Investigación sobre la procedencia El legado colonial

A partir de 2019, las colecciones no europeas podrán verse en el Berliner Stadtschloss.
A partir de 2019, las colecciones no europeas podrán verse en el Berliner Stadtschloss. | Foto (detalle): picture alliance/dpa/Stefan Jaitner

En 2020, el Foro Humboldt deberá ser un lugar para el encuentro de las culturas, gracias a sus objetos de exhibición extraeuropeos. ¿Pero cómo manejan las instituciones culturales alemanas y europeas las preguntas críticas sobre la restitución del legado colonial? Para empezar, ¿es legítimo que posean y exhiban bienes culturales de otras partes del mundo?
 

De Christoph Schmälzle

Pronto habrá llegado el momento en el que el Foro Humboldt de Berlín abra sus puertas: hasta ahora, las colecciones extraeuropeas de los Museos Estatales de Berlín habían estado alojadas en el distrito de Dahlem, que se encuentra lejos de los puntos turísticos de la capital alemana. A partir de 2020, se les podrá ver de nuevo en el reconstruido Palacio de Berlín. La Isla de los Museos, con sus ricos acervos, se convertirá así en el escenario universal de las culturas del mundo. Pero el proyecto es sumamente controvertido. Esto se debe, sobre todo, a una nueva sensibilidad en el manejo de las reliquias de la era colonial: ¿qué forma de presentación les puede hacer justicia a estos eventos? ¿Y cómo fue, para empezar, que fueron a dar a manos de una institución europea?
 
La pregunta de cómo es que los museos europeos deben manejar los objetos de exhibición coloniales procedentes de otros círculos culturales ha ocasionado vehementes discusiones en los últimos años. En Alemania, este debate tiene por objeto el Foro Humboldt. La historiadora del arte Bénédicte Savoy renunció en 2017 al Consejo de Expertos del Foro, y formuló duros reproches: comparó al futuro museo con el reactor de Chernobyl y afirmó que una injusticia sangrienta se volvería a sepultar bajo un techo de plomo. Savoy se cuenta entre los asesores del presidente francés, quien quiere echar andar en los próximos años una vasta restitución, es decir, devolver bienes culturales a sus países de origen.

La investigación sobre la proveniencia, un recurso con límites

Una parte de la respuesta a estas preguntas podría brindarla la investigación sobre la proveniencia. Esta rama, relativamente nueva, de la historia del arte reconstruye la historia del origen de los objetos. Se espera que con ayuda de estas informaciones se pueda averiguar si llegaron a manos de las instituciones de manera legítima o ilegal. La Asociación Alemana de Museos publicó en 2018 una guía para el manejo de objetos de la era colonial. Sin embargo, sus autores hacen el señalamiento de que casi siempre falta el fundamento jurídico para la restitución de objetos en controversia.
  Britische Soldaten vor geraubter Kunst aus Benin 1897. Britische Soldaten vor geraubter Kunst aus Benin 1897. | Foto: picture alliance/CPA Media Desde un punto de vista jurídico, la situación es realmente compleja: a diferencia de los robos cometidos durante el nacionalsocialismo, para el arte robado durante la era colonial no existe un sistema internacional de reglas, como la Declaración de Washington, en la que numerosos países, entre ellos Alemania, se comprometen a asumir su responsabilidad. Pero cuando conceptos como robo o expropiación son más que una metáfora, tampoco es posible eludir una evaluación jurídica de las circunstancias en que se dio la posesión de los objetos de la era colonial. No obstante, ni la Convención de La Haya para la Protección del Patrimonio Cultural en Conflictos Armados, de 1954, ni los convenios de la UNESCO sobre las medidas para la prohibición y la prevención de una exportación, introducción y transmisión de la propiedad ilícitas, de 1970, contemplan una práctica jurídica retroactiva; además, en el siglo XIX eran vigentes otros parámetros, diferentes a los actuales.
 
De todas formas, como disciplina científica, la investigación sobre la proveniencia no puede satisfacer todas las expectativas. La comprobación de las fuentes requiere tiempo, y de ninguna manera conduce siempre a resultados unívocos. A esto se añade que, por mucho, no todos los objetos expuestos en los museos tienen un trasfondo directamente colonial. Por ejemplo, algunos de las más sonadas disputas se refirieron a negocios legales llevados a cabo en tiempos de paz. Por esta razón, ni en el caso del busto egipcio de Nofretete, expuesto en la Isla de los Museos en Berlín, ni en el de los Engin Marbles –esculturas de mármol de la Acropólis en Atenas, que hoy se exhiben en el British Museum en Londres–, es de esperarse que haya algún movimiento.

Parte de un pasado en común

La configuración de nuestra relación con los antiguos territorios coloniales es un problema que no puede resolverse en el plano del trabajo realizado por un museo. Con excepción de pocos casos claros, el debate sobre la restitución demanda que se tome una decisión política en medio de intereses y opiniones que compiten entre sí. Por eso, los actores sostienen posiciones irreconciliables. Horst Bredekamp, uno de los directivos fundadores del Foro Humboldt, lamenta: “Actualmente, no es el valor de los objetos artísticos procedentes de culturas extranjeras lo que resulta prioritario, sino la culpa material de poseerlos.” Bénédicte Savoy demanda una redistribución: “No se trata de si los objetos llegaron a Europa de manera legal o ilegal durante la era colonial, sino de una distribución más justa del patrimonio cultural en las regiones de las que provienen.”

Das Skelett eines Brachiosaurus aus dem ehemaligen Deutsch-Ostafrika im Museum für Naturkunde in Ost-Berlin ist mit einer Höhe von 13 Metern das weltweit größte ausgestellte Dinosaurierskelett und ein Publikumsmagnet. Das Skelett eines Brachiosaurus aus dem ehemaligen Deutsch-Ostafrika im Museum für Naturkunde in Ost-Berlin ist mit einer Höhe von 13 Metern das weltweit größte ausgestellte Dinosaurierskelett und ein Publikumsmagnet. | Foto: picture alliance / Eventpress HHH Sin embargo, después de más de cien años, los objetos en cuestión hace mucho tiempo que forman parte de un pasado en común, y muchos de los casos en discusión admiten más de una interpretación. Así, también debería cuestionarse el instrumento de la restitución como forma supuestamente universal de reparación. Un giro inesperado en esta dirección se dio, por ejemplo, en la discusión en torno a los huesos de dinosaurio que llegaron entre 1909 y 1913 a Berlín, procedentes de los territorios alemanes en África Oriental. En una conferencia de prensa con su homólogo alemán Heiko Maas, en mayo de 2018, el ministro de Relaciones Exteriores de la actual Tanzania demandó formas de cooperación con perspectiva de futuro, en lugar de una restitución.