Museos en Sudáfrica Laboratorios de la transformación social

South African National Gallery
South African National Gallery | Foto (detalle): ImageBROKER © picture alliance

¿Qué cambios fueron necesarios para liberar a los museos de las ataduras del colonialismo? Ciraj Rassool ilustra los desarrollos que se han dado en los museos sudafricanos desde mediados de la década de 1990.

De Ciraj Rassool

Desde que comenzó la democracia en Sudáfrica a mediados de la década de 1990, el sector de los museos se convirtió en un laboratorio de la transformación social: viejos museos y colecciones se reestructuraron, y se consideró que los nuevos museos serían parte constitutiva de una nación recién fundada, con nuevos conceptos de nacionalidad. En los años 90, el gobierno publicó un White Paper sobre arte y cultura e instauró un grupo de trabajo llamado Arts and Culture Task Group (ACTAG), para brindarle un marco legal a la transformación del sector del arte, de los museos y de la cultural. Fuera del área de incidencia del Estado se crearon nuevos museos independientes, que querían contar a nivel local la historia del apartheid y de la democracia. En general, los museos debieron liberarse de la tarea de ser una parte de las estructuras de regulación y de gobierno de un “orden de razas”; en lugar de eso, debieron convertirse en un foro en el que fuera posible construir sociedades democráticas.

Planteamiento equivocado al principio

En un principio, los museos de las ciudades y las provincias trataron de cambiar lo que eran, complementando las viejas exposiciones ya existentes del museo con la “Historia Negra”. Algunos museos trataron de impulsar el cambio, contando una historia (o prehistoria) más larga sobre la procedencia humana y las estructuras de migración nativas. Con todo esto se trató de transmitir una sensación de filiación proveniente de un pasado que hasta hoy está marcado por la presencia humana, un pasado en el que el propio país parece no haber estado vacío nunca. Al mismo tiempo, viejos museos nacionales se convirtieron en escenarios para debates y discusiones en las que nuevas exposiciones plantearon interrogantes sobre la clasificación de los museos y trataron de recuperar las historias indígenas. En la South African National Gallery (SANG), se presentaron artefactos y obras de arte de culturas indígenas –por ejemplo, trabajos con perlas y esculturas doradas–, como una demostración de genialidad estética y social, que desafiaban el marco etnográfico estatal.
 
A mediados de la década de 1990, también la SANG fue escenario de una exposición que quiso abrir nuevas perspectivas, titulada: Miscast: Negotiating the Presence of the Bushmen. La exposición fue un intento de restituirle al grupo étnico de los san (los bosquimanos) una voz auténtica, y los confrontó con la violencia de las armas y de los museos. Esta voz auténtica se encontró en el folclor que Lucy Lloyd y Wilhelm Bleek grabaron en las décadas de 1870 y 1880 en Ciudad del Cabo, con hablantes karoo y xam, que habían sido arrestados por actos de resistencia contra las intervenciones coloniales. Caracterizado por un marco acrítico en cuanto a la salvación y reproducción de la autenticidad, Miscast fue muy criticado, porque conservaba la economía visual colonial que se pretendía cuestionar; y porque no fue capaz de abordar la política cultural de los khoisan en Sudáfrica –a los que pertenecen los san–, que se encontraba en plena estructuración.

Cuestionar la norma

El  South African Museum (SAM), que se convirtió en escenario de la confluencia de colecciones y exposiciones de ciencias naturales y etnografía, se convirtió en un lugar importante para cuestionar lo etnográfico. En especial en la representación de la población indígena como una “tribu” en su Galería de Arte Africano. El Diorama Bosquimano presentado constituyó el núcleo de la crítica y la discusión. Muestra una escena inventada de la cultura bosquimana, basada en una obra de arte colonial de Samuel Daniell, que se exhibe desde los años de 1960. Esta representación gráfica había tomado impresiones de los cuerpos de campesinos y pastores de la provincia de Cabo del Norte, como parte de un proyecto sobre la “ciencia de las razas” de principios del siglo XX, que pretendía documentar las características físicas de una supuesta “raza en vías de desaparición”.
 
Según las recomendaciones del informe del ACTAG, en el norte y el sur del país se crearon museos nacionales globales que habían de fungir como instituciones “insignia”. La insignia del sur la constituyen los Iziko Museums of South Africa (iziko significa “hoguera” en las lenguas nguni), en Ciudad del Cabo. Entre otras, abarca las colecciones de las siguientes galerías y museos, que hasta ahora habían trabajado de manera individual: la SANG, el SAM y el South African Cultural History Museum (SACHM). Durante el apartheid, el SACHM se convirtió en el escenario para la representación de una narrativa europea sobre la historia de la cultura en Ciudad del Cabo. El museo estaba ubicado en uno de los edificios más antiguos de la ciudad, que antes había sido sede del Tribunal Superior de Justicia; mucho antes, fue también alojamiento de esclavos de la Compañía Neerlandesa de las Indias Orientales (VOC). En 1998 el SACHM pasó a manos de los Museos Iziko y, en una de sus más importantes acciones, fue rebautizado como Cabaña de los esclavos (Slave Lodge).

Un certificado de esclavitud exhibido en el Slave Lodge Museum en Ciudad del Cabo, que forma parte de los Museos Iziko en Sudáfrica, 12 de julio de 2019 Un certificado de esclavitud exhibido en el Slave Lodge Museum en Ciudad del Cabo, que forma parte de los Museos Iziko en Sudáfrica, 12 de julio de 2019 | Foto (detalle): © picture alliance/REUTERS

Fuera de este tranquilizante “marco” nacional de los héroes y las biografías, algunos museos de historia locales, como el District Six Museum en Ciudad del Cabo, trataron de presentar importantes reinterpretaciones de la sociedad sudafricana y de su historia, concentrándose en el pasado del Sexto Distrito en las distintas fases del reasentamiento y de la evacuación forzosa. Frente al telón de fondo de los primeros reasentamientos forzosos de personas africanas –quienes fueron evacuadas del Sexto Distrito y otros lugares a la Granja Uitvlugt–, de la vida en el Sexto Distrito y de los reasentamientos durante las décadas de 1970 y 1980, así como del proceso de la devolución de tierras, resulta muy impresionante la presentación sobre la artificialidad de la raza. Sin embargo, la importancia central del trabajo del District Six Museum radica, desde un punto de vista metodológico, en ser un museo de las inscripciones, de la participación y de la proclamación, al tiempo que es también un museo del restablecimiento de la dignidad a través del poder de la representación. En el curso de la continuación del trabajo de restitución y de la devolución de tierras al Sexto Distrito, el trabajo que hizo el museo sobre la inscripción se amplió a la inscripción de todo el país. Es justamente esta metodología participativa la que promete una profunda democratización del sector museístico en Sudáfrica.
 
Un artículo de Ciraj Rassool en cooperación con el Goethe-Institut, publicado en Politik & Kultur (09/2019).