Repensar las relaciones internacionales Cómo el Sur digital se puede proteger de la explotación global

Un mar de banderas
Un mar de banderas | Foto (detalle: © picture alliance/Bildagentur-online

Por mucho, no todos se benefician de igual manera del internet: el Sur global se ve explotado principalmente por plataformas digitales estadounidenses y chinas. Para defenderse de esta dinámica, las regiones afectadas deberían poder aplicar aranceles o darle prioridad a su propia economía, demandan los expertos.

De Maximilian Henning

El libre comercio en internet amenaza con reforzar la inequidad global. La ONG evangélica Pan para el Mundo advierte de este peligro en su reciente informe Justicia 4.0. Para detener esta tendencia, los países emergentes y en vías de desarrollo deben contar con la posibilidad de aplicar aranceles a servicios digitales o de permitir el almacenamiento de datos digitales sólo dentro de sus propias fronteras. Además, estos países deben fomentar sus propias industrias digitales y desarrollar infraestructuras públicas, afirman los autores del informe.

Ponen como ejemplo el hecho de que fueron principalmente los inversionistas internacionales los que más beneficios obtuvieron de los start-ups africanos. Por otra parte, gracias a las cadenas de valor digitalizadas, los consorcios globales ganan más que las empresas locales. Además, la recolección de datos con frecuencia no está protegida, lo cual pone en riesgo los derechos fundamentales de los ciudadanos.

Incluso la ONU coincide en que es necesario actuar

La Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD) constata el hecho de que la digitalización no enriqueció a todos por igual. “La creación de riqueza en la economía digital se concentra sobre todo en Estados Unidos y China. El resto del mundo, particularmente algunos países en África y América Latina, van muy a la zaga”, se lee en el Reporte sobre Economía Digital publicado en 2018 por la UNCTAD, el primero de su tipo.

“Los países en vías de desarrollo corren peligro de convertirse en meros proveedores de datos primarios, al mismo tiempo que tendrán que pagar por los conocimientos digitales obtenidos gracias a esos datos primarios.” Sin embargo, muchos de los países afectados no tienen una estrategia integral para su trato con los gigantes del internet: “Si no se aborda este problema, la brecha entre los países subdigitalizados y los hiperdigitalizados se abrirá cada vez más, lo cual agravará aún más las inequidades ya existentes.”

Publicación del Reporte sobre Economía Digital 2019 en la sede europea de la Organización de las Naciones Unidas en Ginebra, Suiza: Shamika Sirimanne, a la izquierda, directora del Departamento de Tecnología y Logística de la UNCTAD, y Mukhisa Kituyi, secretario general de la UNCTAD Publicación del Reporte sobre Economía Digital 2019 en la sede europea de la Organización de las Naciones Unidas en Ginebra, Suiza: Shamika Sirimanne, a la izquierda, directora del Departamento de Tecnología y Logística de la UNCTAD, y Mukhisa Kituyi, secretario general de la UNCTAD | Foto (detalle): Martial Trezzini/KEYSTONE © picture alliance
Como ejemplo positivo, los autores de la ONU mencionan a India, que actualmente está elaborando directrices generales para la economía digital. En última instancia, se debe crear una estrategia unificada para manejar “datos, el desarrollo de infraestructura, mercados de e-commerce, cuestiones de regulación, el fomento de la economía digital doméstica y el apoyo a la exportación por medio del e-commerce”, promete el documento.

Los ricos países industrializados quieren más

Pero son particularmente los ricos países industrializados los que ponen piedras en el camino del Sur global, que está tratando, a su vez, de resistir esta explotación. La disputa latente acerca de los instrumentos a los que pueden recurrir los países en desventaja estructural sirve como un buen indicador; también, la forma en que los países ricos ignoran los intentos de, por lo menos, aliviar esta falta de equilibrio.

Así, antes de la Conferencia Ministerial de la Organización Mundial de Comercio (OMC), realizada en Buenos Aires en 2017, se hicieron escuchar propuestas de Estados Unidos y otros países industriales, como Japón y Singapur, para darle una regulación nueva y permanente al comercio digital. Aunque la resistencia masiva de muchos países del Sur global impidió un acuerdo válido a nivel mundial, 76 países miembros de la OMC siguen en negociaciones; entre ellos se encuentran los pesos pesados Estados Unidos, la Unión Europea y China.

Los países que no participan en estas conversaciones, como India y Sudáfrica, temen que al final se prohíban, de facto y definitivamente, diversas medidas que podrían ser necesarias para proteger sus propias industrias digitales. Por el momento, muchos países emergentes y en vías de desarrollo están exentos de algunas reglas de la OMC: así, por ejemplo, pueden imponerles aranceles a mercancías físicas, como libros, aun cuando éstos hayan sido comprados a través de plataformas digitales (Amazon y otras). Esta excepción no es válida en caso de que se trate de bienes totalmente digitales, como e-books. En este caso están prohibidos los aranceles. Pero los países pueden decidir cada dos años si quieren conservar esta prohibición.

Ahora bien, es posible que se pierda este equilibrio. “Mientras que antes sólo los e-books, la música y algunos servicios se consideraban como medios electrónicos, el número de estos productos ha aumentando enormemente debido a las nuevas tecnologías, como la 3D”, se lee en el informe de Pan para el Mundo. Si se impusiera de manera permanente la prohibición de imponer aranceles a todos los productos digitales, como lo demandan los “amigos del e-commerce”, “los países en vías de desarrollo tendrían que contar con pérdidas desproporcionadas, porque sus presupuestos dependen en mayor medida de los aranceles que los de los países industrializados”. Esto tendría como consecuencia que el Sur global, que es más pobre, perdería todavía más margen de acción para poder defenderse de la discriminación y la explotación.

Sven Hilbig, experto en comercio internacional en la ONG Pan para el Mundo Sven Hilbig, experto en comercio internacional en la ONG Pan para el Mundo | Foto (detalle): Tobias Hase © dpa Por eso, estos países boicotean las negociaciones y protestan por el hecho de que éstas se estén llevando a cabo fuera de los órganos regulares de la OMC; como lo expresa diplomáticamente el informe de la UNCTAD, por el momento “no hay consenso” acerca de si estas negociaciones son verdaderamente necesarias. “Respecto a los datos, las posiciones presentadas en los primeros encuentros del grupo representan, en primer lugar, las opiniones de los representantes de los datos que fluyen libremente”, afirma el informe. En concreto se trata, sobre todo, de Estados Unidos y China, cuyas empresas son las que obtienen mayores beneficios de las reglas existentes.

Aranceles, regulación, revelación de los códigos fuente

Por eso, Pan para el Mundo hace un llamado: “Se debe prescindir de reglas respecto al e-commerce, como la libre circulación de datos y las prohibiciones de localización o de cobro de impuestos, pues minan el desarrollo propio de los países del Sur global.”

Como enfatiza Sven Hilbig, experto en comercio internacional en la organización Pan para el Mundo y uno de los autores del informe, en una entrevista para netzpolitik.org, esto no incluye los impuestos por el acceso a internet o por el uso de plataformas de redes sociales. Leyes de este tipo, como las que rigen en Uganda o Zambia, por ejemplo, limitan particularmente el acceso que los pobres tienen a internet. Y como en Tanzania, donde los blogueros independientes deben pagar una tarifa excesivamente alta por una licencia. En ambos casos, estas leyes y tarifas se usan para reprimir la libre expresión. Tampoco en términos económicos resultan útiles, puesto que inhiben el desarrollo de una economía digital.

 

Infraestructura pública, no privada

Incluso ya sin barreras adicionales, la digitalización para muchas personas sigue siendo algo teórico: tres cuartas partes de la población en el sur de África no tiene conexión a internet, escriben los autores de Pan para el Mundo. Pero los países no pueden confiar en que las plataformas eliminen estos problemas, por ejemplo, Facebook con su iniciativa internet.org y su servicio de sub-internet Free Basics, que presenta fuertes restricciones. El informe afirma que los principales intereses de tales plataformas es ganar clientes y asegurarse su lealtad.

Facebook pretende haberles dado acceso a internet a cien millones de persones a través de satélites, drones y alianzas con compañías de telecomunicaciones, pero sólo en una versión limitada y restringida, sin ninguna neutralidad en la red. En India hubo una fuerte campaña contra Free Basics, la comisión de regulación de telecomunicaciones prohibió el programa. También en Egipto se suspendió Free Basics.

 

Colaboración con otros países

“Sólo en alianzas regionales, los países en vías de desarrollo estarían en posibilidad de construir plataformas digitales fuertes, competitivas también en el mercado internacional”, se lee en el informe de Pan para el Mundo. Alianzas regionales como, por ejemplo en África, la Comunidad Económica de África Occidental (ECOWAS), que quiere introducir una moneda conjunta a partir del año entrante.

No obstante, esta colaboración está siendo obstruida deliberadamente, por ejemplo, por la Unión Europea, dice Hilbig. Porque si negocia acerca de estos acuerdos comerciales, lo hace sólo con países individuales. “Esto es como meterle una cuña a la comunidad económica”, dice Hilbig. Sería comparable con que Estados Unidos negociara sólo con Alemania o Italia, en lugar de con la Comunidad Europea.
 
También los autores de las Naciones Unidas escriben que “muchos desafíos referentes a la regulación pueden abordarse únicamente a nivel regional o internacional”. Así, por ejemplo, las leyes para la protección de datos están “sumamente fragmentadas”, lo que produce incertidumbre. Lo mismo se puede decir de las reglas sobre los impuestos, el comercio o la competencia.

Existe una creciente necesidad de establecer e implementar leyes sobre la competencia en el marco regional o global. Los países individuales, incluso los industrializados, no disponen del poder legal o económico como para enfrentar a las corporaciones digitales globales.

Pero hay que insistir sobre este punto: los acuerdos multinacionales no deben limitar la libertad de acción de los países individuales para promover sus propias industrias digitales. Los países siguen requiriendo la libertad para implementar sus propias medidas.

Kenia, un país con una gran industria digital doméstica, anunció en julio que estaba considerando una medida de ese tipo: la introducción de un impuesto a transacciones digitales, similar al impuesto digital francés. La respuesta no se hizo esperar: los impuestos a las plataformas digitales podrían producir una guerra comercial internacional, dijo un vocero de Google.

“Se quitaron la máscara”, dijo Hilbig al respecto.