Panorama

Novias de Jesucristo

El film ofrece una semblanza del fraile Robert [21 años], novicio en la orden de Santo Domingo, y de sor Gisela Johanna [35 años], hermana dominica. Los hemos acompañado un día entero en sus respectivos conventos y les hemos preguntado por los motivos que les llevaron a escoger, en los albores del tercer milenio, el antiguo camino del sacerdocio en pobreza, celibato y obediencia. Una jornada nada común en un país secularizado como la República Federal de Alemania.

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Hasta comienzos del siglo XX era algo natural que uno de los hijos de una familia católica se decidiera por el sacerdocio. Pero, a más tardar, a mediados del siglo XX, cambio la situación. La sociedad alemana de este y el oste se secularizó y, además, pluralizó su escala de valores.

El número de miembros de las órdenes cristianas masculinas en Alemania se redujo a la mitad en los últimos treinta años y hoy se cifra en 4.500. En las órdenes femeninas, pocos miembros jóvenes sostienen una invertida pirámide de edades. Todavía hay, por cierto, escasas 29.000 monjas, pero el 71 por ciento de ellas es mayor de 65 años.

Sin embargo, aún hay mujeres y hombres jóvenes que solicitan su ingreso en una orden confesional. En los noviciados se les forma y prueba durante uno o dos años. Y ellos mismos verifican si son capaces o no de vivir en pobreza, castidad y obediencia. Posteriormente y antes de comprometerse de por vida con la orden suelen hacer votos temporales por un par de años. En 2002, 120 mujeres y 70 hombres iniciaron el noviciado, el período de prueba, en Alemania.

Unas tendencias resultan interesantes: las órdenes femeninas activas, fundadas sobre todo en el siglo 19 para asistir a enfermos y gestionar colegios, residencias infantiles y kindergarten, apenas atraen a la población femenina alemana. La situación es distinta en los rigurosos conventos contemplativos, pues éstos tienen todavía postulantes. Las monjas viven aquí prácticamente aisladas del entorno, en paz y silencio, consagradas a la oración y los trabajos domésticos.

La tendencia común a las órdenes femeninas y masculinas, registrada en los últimos años, es que tanto las mujeres como los hombres no quieren ingresar en el monasterio directamente después de terminar el colegio, sino que prefieren realizar primero estudios superiores o una formación profesional.

La Orden Dominica, o sea la orden del hermano predicador [ordo fratrum praedicatorum] se remite al teólogo, sacerdote y predicador Santo Domingo [1170-1221]. Santo Domingo se propuso recuperar con sus prédicas a los cristianos reformadores y herejes que habían abandonado la Iglesia Católica. Con unas monjas reconvertidas creó su primer convento contemplativo y poco después, una orden masculina.

Más de 6.000 monjes viven hoy en la Orden de Santo Domingo en más de 100 países del mundo entero. Unas 4.000 monjas [moniales] habitan sus conventos contemplativos. Otras 30.000 hermanas viven en las congregaciones femeninas activas, muchas de las cuales fueron creadas en el siglo XIX.

La Orden de Predicadores ha podido hacer frente hasta ahora a los desafíos de la época gracias a tres aspectos que distinguen la vida en la orden:

los monasterios quedan casi siempre en el centro de la ciudad. Sus miembros se ven confrontados así con las corrientes e ideologías de su tiempo, así como con los intereses de la población circundante, fuera de los muros monacales.

Los dominicos poseen un espíritu democrático que les permite revisar continuamente sus reglas internas y mantenerse a la altura de la época. El superior no se elige de por vida. El maestre de la orden elegido en Roma vela por la operatividad y flexibilidad de la comunidad religiosa. La prédica es para los dominicos la misión principal y aprovechan para ello todos los medios: desde el púlpito y los periódicos hasta las artes plásticas y los nuevos medios comunicativos. Dan preferencia al trabajo académico-intelectual.
Goethe-Institut e. V. 2004
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