Trabajo museal participativo El Museo del Sexto Distrito

El Museo del Sexto Distrito en Ciudad del Cabo, en el que se documenta la historia de este distrito. El museo se aloja en una antigua iglesia metodista, que a partir de 1980 fue punto de encuentro de los opositores del apartheid.
El Museo del Sexto Distrito en Ciudad del Cabo, en el que se documenta la historia de este distrito. El museo se aloja en una antigua iglesia metodista, que a partir de 1980 fue punto de encuentro de los opositores del apartheid. | Foto (detalle): Andreas Gebert © dpa-Report

¿Cómo pueden cooperar los museos con las comunidades locales para redefinir y rediseñar su papel en ellas? Mandy Sanger, directora de educación en el Museo del Sexto Distrito (District Six Museum) en Ciudad del Cabo, aboga por un enfoque participativo y pedagógico.

De Mandy Sanger

La relación entre un museo y las comunidades locales es compleja, y no puede sostenerse de manera significativa tan sólo mediante el enfoque tradicional de difusión, que enfatiza la mercadotecnia y las relaciones públicas pero que, al mismo tiempo, lamentablemente instrumenta la relación y la diseña para un grupo poblacional definido de manera fría y, con frecuencia, de manera muy general. Por eso, es casi inevitable que las y los expertos en museos suelan considerar a las comunidades locales como una estructura a la que recurren sólo cuando les parece adecuado: una relación muy unilateral y simplista, cimentada por una cultura de la evaluación que le da prioridad al mercado. Por otro lado, los museos comunitarios con frecuencia revisten un valor y un estatus menores para los Ministerios de Cultura y de Legado Cultural, así como para las y los empleados de museos más grandes, que los consideran relevantes sólo en la medida en que puedan fungir como centros de difusión para proyectos nacionales con objetivos mayores. Desde esta perspectiva, el Sexto Distrito representa las reubicaciones forzadas perpetradas durante el apartheid, de la misma manera que Soweto representa el levantamiento estudiantil de 1976: como una narrativa simplificada y consumida de manera acrítica, diseñada para la mirada de las y los turistas y que con frecuencia ha tenido como consecuencia que los múltiples desarrollos del pasado reciente desaparezcan del discurso público.

La comunidad y el museo como socios activos

El Museo del Sexto Distrito es valorado por ser un museo comunitario, pero el equipo de trabajo siempre ha vivido en tensión creativa con este concepto. Científicos y científicas, periodistas y cineastas que buscan contenido para sus proyectos recurren siempre a nuestro museo, con la esperanza de encontrar historias “auténticas” de personas que fueron expulsadas del Sexto Distrito. Además, las y los antiguos habitantes del distrito demandan de manera regular el acceso a los espacios del Museo e insisten en ser copropietarios de la narrativa al reclamar para sí mismos el encuentro con visitantes locales, nacionales e internacionales. Desde que se constituyó la Fundación para el Museo del Sexto Distrito y la subsecuente organización de la exposición temporal Streets: Retracing District (Calles: volver a trazar el Distrito), en 1994, en una iglesia metodista subutilizada (que ahora aloja nuestra exposición “permanente” Digging Deeper, Excavar más profundo), el Museo se ha convertido en lugar de mediación en temas polémicos, por ejemplo: ¿quién tiene el derecho a contar la historia del Sexto Distrito? ¿Qué es lo que constituye esta historia? ¿Dónde, cómo y para quién ha de manifestarse el contar y recontar de esta historia? La participación de la comunidad en el Museo tuvo su origen en un movimiento masivo local anti apartheid, que surgió para apoyar la campaña Hands-off-District-Six (Manos fuera del Sexto Distrito), que protestaba en contra de que se convirtiera al distrito en una zona exclusiva para blancos en una ciudad que padecía la segregación racial.

 
  • El Museo del Sexto Distrito en Ciudad del Cabo, 2011 Foto: Ralf Hirschberger © dpa
    El Museo del Sexto Distrito en Ciudad del Cabo, 2011
  • Viejos letreros de calles en el Museo del Sexto Distrito en Ciudad del Cabo. El Sexto Distrito, que en sus orígenes fue multicultural, en 1966 fue declarado como un asentamiento exclusivamente para blancos y la población local fue expulsada de manera violenta. Foto: Krista Kennell ©Krista Kennell/ZUMA Press/MAXPPP
    Viejos letreros de calles en el Museo del Sexto Distrito en Ciudad del Cabo. El Sexto Distrito, que en sus orígenes fue multicultural, en 1966 fue declarado como un asentamiento exclusivamente para blancos y la población local fue expulsada de manera violenta.
  • Una manifestación pacífica en el Sexto Distrito, Ciudad del Cabo, en el año de 2005. El museo comunitario ha contribuido de manera esencial a conservar el espíritu de la región, de la que fueron expulsadas más de 60 mil personas entre 1966 y 1982. Foto: Nic Bothma © epa-Bildfunk
    Una manifestación pacífica en el Sexto Distrito, Ciudad del Cabo, en el año de 2005. El museo comunitario ha contribuido de manera esencial a conservar el espíritu de la región, de la que fueron expulsadas más de 60 mil personas entre 1966 y 1982.
  • Segregación racial en el Museo del Sexto Distrito en Ciudad del Cabo durante el apartheid. Foto: Krista Kennell ©Krista Kennell/ZUMA Press/MAXPPP
    Segregación racial en el Museo del Sexto Distrito en Ciudad del Cabo durante el apartheid.
  • Durante el apartheid en Sudáfrica, incluso los lugares de estacionamiento se distribuían con base en la segregación racial. Foto: Heiner Heine © picture alliance/imageBROKER
    Durante el apartheid en Sudáfrica, incluso los lugares de estacionamiento se distribuían con base en la segregación racial.
  • Una playa reservada exclusivamente para blancos en Ciudad del Cabo, foto tomada el 19 de agosto de 1989 Foto: AFP © dpa-Bildarchiv
    Una playa reservada exclusivamente para blancos en Ciudad del Cabo, foto tomada el 19 de agosto de 1989
  • Cabañas pobres en el Khayelitsha Township, uno de los muchos asentamientos para negros en Sudáfrica. Incluso tras el final oficial del apartheid en el año de 1990, la mayor parte de la población negra de Sudáfrica sigue viviendo en townships. Foto: Karlheinz Schindler © dpa-Report
    Cabañas pobres en el Khayelitsha Township, uno de los muchos asentamientos para negros en Sudáfrica. Incluso tras el final oficial del apartheid en el año de 1990, la mayor parte de la población negra de Sudáfrica sigue viviendo en townships.
El Museo está arraigado en una noción política de la comunidad como un grupo de gente que lucha de manera conjunta a favor de una Sudáfrica no racista, no sexista y democrática en organizaciones cívicas, juveniles, religiosas, deportivas y culturales locales. Miembros de la comunidad expulsada del Sexto Distrito que se aliaron con la ideología racista del apartheid no participaron en las actividades del recién fundado Museo, o bien fueron excluidos de manera consciente debido a sus actos como colaboradores del gobierno del apartheid. Otros decidieron seguir con su vida y no mostraron interés alguno en el museo, por razones que no a todos les resultaron claras.

 

El compromiso del Museo del Sexto Distrito con la comunidad no es un acontecimiento ni tampoco un programa adicional, sino una relación que se sigue desarrollando de manera continua: a veces de manera controvertida, pero también siempre productiva.

 

Nueva era, nuevos desafíos

Hoy, 25 años después, las disputas por la identidad de la comunidad del Sexto Distrito se han tornado más públicas, porque se ha vuelto más visible cuánto está en juego en el caso de las restituciones particulares. Además, la cooperación y la participación suelen sacrificarse en el forcejeo en aras de las pocas oportunidades que ofrecen las producciones fílmicas, publicaciones, exposiciones, arte expresivo, eventos turísticos y otras actividades empresariales, promovidas por influyentes fuerzas en la configuración de una nueva Sudáfrica. En los últimos años se ha mostrado cuán tóxica puede ser la lucha por la tierra y la dignidad cuando la historia, el legado cultural y la memoria personal son los criterios principales de una forma exclusiva de restitución. En un tiempo en el que la atención se debería alejar de las identidades racificadas, que se siguen conservando por una planeación urbana anclada en la segregación, el pensar en términos raciales es un as en la manga para los líderes políticos y comunitarios, para avanzar en comunidades definidas por el apartheid. En una ciudad que sigue estando marcada por una profunda inequidad motivada por el racismo, en la que los movimientos sociales están mal organizados, el anhelo de las comunidades expulsadas por regresar a su hogar rápidamente degenera en formas de expresión racistas, tribalistas, xenófobas y de una masculinidad agresiva entre los grupos oprimidos en la competencia por los recursos, urgentemente necesarios.

El museo indica el camino

Como una contra-narrativa está el movimiento solidario anti-apartheid, que constituye una base para el continuo desarrollo de una comunidad del Museo del Sexto Distrito, para la cual la historia, el legado cultural y la memoria deben ser herramientas para imaginar un futuro más igualitario. El Museo sostiene estrechas relaciones laborales con movimientos por la justicia social, como We Reclaim the City (Nosotros reclamamos la ciudad) y la District Six Civic Association (Asociación Cívica del Sexto Distrito), para hacerles frente a miedos y temores reales, provocados por las anteriores expulsiones impulsadas por el apartheid y las nuevas expulsiones causadas por la gentrificación. Al comprometerse con personas con diferentes experiencias de vida, el museo moviliza a las comunidades para confrontar formas post-apartheid de prejuicios, discriminación y opresión sistemática.

Una cooperación simbiótica

La integración de la comunidad es un catalizador esencial para el crecimiento del Museo. El equipo del Museo crea, inventa y concibe de nuevo incansablemente nuevos espacios y superficies que los miembros de la comunidad puedan llenar de vida. El compromiso del Museo del Sexto Distrito con la comunidad no es un acontecimiento ni tampoco un programa adicional, sino una relación que se sigue desarrollando de manera continua: a veces de manera controvertida, pero también siempre productiva. Miembros individuales o grupos de la comunidad están invitados a participar en un amplio espectro de actividades, por ejemplo, contarles sus historias a los jóvenes, participar en proyectos de historia oral para revelar fragmentos ocultos de recuerdos, así como para rememorar y marcar lugares en un panorama muy peleado, para poder ofrecer una interpretación de los símbolos, imágenes y políticas asociadas con el Sexto Distrito. Esta relación recíproca, por lo general, le da forma a la praxis de las colecciones, la investigación, la curaduría y la educación del Museo y se plasma en muchas de sus exposiciones y programas públicos.
 
Entrevista con Mandy Sanger en el marco de las “Conversaciones sobre museos”, 2019 en Namibia: