Natalí Schejtman "Un extraño refugio institucional"

Detalles del programa del ciclo Post Post.
Detalles de diferentes programas del ciclo Post Post. | Foto: Goethe-Institut

Mi vínculo con el Goethe-Institut emerge y se afianza en un clima con olor a neumáticos quemados y desesperanza. Corría -bah, saltaba y tropezaba- el año 2001, yo acababa de terminar el secundario y con mis amigos Germán Garrido y Daniel Levi iniciábamos una revista a la que habíamos titulado "Juliana Periodista” y subtitulado, de manera abarcativa y excluyente, “opiniones jóvenes”. Mi relación con la cultura alemana era muy poca, más allá de Nina Hagen y algunas películas de Fassbinder, pero de golpe asistir a los ciclos del Goethe era una opción firme y atractiva en la agenda cultural de la ciudad, en un contexto de no future que justamente nos incitaba a pensar en el futuro.  
 
Para los jóvenes de 18 años, la crisis de 2001 tuvo un componente metafórico pesado: nos hacíamos adultos en un país sin estado. Nos hacíamos doblemente adultos, doblemente a la deriva. Muchos de nuestros amigos y conocidos hacían colas en consulados europeos a ver si lograban imprimir un pasaporte que los rescate de acá y los lleve a un país con un solo dígito de desocupación. No es raro entonces que hoy recuerde al Goethe-Institut de comienzos de los 2000, un enclave alemán en Buenos Aires, como un extraño refugio institucional. En un auditorio luminoso, prolijo pero también subrepticiamente salvaje, el ciclo Post Post, comandado por Pablo Schanton, era una cita regular para pensar la cultura y la política –y sus vinculaciones- en un país quebrado desde todo punto de vista. Y para conocer gente que quería pensar así, que quería entender y que quería estar activa y seguir pensando qué venía después de las cenizas.

En el año 2002, Pablo nos invitó como revista a charlar sobre el anticonformismo, el mismo año que Diedrich Diederichsen fue el invitado estelar y habló de la izquierda, de la cultura pop, de las drogas.    
Ese espacio de intercambio, pensamiento y fiesta en que se convertía el Post Post de cada año, y el modo liberal de su coqueteo con lo institucional e internacional, fueron un aprendizaje enorme para muchos de los que asistíamos religiosamente al Goethe, en esos años en los que, a pesar de todo, teníamos el futuro por delante.