente y actuar localmente. Armar redes internacionales y dejar atrás la idea de que uno podría aislarse del resto del planeta concentrándose en el Estado nacional, los “departamentos” o los pueblos. En lugar de eso, diseñar estrategias para una globalización desde abajo, como hicieron los zapatistas en Chiapas con su levantamiento, que nunca tuvo el objetivo de tomar el poder del Estado.
La independencia es un desideratum, incluso luego de doscientos años. Las aspiraciones de emancipación fueron primero respecto de España, poco después del nuevo poder hegemónico, el Imperio Británico, y hoy lo son frente a los Estados Unidos y la Unión Europea así como a los grandes poderes regionales: la Argentina fue uno de ellos durante el siglo XIX y comienzos del XX y actualmente este lugar lo representa Brasil.
Ningún país sudamericano supera hoy a Brasil, dice Beatriz Sarlo. Así como los centroamericanos miran hacia México, en el Hemisferio Sur la gente mira hacia Brasil. A lo largo de la historia, la colonia portuguesa desplazó cada vez más hacia el poniente, la línea que el tratado de Tordesilla fijó en un longitud de 47º 37` Oeste. Todavía hoy, los brasileños con sus predicadores ambulantes y sus profesores siguen ganando territorio. Desde Brasil, el país más grande de Sudamérica se abren para la explotación territorios inaccesibles de Perú y Paraguay. Río abajo desde Belén, se abre la vastedad del Atlántico. La vía hacia Europa. Hacia el otro lado, río arriba, se encuentra en construcción un eje amazónico multimodal: China se vuelve más cercana, chips del lejano Oriente para las industrias de Manaos.
Las dependencias se constatan en ambas direcciones. También Europa y Estados Unidos necesitan a América Latina. No sólo porque un decreto oficial de la comisión europea obliga a aumentar progresivamente la proporción de bioetanol que deben contener las bencinas. Los roles parecen estar claramente asignados en las negociaciones bilaterales en torno a los tratados de libre comercio. Lo que está en juego es el precio por el acceso a los recursos. Lo que está en juego son patentes, licencias, concesiones para la exploración y explotación de las materias primas. En Lo crudo y lo cocido, Levi Strauss ya dijo cuál era el límite de la civilización. Por eso, decidí ir tras las huellas de las materias primas.
Traducción: Cecilia Pavón






