Pasajes

Al comienzo de un viaje digital

La agenda de Alexander von Humboldt, un ejemplo temprano de un complejo sistema social y red de información.

“El verdadero amo de cada uno de nosotros es aquel que tiene el poder de darnos o no, quitarnos o no, lo que deseamos o no. Todo hombre, entonces, que quiere ser libre no desea y no rechaza nada que dependa de otros.”

Alexander von Humboldt conocía bien estas líneas del Enquiridión, obra del filósofo estoico griego Epicteto. El famoso naturalista y explorador del continente americano llevaba siempre consigo ese manual con consejos para una vida feliz mientras caminaba presto por el Berlín prusiano de cita en cita. La pequeña obrita fue obsequio del físico y astrónomo francés François Arago, quien se la regaló en 1847, durante el último viaje a París de su amigo alemán.

En los años cuarenta y cincuenta del siglo XIX, su última etapa creativa, Humboldt solía tener a mano, además del vademécum de Epicteto, su libreta de direcciones. Se trata tal vez del testimonio más revelador de la vida cotidiana de Humboldt; vida marcada por el trabajo infatigable de mantener correspondencia con los más destacados, del esfuerzo ingente por permanecer siempre actualizado y en continuo movimiento. La agenda posee formato dieciseisavo y en las 204 páginas, prácticamente cubiertas por la ágil caligrafía de Humboldt, encontramos, por orden alfabético, los nombres de casi 900 personas con las que se comunicaba. Constituye un compendio de la vida intelectual, artística y política de su época, es un punto nodal en la red del saber de Alexander von Humboldt.

La noticia de la agenda ocupó los titulares de la prensa alemana en 2012, pues desde ese momento pasó a manos públicas. No es extraño que el público tuviera que esperar tanto para acceder a tan valioso objeto. Como muchos otros documentos del legado de Humboldt, la libreta, adquirida en 2012 junto con el Enquiridión por la Staatsbibliothek zu Berlin (Biblioteca Estatal de Berlín), arrastra una historia muy agitada. Tras la muerte de Humboldt cayó en manos de Johannes Seifert, su ayuda de cámara; en 1929 fue vendida, junto con otros objetos valiosos de su legado, al coleccionista berlinés Arthur Runge. Si bien Runge, durante la Segunda Guerra Mundial, depositó su colección en una caja fuerte de un banco de Fráncfort, no se pudo evitar su casi completa destrucción tras la entrada del Ejército Rojo. Por suerte para los investigadores, Runge había guardado personalmente algunos objetos, entre los que figuraban, además del nombrado vademécum, la agenda.

Los trabajos para ir descifrándola ya están en marcha: la Biblioteca Estatal coopera con el Centro de Investigación de Alexander von Humboldt de la Academia de las Ciencias de Berlín-Brandeburgo desde 2012, y se espera que la transcripción de la agenda quede concluida antes de finales de año. Sin embargo, ¿cómo debería ponerse un texto así a disposición del gran público? No tendría mucho sentido simplemente imprimirlo o colgarlo en Internet, ya que, en cuanto objeto de la historia de la ciencia y la cultura, una libreta de direcciones va mucho más allá del texto contenido en ella: es expresión de la forma de vida y el modo de trabajo de una personalidad famosa berlinesa del siglo XIX y, a la vez, un soporte de datos altamente dinámico con informaciones superpuestas e increíblemente heterogéneas. Puede considerarse un golpe de suerte para la historia científica que hayamos obtenido un documento tan valioso a principios del siglo XXI. Nunca antes la ciencia y la sociedad han estado tan sensibilizadas ante cuestiones de organización y facilitación de redes de información complejas y sistemas sociales como en tiempos de Google, Wikipedia y Facebook. Nunca antes han sido tan inmensas nuestras posibilidades técnicas e intelectuales para manejar esas relaciones con adecuación histórica. En este contexto, la agenda de Alexander von Humboldt se presta especialmente a ser estudiada por las “humanidades digitales”, ya que éstas, en cuanto versión desarrollada de las ciencias de la cultura, también centradas tanto en objetos como en textos, y organizadas de manera transdisciplinar, parecen posibilitar un acceso especial a un objeto tan complejo y tan impregnado de pensamientos procedentes de la red social. Se trata de un proyecto muy ambicioso: como la agenda es una especie de centro neurálgico y sirve para el descubrimiento visual de la red de contactos de Humboldt, durante la transcripción, está previsto también ir catalogando y digitalizando paso a paso toda la correspondencia de Humboldt. A su vez, gracias a la catalogación de todas las cartas que las personas que mantenían correspondencia con Humboldt escribieron o recibieron de otras personas, se podría, y éste es el ambicioso objetivo del proyecto, ir desvelando de forma virtual una vasta red intelectual de la primera mitad del siglo XIX que, partiendo de Alexander von Humboldt, traspasaba con creces los lindes de Berlín, Prusia y Europa produciendo y reflexionando sobre un conocimiento del mundo en sus conexiones globales.

En este viaje tan prometedor hacia una nueva práctica científica de enfoque transdisciplinar y genuinamente digital, la obra de Alexander von Humboldt parece ser un objeto de estudio ideal y marca el futuro de un campo científico actualmente en desarrollo.
Tobias Kraft
(1978, Colonia) estudió en Bonn y Potsdam y desde 2008 es colaborador científico en el Instituto de Romanística de Universidad de Potsdam. Como director del proyecto www.avhumboldt.de, desarrolló “Humboldt Digital” en 2009. En la actualidad prepara un proyecto de investigación sobre el futuro del libro digital.

Traducción del alemán: Carmen García del Carrizo
Copyright: Goethe-Institut e. V., Humboldt Redaktion
Junio 2013
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