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Aumenta el número de jóvenes adultos que siguen viviendo en casa de sus padres. Las razones son muy diversas: comodidad, lapsos más largos de formación profesional, escasez de dinero y educación liberal. Los científicos hablan aquí del fenómeno de "nidícolas". En nuestro reportaje visitamos dos familias, cuyos hijos viven aún con los padres.

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En Alemania, dos tercios de los jóvenes de 21 a 27 años viven hoy todavía con sus padres; una tendencia que se ha acentuado sensiblemente en los últimos años en la parte occidental del país. Son los varones los que prefieren vivir bajo el mismo techo con sus padres hasta los 26 años como término medio.

La tendencia a independizarse es más marcada entre las hijas. Pero, también ellas permanecen en la casa materna o paterna más tiempo que antes. Abandonan la casa a los 22 años en promedio.

Los últimos estudios indican que los jóvenes adultos de 18 a 29 años continúan percibiendo una ayuda financiera regular de su padres. El período de posadolescencia – motivado ante todo por el alargamiento del lapso de formación profesional – es el paso que media entre la adolescencia y la madurez.

En los años 60 y 70 era normal abandonar la casa materna lo más pronto posible. En la época de la profunda transformación social y la rebelión estudiantil de 1968 se cuestionó y acabó con la existencia de los rígidos papeles desempeñados por los autoritarios padres, por un lado, y los obedientes niños, por otro. Muchos jóvenes salieron de la casa de sus padres para irse a vivir en su propio apartamento o en viviendas compartidas o comunitarias.

Al socaire del llamado "conflicto generacional" se instaló la educación liberal en los hogares alemanes. La educación se convirtió en relación. Los padres y los hijos se unieron como amigos. Disminuyeron los conflictos, que antes enfrentaban a las generaciones y aceleraban la independencia casera de los hijos. Las relaciones padres-hijos se basan hoy generalmente por amistad y proximidad emocional. Los padres se ven ante el reto de tener que justificar las obligaciones y prohibiciones. El diálogo y el debate son los ejes de la vida cotidiana en la familia.

Los científicos ven aquí el origen del síndrome "nidícola". Los hijos huyen cada vez menos de la educación autoritaria y siguen viviendo en casa de los padres. Un estudio de largo alcance ha evidenciado dónde residen las desventajas de estos estrechos lazos entre padres e hijos. A los llamados "nidícolas" les cuesta independizarse. Los hijos que viven cómodamente con los progenitores no tienen que hacer frente a las exigencias de la vida real: ganar dinero para mantenerse, alimentar a la propia familia y poder administrar económicamente y presidir un hogar.

Los "nidícolas" – afirman los científicos – pertenecen sobre todo a los estratos sociales con mayor educación. Las razones son varias: los padres adinerados pueden alojar a sus hijos en apartamentos separados de la casa o en buhardillas habilitadas; la formación profesional y las carreras académicas toman más tiempo que antes; hoy, en vista de la mala situación económica, no basta tener sólo un oficio o una profesión. Terminada la formación profesional se empieza a veces a estudiar en la universidad. Las malas perspectivas de trabajo suelen imponer una readaptación profesional teórica y práctica. Finalmente, los alquileres de viviendas son muy elevados.

Además, los jóvenes son hoy más exigentes. El buen tono exige tener un automóvil y un teléfono celular, viajar al extranjero y llevar ropa de marca. Los jóvenes adultos que viven con sus padres, a buen precio e incluso gratuitamente, pueden darse estos lujos.
Goethe-Institut e. V. 2003
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