Investigación y tecnología

Trabajar en espacios invisibles – Alta tecnología en la ex región del carbón

La Cuenca del Ruhr, región fundamental del Estado federado Norte del Rin-Westfalia, ha estado marcada varias centurias por el carbón y el acero. Surgió así una singular cultura de trabajo y quehacer cotidiano que hoy está desapareciendo inconteniblemente por el cambio estructural de la región.

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El futuro tiene otro nombre en la Cuenca del Ruhr: Investigación de avanzada y producción de la alta tecnología relacionada con los campos micro y nano, telecomunicación y técnica informática. Esto es lo que conlleva el cambio estructural, un proceso que en la Cuenca del Ruhr avanza a una velocidad superior a en casi todo el territorio alemán.

¿Qué efectos tiene este fenómeno en la cultura de trabajo y del quehacer cotidiano? Dialogamos con un antiguo minero que hoy trabaja de microtécnico y también con científicos cuya labor de investigación y desarrollo impulsa el cambio y abre nuevas perspectivas a la región.

La explotación de ricos yacimientos de carbón en el siglo XIX fue la base del crecimiento de la región del Ruhr, la región industrial ubicada en el corazón de Renania del Norte-Westfalia y poblada por más de cinco millones de habitantes.

La gente se establecía donde había carbón. En pleno campo, la industria creó las infraestructuras necesarias al margen de las antiguas estructuras de las aldeas existentes. La más densa red de ferrovías de Europa cubrió pronto la región. El célebre auge de la industria del carbón y el acero alimentó una inmensa demanda de mano de obra y ésta atrajo sobre todo a ciudadanos del Este de Europa. El explosivo crecimiento demográfico provocó a su vez una dramática escasez de espacio habitacional. Las catastróficas condiciones higiénicas y el exceso de habitantes por vivienda causaron graves epidemias. Pero, los patronos industriales necesitaban una mano de obra sana. Tuvieron que reaccionar rápidamente. Construyeron entonces centenares de urbanizaciones para mineros al pie de los castilletes de extracción, los altos hornos y las chimeneas. En el curso de pocos años surgió así uno de los complejos de industria pesada más importantes del mundo en un área rural poco poblada.

Muchas escombreras de antaño son hoy zonas verdes, las instalaciones industriales han desaparecido detrás de paredes de insonorización. Otros espacios han cedido el lugar a museos o parques tecnológicos. Porque después de la Segunda Guerra Mundial, a finales de los años 50, en pleno milagro económico, se produjo la primera crisis del carbón y con ella comenzó el ocaso imparable de la región. La competencia mundial afectó sensiblemente a la industria siderúrgica alemana, uno de los mayores consumidores de coque. El carbón mineral perdió el monopolio en la generación de energía.

La Cuenca del Ruhr ha seguido desarrollando las tradicionales fuentes generadoras de energía. Hoy día marcha a la cabeza en la investigación, producción y aplicación de nuevas fuentes energéticas renovables. El amenazante calentamiento del clima y la escasez de yacimientos fósiles a la par del crecimiento mundial de la demanda de energía hacen de esta estrategia un imperativo global, que día a día toma visos de una historia de éxito para la región. Así lo demuestra el creciente número de plazas de trabajo que generan las energías del futuro.

El sector fotovoltaico es sobre todo una alta tecnología con elevado potencial de innovación y crecimiento. Después de Japón y EE.UU., Alemania es hoy uno de los líderes en producción y conocimientos específicos. El ramo fotovoltaico cuenta con un vertiginoso crecimiento. Los pronósticos indican que este año el mercado crecerá en un 50 por ciento y que por tanto se crearán otras 15.000 plazas de trabajo para personal altamente calificado hasta el 2006. ‘La energía solar podrá cubrir el 2.050 un 30 por ciento del consumo mundial de energía’, estima Joachim Luther, director del Instituto Fraunhofer para Sistemas de Energía Solar.

Paralelamente, la nanotecnología es considerada la tecnología del futuro por excelencia. En lugar de decir ‘Siempre más arriba, siempre más lejos’, el lema es aquí ‘Siempre más pequeño y más veloz’. La nanotecnología se dedica a investigar y construir en estructuras diminutas: un nanómetro equivale a la mil millonésima parte de un metro. Nano [enano en griego] comprende ámbitos de investigación de la naturaleza orgánica e inorgánica. Es utilizada en las técnicas energéticas – pilas de combustión, células solares, protección del medio ambiente, materiales de circulación y eliminación de desechos -, así como en informática – memorias y procesadores nuevos – y en salud pública. Norte del Rin-Westfalia formó hace muchos años una red de investigación interdisciplinaria y cimentó con ello su liderazgo en las nanociencias. El ministerio de Ciencias ha invertido más de nueve millones de euros en promover la nanotecnología en los pasados cinco años.
Goethe-Institut e. V. 2005
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