Investigación y tecnología

El progreso debajo de la carrocería

Alemania es un país automovilístico. Alrededor de 45 millones de coches circulan por las calles alemanas. Y cada vez son más. Si las cosas siguen tal cual habrá cambios inevitables. Porque dentro de 40 años, aproximadamente, se agotarán las reservas de petróleo. Al menos así lo indican los cálculos de los expertos. La constatación de este hecho significa, tanto para la industria automotriz alemana como para la del mundo entero, que deberán desarrollarse nuevos vehículos que funcionen con otros tipos de carburante. Los investigadores tienen puestas sus esperanzas en el hidrógeno. Pero lo que no se sabe aún es cuándo se empezarán a fabricar en serie nuevos coches que no funcionen a base de energías fósiles.

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Realización: Ralf Gierkes
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Importancia económica del automóvil

Sin automóviles la economía alemana sufriría un colapso. Aquí trabajan casi 800.000 personas en la industria automotriz. Según un estudio de la filial alemana de la Shell, Alemania contará en el año 2030 tan sólo con 68 millones de habitantes, lo que viene a significar 14 millones menos que hoy. En cambio el número de coches seguirá aumentando. En vez de 45 millones de vehículos rodarán entonces 53 millones de automóviles por las calles del país. Se calcula que para el año 2020 habrá en el mundo un monto total de mil millones de coches. Los autos producen emisiones de dióxido de carbono, CO2. Los expertos ambientales temen que se agudice así el recalentamiento de la tierra. Sin el automóvil no sólo la economía alemana terminaría en la bancarrota. Lo que es válido para Alemania lo es también para el mundo entero. Las sociedades modernas están basadas en la movilidad de sus ciudadanos, cuyo medio de transporte más importante es el automóvil. Pero desde ya es previsible el fin de la era de los combustibles fósiles.

Reservas energéticas y consumo

Según cálculos de los grandes consorcios petrolíferos, las reservas de petróleo hoy existentes suman un total de un billón doscientos mil millones de barriles. A nivel mundial se consumen anualmente 27 mil millones de barriles de petróleo, con una leve tendencia al alza. Esto significa que dentro de algo más de 40 años no habrá más petróleo. Sólo en Alemania se consumen actualmente 30 millones de toneladas de carburante al año. El motor normal de combustión tiene un grado de efectividad de entre 18 hasta un máximo de 28 por ciento. Esto quiere decir que este tipo de motor logra transformar en energía sólo una parte mínima de este preciado material energético fósil. El resto se pierde, por ejemplo, en el desgaste por fricción o en una combustión que no aprovecha el combustible de manera óptima.

Energía regenerativa

Los expertos apuestan por las energías regenerativas también en materia de propulsión de automóviles. Ejemplo de ello es el etanol biológico. Este se produce de manera similar al alcohol, por destilación. Brasil es el mayor productor y consumidor mundial de etanol. El etanol cubre allí alrededor del 25 por ciento de la demanda energética total y su producción fluctúa entre los 12 y los 14 millones de metros cúbicos al año. Los EE. UU. son, después de Brasil, el segundo mayor consumidor mundial de etanol como combustible. Allí se producen en la actualidad más de diez millones de metros cúbicos de etanol al año, extraídos principalmente del maíz. En todo caso, la producción bioenergética también provoca reacciones contrarias por parte de algunos ecologistas. Estos no dejan de prevenir contra las fatales consecuencias que tendría el monocultivo a gran escala, que no sólo traería consigo el uso masivo de insecticidas sino que además implicaría un alto consumo energético para su cultivo.

Tecnología híbrida

Existen también otros intentos por reducir el consumo de combustibles fósiles: para ahorrar carburante se utiliza conjuntamente en coches híbridos el rendimiento tanto de un propulsor eléctrico como de un motor a bencina. Un coche provisto de estos dos motores gasta un 25 por ciento menos de gasolina. La tecnología híbrida está considerada por muchos científicos como una tecnología de transición. Sin embargo hay quienes ven en ella más bien una tecnología para el futuro. En todo caso, mediante el coche híbrido se pueden hacer pruebas tendientes a mejorar el rendimiento de los propulsores eléctricos, de las baterías y de las técnicas reguladoras. Todos estos componentes tendrán también una importancia decisiva a la hora de hacer realidad el coche del futuro a base de hidrógeno.

Esperanza en el hidrógeno

En la tierra existe una cantidad casi infinita de hidrógeno. Su combustión apenas deja residuos. Esta cualidad lo convierte en un combustible ideal para el futuro. El hidrógeno puede ser utilizado en motores de combustión previamente transformados. Pero, junto a esta tecnología, los fabricantes apuestan además por la célula de combustión unida al propulsor eléctrico. La mayoría de estas células de combustión funcionan a base de hidrógeno. Este es transformado aquí en corriente eléctrica. Diversos fabricantes alemanes están sometiendo actualmente los vehículos a base de hidrógeno a todo tipo de pruebas a tiempo completo. Tanto en Múnich como en Berlín existen ya estaciones distribuidoras de hidrógeno. Pero, lamentablemente, el hidrógeno nunca se da en la naturaleza en estado puro. El proceso para extraerlo del agua requiere de un alto gasto de energía. Por este motivo, el hidrógeno no puede ser considerado como un combustible de tipo ecológico. Es significativamente más fácil extraer hidrógeno del gas natural. Pero también éste es un carburante fósil que habrá de agotarse alguna vez. Además cabe señalar que para poder mantener el hidrógeno en depósito o para transportarlo, es necesario enfriarlo a una temperatura de -235° C. También esto implica un alto gasto de energía. Recién cuando pueda lograrse que esta energía sea suministrada por fuentes regenerativas – como el sol, el viento, el agua o el gas biológico – entonces se podrá producir hidrógeno preservando el medio ambiente de manera efectiva. Su amplia utilización como combustible para motores de auto ayudaría a reducir considerablemente las emisiones de dióxido de carbono que contaminan la atmósfera. Sería un paso importante para poder detener el creciente recalentamiento de la tierra.
Goethe-Institut e. V. 2006
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