Superación y elaboración La historia nunca queda atrás

El teniente general Lothar von Trotha, responsable de la masacre de los hereros, junto con su unidad, en 1904, en la antigua colonia de África del Sudoeste Alemana
El teniente general Lothar von Trotha, responsable de la masacre de los hereros, junto con su unidad, en 1904, en la antigua colonia de África del Sudoeste Alemana | Foto (Detalle): © Archivo Federal Alemán

El pasado colonial de Alemania implica una considerable carga de responsabilidad que llega hasta el día de hoy. Esto se demuestra en los debates en torno a las colecciones etnológicas, en el cambio de nombres de las calles… y sobre todo en la gran interrogante respecto a cómo manejar oficialmente la culpa.

De Andreas Eckert

“Hace cien años, los opresores –cegados por el delirio colonial– se convirtieron en emisarios de la violencia, la discriminación, el racismo y la aniquilación en el nombre de Alemania”, dijo Heidemarie Wieczorek-Zeul, en ese momento ministra federal alemana para el Desarrollo y la Cooperación, el 14 de agosto de 2004 en la conmemoración del centésimo aniversario de la Batalla de Waterberg, en la antigua colonia África del Sudoeste Alemana, hoy Namibia. En ese lugar, en 1904, decenas de miles de herero, por orden del teniente general Lothar von Trotha, fueron expulsados al desierto de Omaheke, donde no había agua y muchos de ellos murieron de sed. “Las atrocidades cometidas en esa época son lo que hoy denominaríamos genocidio”, dijo Wieczorek-Zeul y se disculpó con los herero: “Los alemanes reconocemos nuestra responsabilidad histórico-política y ética y moral, también la culpa en que los alemanes incurrieron en ese entonces.” Sin embargo, habría de pasar una década más antes de que el gobierno federal alemán reconociera en 2015 la masacre como un “genocidio”. Pero, hasta el día de hoy, el gobierno alemán no ha pedido una disculpa de manera oficial ni ha ofrecido indemnizar a los herero.

Los herero que sobrevivieron debieron realizar trabajos forzados hasta 1908, en lo que entonces ya se conocía como campos de concentración. Una parte considerable de ellos sucumbió por el hambre y las enfermedades. Aparte de la guerra Maji-Maji, en África Sudeste Alemana (hoy Tanzania), la guerra que los alemanes hicieron en Namibia con un afán genocida de aniquilación ha sido la acción militar más larga y con más pérdidas humanas en toda una serie de actos excesivamente violentos con que los alemanes azotaron a sus colonias.

El pasado colonial como fenómeno marginal

Con la Primera Guerra Mundial terminó el efímero imperio colonial alemán en África, en el Mar del Sur y en la ciudad china de Tsingtau (hoy Quingdao), que no duró ni treinta años. En el período de entreguerras, con frecuencia se deploró esta “pérdida”; los nacionalsocialistas forjaron planes para recuperar a las colonias. Sin embargo, después de 1945 el pasado colonial pareció no despertar gran interés en Alemania por un tiempo muy largo. Esto, sin duda, tenía que ver con la muy difundida tendencia a equiparar el colonialismo con el dominio colonial, por lo cual a Alemania se le asignó un lugar al margen de los desarrollos coloniales. Pues, en efecto, las posesiones coloniales alemanas no revistieron una gran importancia económica y, en general, fueron de muy breve duración. Así, Alemania pareció no verse afectada por los subsecuentes problemas imperiales con los que se tuvieron que confrontar, por ejemplo, Francia e Inglaterra. El manejo del pasado nacionalsocialista y del Holocausto ocupaba un lugar mucho más preponderante en la agenda política, igual que la integración occidental en el contexto de la Guerra Fría. El racismo colonial y la explotación de África eran temas que “los otros” debían “superar y elaborar”, no los alemanes. En la cooperación para el desarrollo, la República Federal de Alemania se presentaba como un socio libre de tales lastres, cuya política estaba libre de intereses neocoloniales.

Una nueva era de superación y elaboración

No fue sino hasta después de la Reunificación alemana, en 1990, que el colonialismo alemán volvió a despertar un poco más de interés. Sin embargo, en qué medida la política siguió eludiendo reconocer en el caso de Namibia que se había tratado de genocidio y de un crimen de lesa humanidad se puso de manifiesto en 2011, durante la entrega de 20 cráneos herero a una delegación namibia de alto rango, en el hospital Charité, en Berlín. Antes de la Primera Guerra Mundial, los cráneos fueron llevados a la capital alemana en circunstancias horrorosas: como “material” para investigadores raciales durante la era Guillermina. La entrega terminó en escándalo. La delegación africana, con el ministro de Cultura de Namibia a la cabeza, quería algo más que llevar a casa los cráneos de sus ancestros. Lo que realmente deseaba era que se reconociera, finalmente, que los señores coloniales habían cometido un crimen contra los pueblos de Namibia.
 
En el año de 2015, la discusión se volvió a activar. A mediados de ese año, más de 150 representantes de la política, la ciencia, las iglesias, la cultura y las asociaciones lanzaron un llamado público en el que afirmaban: “Genocidio es genocidio”. El presidente del Bundestag, Norbert Lammert, escribió poco después en el periódico semanal Die Zeit que, si se le midiera con parámetros actuales del derecho internacional, el aplastamiento de la rebelión de los herero sería un genocidio. Desde julio de 2015, según información del Ministerio de Relaciones Exteriores, la siguiente oración rige como “lineamiento político” para el gobierno federal alemán: “La guerra de exterminio en Namibia, de 1904 a 1908, fue un crimen de guerra y un genocidio.” Por otra parte, el ministro de Relaciones Exteriores, Frank-Walter Steinmeier, nombró al político del partido cristiano demócrata alemán CDU, Ruprecht Polenz, quien durante mucho tiempo ha sido presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores en el Bundestag, como comisionado especial para las relaciones germano-namibias, encargado de sacar adelante la superación y elaboración de este oscuro capítulo de la historia compartida. Polenz anunció en abril de 2016 que al final de este proceso se pronunciaría “una disculpa por parte de Alemania”. Una delegación alemana y namibia elaboró una declaración, que debe ser aprobada por ambos Parlamentos.
 
El hecho de que el pasado colonial no se olvida se evidencia también en los debates en torno al Foro Humboldt, que se ha planeado inaugurar en Berlín. En este caso, el aspecto del origen colonial de las colecciones etnológicas cuestiona la legalidad y la legitimidad moral de las adquisiciones. Además, en muchas ciudades alemanas se están dando discusiones sobre la posibilidad de renombrar las calles que ostentan los nombres de los protagonistas del colonialismo alemán.
 
Un deseo que no se ha cumplido aún es que se deje de ignorar al colonialismo alemán en las clases en las escuelas. Sin embargo, el comisionado Polenz anunció que se realizarían “proyectos para una cultura de la memoria compartida”, por ejemplo, proyectos de libros escolares que abrevarían de las experiencias de superación y elaboración del pasado con Francia y Polonia. El colonialismo no puede ser redefinido de tal manera que se le borre de la historia alemana, sus consecuencias siguen estando presentes.